Miguel Correas Aneas

Aquella tarde de octubre
cambió para siempre
la historia de la ciudad de Gaza.
Una abrumadora tormenta
de bombas destruían cientos de edificios
y asesinaban a miles y miles
de inocentes vidas humanas.
Los escuadrones de la muerte
se hicieron dueños, absolutos,
de calles y plazas solitarias.
La sinrazón genocida se apoderaba,
por la fuerza de las armas destructoras,

-como otras tantas veces
de las vidas de los sufridos habitantes
de la hermosa ciudad palestina.
Tormenta de cuerpos asesinados.
Tormenta de sueños rotos.
Tormenta de futuros inciertos.
Tormenta de infame genocidio..
Y llegó con nombre de poeta inglés,
la otra tormenta con exuberante carga
de frío y lluvias torrenciales.
Los cuerpos mueren de frío,
Las tiendas de campaña.

-viejas y desgastadas
por el paso de tiempo
sucumben ante la potente fuerza
del viento que llega, sin miramiento,
desde la lejana zona polar.
Todo es dolor, todo es llanto,
Todo es amargura, todo es rabia
e impotencia humana, ante tanta
desgracia de un pueblo inocente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *