Alicia Lario Valero

Miraba por la ranura de la cerradura y vio que nadie la miraba. Su secreto quedaba al resguardo de los mirones. ¿Cuánta intimidad hace falta para poder tirar hacia adelante los sueños? Cada uno de nosotros persigue los propios y son variados. ¡De todos los colores! Pensaba en todo esto mientras me daba cuenta de lo que pasaba. La mayoría de las mujeres sucumben al amor y, por él, dejan de mover montañas, de acercarse a sus instintos, de volver con ellas mismas. Las mujeres, esclavas de sus pasiones, se olvidan de sí mismas. Llenan vacíos con las necesidades, con las obligaciones de los más que le rodean. No hay ley en el mundo que favorezca los derechos de los más débiles. Y los más débiles de los débiles son las mujeres. La única propiedad privada del hombre humillado, en su trabajo, con los amigos y competidores, es la mujer. Por eso “no sin mí, ni sin nadie”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *