Valentín Montané
El 19 de julio de 1936 yo tenía 7 años. Mi recuerdo de aquel día glorioso es que los hombres y mujeres dignos se mantuvieron firmes en sus puestos de trabajo con las herramientas y ánimos para poner en marcha la sociedad sin dueños explotadores. No siguieron el ejemplo de Santiago Casares Quiroga, que cuando le anunciaron el levantamiento fascista él dijo “pues yo me voy a acostar”. Eso da una imagen pésima de los representantes políticos, sólo son buenos en sus discursos, pero los resultados son negativos, si las mentiras que divulgan hacen mella, eso les da peso y cada uno se miente a sí mismo si no sabe reaccionar a tiempo.
De aquel 19 de julio, y días sucesivos, guardo el recuerdo de estar cogido de la mano de mi padre para ir al encuentro donde mayoritariamente la gente del pueblo que me vio nacer se había concentrado, en el Pla del Pou, donde un tal Martín, de Mora la Nova y miembro activo y capaz, hizo un discurso exaltando la Revolución Social y las Colectivizaciones.
En Ginestar, como en otros pueblos, la Revolución ya estaba en marcha antes del golpe de estado fascista. Prueba de ello fue la creación de la Sociedad Obrera, que adquirió un local, el Trullet, donde se celebraban Asambleas para tratar los problemas del municipio y facilitar la vida de los ciudadanos.
Los domingos se iba al Trullet a tomar café y a pasar la tarde en un ambiente familiar. Los niños y niñas seguían a sus padres y disfrutaban con juegos y lecturas. Durante el período revolucionario de 1936 al 12 de abril de 1938 no solo se disfrutaba del proyecto, sino también de la casa del Conte y de la casa del Provil. En la primera, se instaló la Cooperativa de Distribución y en la segunda, las Oficinas y Biblioteca, muy importantes.
Recuerdo que en las veladas de otoño no se perdía tiempo. Las familias, reunidas en el granero de la casa del del Conte, se dedicaban a desgranar a mano mazorcas de maíz. El atropello franquista, con el apoyo de Hitler y Mussolini, fue imponiendo su calamitoso avance con matanzas en el frente y bombardeos de las ciudades, los elementos naturales les fueron favorables. Lluvias incesantes hicieron crecer el nivel de los ríos. El río Ebro se salió de su cauce el 7 de noviembre de 1937, esto provocó la alerta general y los miembros de la Colectividad se apresuraron para salvar lo que pudieron de las cosechas. Repetidas veces mi padre se lanzó a bucear en más de un metro de agua turbia y salir con una col en cada mano. Otros salvaron parte de las judías.

Toda la parte irrigable quedó inundada. Luego, al labrar, cuando el agua se retiró, quedó la tierra con unos terrones que había que romper para poder sembrar de nuevo. Esta actividad recayó en los niños, que al salir de la escuela íbamos con unas mazas de madera que nos fabricó Baijoco, el carpintero, que fue fusilado con su hermano por las hordas fascistas. Cuando en 1976 volvimos al pueblo la gente nos dijo que hicimos bien en salir de España.
El hecho de haber llegado a Francia y con una buena acogida no era muy frecuente. El municipio que nos cogió a cargo, Puiseaux (era cabeza de comarca en el Departamento de Loiret, Región Centro Val de Loire) antes de nuestra llegada había hecho un llamamiento de solidaridad. Mientras, nuestro padre y nuestro abuelo fueron a parar a los Campos de Argelés sur Mer y luego a Bram. Por fin pudieron llegar a nuestro lado un día antes de la declaración de guerra de Alemania. Yo, después de lo vivido, he llegado a una edad avanzada, por no decir la vejez. Llego a la conclusión de que nací por segunda vez en Puiseaux, donde aprendí el francés sin cursos particulares. Al cabo de 2 años y medio terminé el período escolar con el certificado de estudios elementales, primero en la comarca en francés. Y después al trabajo: la siega y la trilla. Vivíamos en una región muy agrícola. Esto duró los 4 años de la ocupación alemana, con toda clase de aventuras. En 1949, con mi hermano, fuimos a vivir a París para intentar trabajar de mecánico en garajes. Pero mi formación era insuficiente y entré a trabajar en el servicio de la cadena en la Citroën 2 años, allí vi lo terrible que es la misma, y que Charles Chaplin plasmó tan bien en su película Tiempos Modernos. Si existe el gen de la solidaridad, puedo decir que he vivido mi larga existencia bajo su influencia. Al llegar a París puse mis pocos conocimientos y mi voluntad a disposición de nuestra Organización, la CNT-AIT, en apoyo a los perseguidos en España. Con el Grupo Mosaicos Españoles se celebraban festivales con artistas, la mayoría benéficas. Se representaron obras de teatro, incluyendo zarzuelas como la del Manojo de Rosas, Claveles, Los de Aragón, etcétera. El dinero recaudado iba a parar al fondo Pro-España Oprimida.
Una canción de propaganda franquista pretendía difundir “España no hay más que una”. Nosotros, los exiliados, considerábamos seguir siendo una de las dos Españas, a pesar de la insistencia facciosa. A uno de los festivales nos acercamos con la compañera que fue madre de nuestros hijos, y que nos dejó en 2021 después de 66 años de vida en común con pequeños percances de salud, pero siempre unidos por el bien de la familia. Además del trabajo cotidiano yo tenía la actividad orgánica, que me ocupaba una parte de las veladas y algunas reuniones se prolongaban también entre compañeros y amigos, lo que me suprimía tiempo de reposo porque al día siguiente el torno me esperaba en el taller, si alguna vez llegué tarde al taller fue por motivos de transporte. Y así llegué a la jubilación y todavía me mantengo en pie con el bastón, y suerte de él, porque a veces me falla el equilibrio. La tercera pata me saca del apuro y voy adelante, como los de Alicante. En la residencia de personas mayores autónomas donde vivo tenemos siempre actividades, teatro y, últimamente, un grupo cineasta se empeñó en rodar una película con unos cuantos jóvenes y nosotros, los de más de 80 años. Se trataba de invertir los papeles. Los jóvenes improvisaban ser los padres y nosotros los hijos. El día de la proyección en una sala de cine de la ciudad, al final de la película aparece en la pantalla “Viva la vida-Valentín”. Entonces reafirmé estas palabras en francés y en castellano, en oposición a las de aquel general felón y matarife, Yagüe, que supo gritar “viva la muerte”. Recordé las palabras que el no menos ilustre, don Miguel de Unamuno, le echó en cara, quien utiliza este lenguaje está loco perdido, y me refería a mi vida de trabajador manual y actividades en defensa siempre de mejorar las condiciones de vida, en diferentes épocas, mayo del 1968 y las 6 semanas de huelga consiguiendo la inclusión en el salario base de 3 primas, que por muy pocos motivos nos podían suprimir los señores, que se mantenían en su en su torre de Marfil, como si fuéramos esclavos. La evolución social estaba en marcha y las condiciones habían cambiado.
Actualmente voy aumentando los años de vida sin otro pensamiento que mis familiares: hijos, nietos y bisnietos. El tercer bisnieto tiene justo un mes de vida, ayer lo vi por primera vez. Una cosa es segura, no lo veré cuando cumpla 20 años. Yo quisiera por lo menos verlo andar y que guarde de mí un recuerdo cuando yo haya terminado mi larga vida.
Para terminar, diré que se habla mucho del hombre libre. Enorme falsedad. Cuando naces en un lugar determinado eres prisionero de aquel país. Lo vemos cada día. Los migrantes están controlados y vigilados en las fronteras- En este sentido la vida se ha complicado. En el siglo 20 cuando 1 quería ir a trabajar por diversos motivos fuera del país de origen lo podía llevar a cabo. Al padre de mi compañera los patronos le hacían el boicot por ser naturista y no seguir los preceptos legales. En 1927 ya se encontraba en el pueblo donde se instaló más tarde en 1952 en una casa con gran terreno que nos dejó de herencia en 1988. Como todos los miembros de mi familia nos dejaron para siempre en tierra que tenía que ser un lugar donde vivíamos provisionalmente. Pues no dejaremos todos de existir lejos del terruño , es la ley natural naces donde viven los padres. Para vivir debería el hombre poder escoger ya que para nacer y morir no puedes hacerlo. Un residente me preguntaba un día de qué nacionalidad me consideraba, le contesté de aquella donde vivo , es decir que me considero ciudadano del mundo. Al llegar a Francia tuvimos las 22 personas que llegamos a puiseaux la suerte de ser acogidos de forma solidaria y humana. Fue quizás una excepción porque muchos conocieron los campos de concentración por honor a la verdad. He conocido a una familia que soportó la vida concentracionaria hasta 1942 salieron de los campos y fueron reemplazados por los judíos a los cuales las fuerzas represivas francesas bajo el mando de las hordas de ocupación alemanas les daban caza y la mayoría terminaron en los campos de exterminio en Polonia Austria y Alemania de triste memoria. Vista la situación actual de persecución de los migrantes diría como conclusión que el planeta tierra realiza su evolución cotidiana en el espacio libremente sus habitantes tendrían que poder gozar de la misma libertad de ir a vivir donde más les atraiga las condiciones de vida. La posibilidad de vivir según su concepto sin trabas políticas o religiosas.
