Floreal Rodríguez de la Paz
¡Qué osadía! Nada tan disparatado como legar. Y para llegar hay que salir, hay que disfrutar la idea de encontrar lo que siempre falta para despejar los eventos huracanados, que son siempre las sombras que difuminan la visión de los caminos a seguir cabalgando. ¡El Futuro se nos va en ello! Y es que no resulta sencillo caminar sin consultar la brújula de nuestro interés por ese mañana que siempre espera ser encontrado. ¡Qué hermoso es saber dónde ir! ¡Llegar, sería la hostia! Pero en el deseo de llegar, estará siempre la Duda y los grandes Cambios. En el poder de lo sinuoso está esperando siempre el verdadero confort. Esa condición que merecemos los humanos, aunque el riesgo de los sentimientos difumine los propios valores1, ya que son merecedores de encontrar el decoro de bienestar para vivir liberados del monstruo, que siempre es toda condición, sometida a la tristeza. ¡Qué horror, la tristeza! Aunque para escapar de semejante condición, será siempre necesario ser modelo ignorante al servicio del incomprendido criterio de la Duda y de la falta de Ilusiones. La Ilusión es para quienes la entienden, todo un referente de extenso paraíso, que espera ser protegido por la humana forma de vivir, aunque en la batalla no se sepa salir ileso.
Y cuando no se llega a tiempo para que sea posible la Felicidad buscada, será porque falta algo importante, mientras se difumina el tiempo entre los espejismos, siempre visionarios de todo sueño y de tantas formas de avanzar y caminar sinuosamente por la Vida.
Y naturalmente la Vida puede entenderse, aunque es necesaria la defensa de precisión, la alternativa, el tiempo necesario como más preciado en todos los hechos, los recortes imaginados posibles, el valor creativo, la estulticia ocasional, la inspiración y la persistencia.
Luego debe desaparecer la idea de los Dioses, del Dinero, de las Iglesias consagradas a los valores de la ignorancia, las políticas de Estado, la Diplomacia en el ejercicio del dominio secular, el Poder de las jerarquías capitalistas: los bancos, los confesionarios, los celibatos oportunistas, el interés por la ocupación de territorios, con sus fronteras, limitando costumbres. Y todos esos pecaminosos criterios del farragoso estilo social, practicado por la ambición de legisladores, nunca prisioneros en la escasez tan cacareada, en todo aquello que debe estar defendido por la Justicia mejor interpretada. Y como siempre será necesario mencionar los deportes, cabe decir que la duda es propia del dinero, la tristeza acredita que hay aves de rapiña, siendo siempre quienes diseñan la suerte para que siempre se beneficie el mismo clan mafioso: los adiestrados para confundir las formas aconsejable de por vida. El Poder es sinónimo de dinero, de ignorancia, de cultura ausente y, sobre todo, de insensibilidad civilizada. Mientras que el Poder debiera ser el Orden Libertario, enfrentado a los fines lucrativos y, sobre todo, al viciado comportamiento de los falsos sentimientos, por ser triste que debamos ver cada día los intereses que defiende la depredación más selectiva en la Sociedad de la mediocridad.
Pretender llegar es un punto de mira, que pone la evidencia ausente, casi siempre, entre las rutinarias formas de entender los agravios sociales, dado que la Sociedad no puede seguir vilipendiada por los intereses geográficos, a los que jamás serán permitidos. Detengamos el tiempo en las luchas desarrolladas hasta la fecha de este siglo XXI. El clima político de Estado bien que certifica el monstruoso fracaso de saber gobernar las Industrias, los intereses del progreso, el verdadero cambio, todavía por ver, de los trabajadores, que ponen cada día su energía y entusiasmo para que el progreso confirme que se puede vivir sin víctimas. Qué vergüenza, sobre todo en la gestión gobernada por la selección de la especie humana. Y bien es cierto que hay que llegar a donde es necesario dar mejor crédito al Futuro Social.
Sería todo una Conquista sin precedentes, que daría su poder de Verdad a eso de abandonar los valores de la Crítica. Esa cosa que siempre pone a deslucir los privilegios y las argucias propias del auténtico desarrollo Social por la gracia de sus efímeros dioses. Siempre por la fuerza que origina el sueño de los intereses de la falacia transformadora del interés del Dinero. ¡Y el dinero no debe estar por encima de las voluntades ciudadanas! A la Sociedad le sobra la manipulación, le sobra el interés por la consecución que prostituye a sus ciudadanos y ciudadanas, por la gracia divina.
| EL VACÍO DE ALGO BUENO SÓLO PUEDE LLENARSE DESCUBRIENDO ALGO MEJOR. |
