Miguel Correas Aneas

El pasado 15 de agosto se cumplían 5 años de la toma del poder, en Afganistán, por parte de los integristas talibanes. Cinco años de terror y esclavitud sobre la población afgana, sobre todo contra las mujeres de todas las edades. Y mientras, la Unión Europea de cambalaches con el régimen terrorista de los talibanes, con el fin de deshacerse de los refugiados afganos que, en la actualidad, residen en Europa. Bajo el falso pretexto de que son delincuentes, afirmación no compartida por organizaciones de la ONU, que se dedican al tema de los refugiados.

El 15 de agosto de 2021, los talibanes entraron en Kabul, cuando permanecía -teóricamente- custodiada por una coalición internacional liderada por EE.UU., que justo 20 años antes había derrotado a los talibanes con la promesa de que jamás volverían al poder en Afganistán, desde entonces millones de personas, especialmente mujeres, quedaron completamente abandonadas a su suerte. Los gobiernos occidentales dijeron que los talibanes habían prometido que no harían lo que hicieron en su anterior mandato (1996- 2000). Sin embargo, los gritos de socorro de muchas organizaciones humanitarias y Organizaciones internacionales fueron acalladas con la jerga diplomática habitual, que justificaba la inacción y tapaba que antes del último vuelo occidental, los talibanes recorrían las viviendas de Kabul para capturar a hombres y mujeres vinculados al periodismo, al anterior Gobierno, al sistema judicial o al sistema de ayuda social. Entre tanto, los portavoces talibanes prometían una falsa amnistía y animaban a entregarse a todos aquellos que consideraban colaboradores del enemigo occidental, ya habían comenzado las ejecuciones sumarias.

En muy poco tiempo desaparecieron de manera brusca la libertad de expresión, de reunión y de expresión. Afganistán se había convertido en una inmensa prisión al aire libre. Un capítulo aparte es el trato que han recibido y continúan recibiendo las mujeres en dicho país. A lo largo de la historia ha habido sistemas de poder en los que un esclavo tenía más valor que una mujer afgana en el siglo XXI.  Como veremos después, las mujeres, entre otras cosas, no tienen derecho a la educación pasados los doce años. Una vez saben leer sus libros sagrados, a los talibanes no les interesa que sepan nada más. Por lo tanto, una generación entera está condena al analfabetismo y a la falta de autonomía personal. El Código Penal impone condenas mayores por maltratar a un animal que a una mujer. Ni siquiera pueden mirar al exterior por las ventanas de sus hogares. Han sido borradas de la vida pública y reducidas a un trato subhumano. Al Gobierno talibán no le importa someter inmisericorde a la mitad de la población, tampoco le preocupa la miseria en la que está sumido su pueblo. Miseria provocada, en gran parte, por la persecución de las ONG,s que ayudaban a una población empobrecida por décadas de guerra.

Los dirigentes islamistas no están pagando un precio muy alto por su forma de dirigir su país, ya que viven con un nivel económico que niegan al resto de la ciudadanía. En los últimos meses se han visto cortejados por gobiernos occidentales, y por la propia Unión Europea, que los ha recibido en Bruselas, deseosa de que acepten (por presión de la extrema derecha europea) refugiados afganos expulsados de Europa. El futuro de los dirigentes talibanes no es el sombrío presente al que han sometido a su pueblo. Los talibanes han consolidado, en cinco años, un régimen de terror, han instaurado un emirato medieval, a través de la aplicación más radical de la sharía (Ley Islámica).

Según Florian Weigand, codirector del Centro sobre Grupos Armados: “Los talibanes en lugar de limitar sus esfuerzos a la lucha militar, habían comenzado a gobernar territorio y población”.  “La corrupción generalizada les facilitó presentarse como una autoridad alternativa”. Durante un período de 20 años de ocupación de Afganistán se habían invertido miles de millones de dólares por EE.UU, Europa, la OTAN y la ONU para cambiar el rumbo del país. El expediente del régimen talibán en estos cinco años de terror y esclavitud, liderado por el escurridizo y venerado Hibatullah Akhundzada, es aterrador. Para la organización Human Rights Watch, “la crisis de derechos humanos más grave que se conoce”, con ejecuciones sumarias de opositores y forzosas desapariciones; restricción casi total de los derechos de las mujeres; vejaciones y abusos contra la comunidad LGTBI; control estricto de los medios de comunicación; arbitrariedad y excesos en la guerra contra el grupo Estado Islámico y colapso del sistema sanitario por falta de financiación. Los talibanes han conseguido poner coto a grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico y algún éxito contra el narcotráfico. Según la ONU, uno de cada tres afganas/os necesita hoy en día asistencia alimentaria. Así pues, unos 14 millones de personas en Afganistán padecerán hambre aguda durante 2026. No quisiera dejar de anotar que sólo Rusia reconoce de manera oficial al régimen talibán (es por interés o por la mala conciencia de su pasado bélico contra ese país). Por intereses económicos mantienen reuniones con los talibanes: China, Turquía, Arabia Saudi y Japón. Los tres primeros no se distinguen por su respeto a los derechos humanos. China es un auténtico agujero negro en cuanto al número de ejecuciones que lleva a cabo anualmente.

El pasado 23 de junio, se produjo una reunión en Bruselas de representantes de la Comisión Europea y 15 representantes de países de la UE, por parte talibán una reducida comisión de cinco delegados, encabezada por el actual portavoz de Asuntos Exteriores, Abdul Qahar Balkhi. La reunión se celebró fuera de las instituciones comunitarias, pues la UE no reconoce al régimen talibán. El escrito dirigido a Bruner (Comisario de Interior de la UE), el 24 de julio, firmado por eurodiputados liberales, socialdemócratas, verdes y de la Izquierda: “no apoyar el reconocimiento y la normalización de los talibanes”. Por su parte, Alemania colabora con los talibanes para “mejorar las posibilidades de deportación a Afganistán y repatriar allá a los delincuentes”. Para Rawadari (organización afgana de derechos humanos) es poner por delante “los acuerdos a corto plazo de deportación y los intereses a corto plazo, impulsados por el aumento de la extrema derecha y las fuerzas antiinmigración”. Con ello se pone en riesgo gravísimo a: mujeres, antiguos empleados del Gobierno, críticos con los talibanes, miembros de otras religiones y varias minorías étnicas.

He aquí algunas frases de jóvenes mujeres afganas que reflejan su dramática situación: a) la persona que yo era el 15 de agosto de 2021 ya no existe. Estaba viva y ahora casi estoy casi muerta. b) temo, sobre todo, a ser detenida, porque cuando te arrestan ya no sabes qué será de ti. c) nada es como antes, comprar ropa no tiene nada de placentero. Ya no podemos elegir cómo nos vestimos, no te sientes guapa. d) conversar con un hombre que no es de tu familia es delito. e) responder a un hombre en la calle, aunque él te haya faltado al respeto es delito. f) salir con un chico sin estar casados puede llevarnos a la cárcel o a ser lapidadas. g) lo que más me aterra es comprobar que he perdido mi lugar en la sociedad. No me siento segura jamás. h) si salgo de casa me pregunto, ¿volveré a casa, me van a detener? i) a mí lo que más me asusta es perder nuestra conexión con el mundo. j) hace dos noches soñé que volvía de nuevo a la universidad, pero los talibanes me paraban a la entrada. El miedo no me deja ni en sueños. k) ningún artículo puede explicar qué siente una niña de nueve años casada a la fuerza, o el miedo a que te maten por defender algo tan básico como poder seguir estudiando.

Es mi deseo terminar con un poema que lleva algo de esperanza a tan dramática situación de Afganistán, y de manera muy especial a las mujeres de cualquier edad. Es de la poetisa, Hosnia Mosheni:

 UN DÍA MEJOR LLEGARÁ

Hermana,

llegará un día en que tú y yo volaremos

sobre las orgullosas montañas de nuestra tierra.

Llegará un día en que las puertas no estarán

cerradas con llave,

 enamorase no será un crimen.

Tu y yo dejaremos

el pelo al viento.

Llevaremos vestidos rojos,

Y embriagaremos a los pájaros 

de nuestros vastos desiertos

con nuestras risas.

Bailaremos entre los tulipanes rojos de Mazar,

en memoria de Rabia (Bhalki).

Ese día no está lejos.

Quizás esté justo al doblar la esquina.

Quizás esté en nuestra poesía.

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