Bruno Servet

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (C.E.E.), Luis Argüello, dixit: “Cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones, y a las pruebas me remito”, para sugerir que existe un paralelismo con la España actual.  La polémica, provocada por el arzobispo de Valladolid, estaba servida. La respuesta no se hizo esperar por parte del ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del Gobierno de Coalición, PSOE/Sumar, Félix Bolaños, en una carta dirigida al arzobispo de Valladolid, en la que el ministro consideraba sus palabras: “ofensivas e injustas, tanto desde el punto de vista personal como institucional, y que eran profundamente contraproducentes”.

Las palabras de Argüello fueron pronunciadas en la clausura de la Escuela de Verano 2026, organizada por la CEE, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Fundación Pablo VI. Esa clausura tuvo lugar en la sedemadrileña de la Fundación, bajo el título “El colapso de la democracia. La oportunidad para una geopolítica al servicio del ser humano”. Acto seguido el arzobispo matizó el alcance de la cita de San Agustín: “A las pruebas me remito, mirándoos a vosotros y a mí. Porque si hemos hecho trampas en la declaración de la renta, o pedimos una factura en negro… ¿cómo le vas a exigir a tus representantes públicos? Porque los principios éticos son para todos”. Por su parte el ministro Bolaños, decía en su carta: “Permítame hacerle una pregunta. ¿Qué le parecería si un ministro del Gobierno calificase a la Iglesia entera como una “banda de agresores sexuales, a las miles de pruebas me remito”? Evidentemente sería falso y profundamente injusto”.

La frase de Argüello que ha molestado, y con razón, al Gobierno, tiene una antigüedad de 1600 años, es de San Agustín, obispo de Hipona, y está incluida en el capítulo cuarto del libro IV de La ciudad de Dios, con un epígrafe que dice –Semejanza entre las bandas de ladrones y los reinos injustos-. Esas bandas de ladrones son: “Un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos, abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda”. En mis palabras no me refería al Gobierno, me refería al Estado, incluyendo, como no, a los ciudadanos.  Pero, casualidad de casualidades, que trae a colación las palabras de San Agustín, cuando el Gobierno es de izquierdas y no cuando mandaba la derecha y se estaban produciendo la mayor época de la corrupción en tiempos “democráticos”, con la Gürtel, como cúspide del gigantesco iceberg corrupto que se extendía por toda España; según el prelado católico, en el Gobierno de José María Aznar y de Mariano Raoy, el Estado no era una banda de ladrones. Para Argüello, el Estado en esos dos períodos se libró de la corrupción política, ¡Ver para creer!, o como pedía el apóstol Tomás: ¡Tocar para creer!

El prelado de la ICAR acusó al Gobierno de carácter progresista de los últimos años de tener un plan de “desconstrucción antropológica” con sus últimas leyes sobre temas como la eutanasia, aborto, LGTBI+, etc. Es innegable que cualquier institución y sus representantes tienen derecho legítimo a la expresión política, también la ICAR. Pero no es casual que esa institución clerical, solo pida moción de censura, moción de confianza y elecciones generales anticipadas cuando el Gobierno de España es de izquierdas y no cuando gobierna la derecha. Hasta dentro de la misma Iglesia Católica hay voces discrepantes con la postura del presidente de la CEE, como ocurre con el primado de la Iglesia catalana, arzobispo de Tarragona Joan Planellas i Barnosell, que no comparte la línea de actuación y confrontación de Argüello contra el Gobierno actual, es el mismo que calificó como “paguitas” las ayudas que el Estado presta a colectivos con dificultades económicas, esa terminología es empleada por la ultraderecha como VOX. La ICAR, que preside Argüello, debería tener presente las miles y miles de “paguitas” que el Estado español le pasa mensualmente para pagar a los curas que no aportan nada a las arcas del Estado.  Podría saber el presidente de la CEE, que la España del siglo XXI no es el norte de África (Argelia) del año 400, ni él es el santo de Hipona.

Parece ser que en la CEE no se ha entendido o se han olvidado las palabras que el Papa León XIV pronunció el pasado 8 de junio a su paso por Madrid: “La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”.  No es casualidad que la Iglesia Católica Apostólica y Romana (ICAR), mantiene, históricamente, una estrecha relación con los poderes políticos y económicos, y en España de manera muy especial desde los Reyes Católicos (creadores del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en el año 1478, y que duró hasta el 15 de julio de 1834). Hasta tal punto que, muy recientemente, algunos nostálgicos de la España Imperial, han pedido la canonización del dúo castellano /aragonés. No se han enterado todavía de la “intima” y estrecha relación de Isabel con el cardenal Cisneros y los viajes de Fernando por sus reinos y sus muchos hijos fuera del matrimonio. Ni tampoco la creación de la Inquisición por esos “santos” reyes cristianos. Pero, no hay que retroceder siglos atrás para ver lo que la ICAR entiende por santidad, ya que el próximo 6 de octubre se cumplen 24 años de la canonización de un sacerdote, que en el ámbito familiar y de personas a su servicio (a quienes no dejaron testificar en el proceso de canonización) era tenido como un verdadero déspota, ese cura fue José María Julián Mariano Escrivá de Balaguer y Albás, fundador del Opus Dei. El Opus Dei (Praelatura Sanctae Crucis et Opus Dei- Prelatura de la Santa Cruz y la Obra de Dios) llevó al papado a Juan Pablo II (papa Wojtyla) y éste le devolvió su gran apoyo, haciendo “santo” al fundador de la Prelatura, y que dependía hasta el papa Francisco, directamente del Papa de turno, no del obispo de la diócesis correspondiente. El papa Francisco la hizo depender, en 2022, del Dicasterio del Clero. Y tenía que rendir cuentas económicas al Vaticano.

No es la Iglesia católica española, la entidad más autorizada para dar lecciones de ética ni de comportamiento social;  su negro y cómplice pasado de muerte y terror en nuestra reciente historia, bajo la marca de  “nacionalcatolicismo”” la ha desautorizado para siempre. Así que zapatero a tus zapatos, y la ICAR a salvar almas de ciudadanos pecadores, los ateos no entramos en ese grupo de cándidas personas. 

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