Pedro Ibarra
El poder reposar, después de estar fatigado, más que necesario para nuestro cuerpo es imprescindible. Existen partes del cuerpo que según el esfuerzo efectuado están más fatigadas que otras y el dormir libra del cansancio a nuestros músculos de manera muy eficaz. No puede existir un sólo órgano ni un sólo músculo en nuestro cuerpo que la naturaleza no lo haya creado para el ejercicio, y son pocas las cosas que sobre este planeta se posan que no tengan que ejercitar un movimiento u otro. Tanto es así, que no solo debemos de cumplir este mandato universal, en el aspecto físico, sino incluso en el sentido psíquico y moral.
Nuestro pensamiento debe también estar sometido a esta ley natural, lo que confirma que absolutamente todo y todos estamos encadenados a este continuo movimiento universal. El cerebro humano es, sin duda, la joya de la corona del planeta y en él cabe todo el Universo, siendo el prodigio de los prodigios y el hijo predilecto de la velocidad. Como prueba de toda obra maestra que se hace en la lentitud y la lejanía, el cerebro es el órgano humano más infinito que almacena más conocimientos.

En la lejanísima noche de la historia del ser humano, separada en el tiempo por miles de millones de años, empezó la naturaleza a crear su obra más suprema. De cerebro disponemos todos los seres de este planeta, pero otra cosa es lo que con él hacemos. Si pensamos en la justa idea de que toda obra maravillosa creada debería de ser por nosotros respetada, a este portento de órgano no le concedemos casi nunca respeto y dignidad alguna.
¿Cuántos cientos de miles de portadores de este portento hacemos con él verdaderas barbaridades? Seguramente más estropicios que granos de arena tiene el Sahara. Unos, los más hábiles, sacando provecho de sus inteligencias se enriquecen haciendo más miserables a otros infelices. Otros, llegarán al crimen si es necesario, al engaño para poder vivir en las mayores holguras sociales posibles. Les siguen en este mismo camino los que logran seducir desde púlpitos y tribunas a los portadores de estos órganos que, en sus principios, quedaron incompletos por culpa de una huelga de genes formadores de órganos.
Existen cientos de ejemplos más de esta especie, y el poder enumerarlos todos es poco menos que imposible. Pero puede quedar claro que todos estos “portadores” usan casi asiduamente dicho órgano en su provecho personal. Hay otros más aturdidos o inconscientes que no sacan ningún beneficio de esta joya, sino todo lo contrario, incomprensiblemente lo atacan a través de productos de locos paraísos procedentes, principalmente, de Colombia, Marruecos y Holanda. Cosa alucinante entre la fauna de este planeta, pues no existe ningún animal irracional que se destruya a sí mismo, encontrando placer en ello, que no sea el hombre, siendo él un hijo natural de la racionalidad súper desarrollada.
De la misma manera que sería imposible el poder describir todas las estrellas y planetas que componen el Universo, es imposible el describir todas las peculiaridades de todos los cerebros humanos. Solamente en la superficie de la superficie podemos asomar nuestra curiosidad. Una de las cosas que llamaron más la atención fue un hecho que ocurrió hace unos años en la ciudad de Barcelona, en la que una inmensa muchedumbre, de más de un millón doscientas mil personas protestaron en las calles en contra de la decisión política de su presidente a participar en la guerra de Irak, y luego, a continuación, lo votaron favorable y mayoritariamente a través de su partido en elecciones municipales y autonómicas. Es algo que ha enloquecido a psiquiatras, sociólogos eminentes y simples curiosos de la observación social, como pueda serlo yo.
Algo que debe de ser responsable de un desequilibrio psíquico transitorio o una valoración económica de bienes e inmuebles colectiva puestas en peligro (presumiblemente). El barcelonés más sorprendido fue, sin duda, el que escribe estas líneas, quizás por la vieja tendencia a creer siempre en el ser humano y en el movimiento y desarrollo del órgano vital del ser humano. Al verme tan nutridamente rodeado de personas pensé que nosotros, los humanos habíamos dado un hermoso paso adelante en la emancipación y dignidad de nuestros maltrechos cerebros y dignidades, pero desgraciadamente no fue así.
Sigue, pues, la dramática sumisión de los seres humanos en su loca carrera detrás del dinero, no queriendo caminar delante de él y dejándose arrastrar por cualquier sucio camino con tal de conseguirlo. No basta, pues, el tener y disfrutar de esas maravillas de órganos que poseemos, habría, también, que honrarlos y dignificarlos con el máximo de los respetos y los sanos ejercicios morales y sanitarios, que tanto bien hacen por la limpieza de nuestros interiores.
Considerando que un feliz día nuestros genes obreros terminarán, brillantemente, las creaciones de nuestros maravillosos órganos, bien poco hemos aportados nosotros a la fecundidad y el brillo de ellos, principalmente el órgano rey, nuestro cerebro. Dejando y permitiendo que los malos alfareros modelen y acomoden a sus miserables criterios tan inmenso órgano creador de infinitas libertades.
Hay, sin duda, varios tipos de llantos en la vida. Unos no son otra cosa que los lamentos por cosas perdidas, que se escaparon fatalmente de nuestras manos y de nuestros ojos. Otros llantos llenos de rabias al poder ver demasiado tarde el valor de lo perdido. Y otros en los pocos momentos de lucidez al ver nuestras propias estupideces y barbaridades. Quizás debe de disculpar este tremendo frenazo mental cometido esa gran pasión por la música y la armonía emitida por las bandas de honestos ruiseñores de los bosques y los prados, oídas con gran atención y reverencia por ese niño ingenuo, de mil cabezas, que es el pueblo. Poseídos por los falsos alfareros, y reconducidos y moldeados sigilosamente por ellos, unidos por la mágica batuta del señor director nacional de la no menos Orquesta Hispana, tan llena de largas siestas, caminamos todos unidos en la loca mediocridad blandengue hacia el único pensamiento, el del pensamiento único. Pensamiento paralizante y paralizador que desea detener, a contra natura, esa ley universal que todo lo domina en su movimiento, obligando a los pobladores de este planeta a que ejerciten las manos a la mayor rapidez posible en las producciones, y que los cerebros se paralicen de tal manera que queden completamente obstruidos para siempre. A ello sin querer y queriendo vamos….
