Pedro Ibarra
Es del todo comprensible el que para que unos Sindicatos tengan que existir social y decentemente deban de ser sus propios afiliados los que mantengan económicamente, aquello que ellos desean y quieren. Esta es pues una de las formas racionales y honestas que debería de vivir todo Sindicato que se precie como tal. Razonamiento este por lo visto caduco por estar exento de modernidad. Se olvidan algunos obreros de que lo decente y lo honesto no tienen tiempo, y que han sido, son y serán dos hermosas reglas para la convivencia humana imprescindibles. Lo contrario (y por lo tanto lo presente) es el aceptar ser materia mercantil que a través de ella se aporte dineros indignos con los cuales mantenerse los sindicatos. En el sentido de la honestidad es horroroso el verse a sí mismo como un vulgar montón de carne en el tablero de una carnicería, con la cual los que debían de ser tus compañeros de lucha sacan miserablemente unas asquerosas comisiones a los patrones por facilitar tu despido.

Pero desgraciadamente aún queda más, y es que con el fin de no se qué clase de defensa los compañeros sindicalistas te indican que deberías de pagar 12 meses de cotización por adelantado, y así podrás tener ayuda jurídica. Si se celebra el juicio y lo ganas, del importe de los dineros que te den de indemnización tendrás que dar el 7% al Sindicato. Todo este conjunto de solidarias “ayudas” hace que unos Sindicatos llamados “mayoritarios” puedan subsistir, junto con las partidas de los presupuestos generales del Estado y, finalmente, las muy pocas cotizaciones de unos obreros que en la primera ocasión se darán de baja. Sin embargo, ¿qué respuesta tiene esta barbaridad? Ninguna, todo se acepta y se bendice por la sencilla razón de que ya llevamos una eternidad enterrando a difuntas palabras y hermosos conceptos morales y éticos, enterrados en profundas fosas. Sólo nos resta el poner el prefijo “in” a toda palabra que tenga referencias humanas, éticas o morales rechazables.
Nuestros momentos presentes son momentos en los cuales el dinero tiene la peculiaridad de que al circular “no deja” ningún tipo de huella que delate su procedencia y origen, pues si lo hiciera ocasionaría tremebundas historias que sería imposible el plasmarlas en ningún escenario de la farándula del mundo. Adentrarse superficialmente en los orígenes y sus permanencias, el saber de cuales maneras se sostiene económicamente más de un colectivo social es, sin duda, igual que el saber la fórmula de la cuadratura de una circunferencia. Entidades tituladas como partidos políticos viven y perviven infringiendo leyes (que para mayor vergüenza fueron un día decretadas por los mismos partidos que ahora las burlan).
