Cristóbal Moya

Sed buenos y no más, sed lo que he sidoentre vosotros: alma. Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que ha vivido. ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! -Antonio Machado
El pasado seis de enero, a los 93 años, se nos ha ido el compañero y amigo José Luis García Rúa.

foto articulo Cristobal Moya

Hablar de José Luis es hablar también de una vida dedicada a la lucha, a la justicia social y a una forma de entender la vida como un estado de rebeldía existencial desde la coherencia siempre, el compromiso continuo y desde las máximas cotas de dignidad. Quizás por eso José Luis, que siempre leyó acertadamente el contexto en que se desarrollaba su vida, optó por el camino más difícil y complicado, pero también por el más hermoso y fraternal: el camino de la anarquía, entendido este como un constante construir con los otros y con las otras, eludiendo las trampas del individualismo y sumando solidaridad y voluntades, con las que empujar este mundo a mayores cotas de justicia y de libertad compartidas.

No es de extrañar, por ello, que la constante biográfica de José Luis lo llevara, desde muy pronto, a militar en la CNT-AIT, como el instrumento más acorde y válido de incidencia social y política (entendida esta en su sentido más amplio y etimológico, “politeia”, como bien sabía y nos enseñó el amigo José Luis), de cambio y de transformación. Y ese camino lo comenzó a andar bien pronto, afiliándose a CNT-AIT en 1969, pero mucho antes, allá en 1959, ya había creado la academia obrera y CRAS (Comunas Revolucionarias de Acción Socialista), aunque ya en ese tiempo cultivaba contactos con compañeros de la talla de Aquilino del Moral y el Cabricano de CNT-AIT de La Felguera, donde se celebraría el primer mitin de CNT-AIT tras la muerte del dictador y, posteriormente, el segundo en Gijón en agosto de 1976. La Felguera, Gijón, Asturias… No era casualidad.

En ese sentido, es curioso observar cómo José Luis, interpretó, con muchos/as otros/as compañeros/as, esa militancia desde una finura universal y universalizante, que siempre los/as caracterizaría: transcendiendo límites y fronteras. La batalla social, sindical, política, cultural no podía quedar subsumida en los límites estrechos -por reaccionarios- de lo local (CNT), sino que por fuerza había que poner en duda e ir más allá de las limitaciones, imaginarias muchas veces e impuestas casi siempre, fronterizas: de ahí AIT, teniendo siempre muy claro el respeto y el cariño hacia lo propio y lo particular, pero sumando siempre.

Pero el camino, visto con la distancia y la perspectiva que nos da el tiempo, el tiempo también de José Luis, no fue en absoluto fácil y muy pocas fueron las alegrías. Ni los aparatos de un estado postfranquista tecnodemocrático ni el clientelismo dócil -tan caro a la compra-venta y al pacto fácil- lo iban a permitir. Muy pronto, aquella CNT-AIT, que la guerra civil y la muy especial, feroz y sistemática represión genocida que contra ella había ejercido la dictadura franquista, habían dejado muy debilitada y otra vez en ciernes, aquella CNT-AIT, en la que se embarcaban José Luis y muchos/as otros/as compañeros/as, iba a sufrir durísimas embestidas por parte de un Estado que siempre vio a la CNT-AIT como el enemigo privilegiado a batir, golpes que fueron sistemáticos, finamente urdi
genialmente publicitados… Pero ni aún así, a pesar de los constantes debilitamientos, se consiguió doblegar ni la voluntad ni el rumbo militantes. Muy al contrario: casos homicidas, como el Scala de Barcelona, reforzaron convicciones y aunaron esfuerzos.

Como bien decía muchas veces José Luis: a la CNT (con su AIT) sólo se la puede romper desde dentro. De ese modo, con connivencias muchas veces explícitas y otras tantas explicitadas, CNT sufrió dos escisiones en otro intento de debilitarla, pero esta vez no tanto con el propósito de liquidarla, sino con el propósito -como ha quedado de manifiesto con el correr del tiempo- de intentar integrarla en los idílicos lodos de la paz de los cementerios, que por su repulsión y transparencia no merecen ni el menor de los comentarios. Sí merece la pena comentar el hecho de que esas cargas explosivas en la misma línea de flotación de CNT-AIT no lograron -esta vez tampoco- doblegar la voluntad militante, la coherencia y la dignidad de muchos/as militantes, entre ellos/as José Luis, en su intento de recuperar -y dignificar- unas siglas que, de alguna manera, también eran unas señas irrenunciables de identidad.

En este sentido, cobra, hoy por hoy, una especial relevancia volver a releer el artículo que José Luis escribiera allá por el 1986 y que tituló “La piratería sin dical y el imperio de la forma” (http://elpais.com/diario/1986/12/10/economia/534553202_850215.html), en donde demuestra la estrecha relación existente entre ciertas maquinarias del Estado y el aparato (paraestatal, evidentemente) escisionista.

Pero, como decíamos más arriba, aunque el camino que iban a encontrar José Luis y otros/as muchos/as por su adscripción anarcosindicalista iba a ser duro, agrio y de constantes sobresaltos, también hubo alegrías y CNT-AIT, con el trabajo constante de esos/as militantes, iba a conocer momentos interesantes de consolidación y de fluidez, de victorias sindicales y sociales muy significativas.

Entretanto, José Luis, a pesar de los duros, durísimos golpes, que le reservaba la vida, con una energía y vitalismo que extrañaba a propios y extraños, supo -como pocos/as y hay que reconocerlo abiertamente- seguir conjugando militancia y labor intelectual, viviendo su vida humilde de frente y de veras, aportándonos luces y caminos con los que seguir teniendo la convicción de que -¡como tú José Luis!- “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”.
Que la tierra te sea leve, amigo, compañero

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