Bruno Servet

Nada mejor que empezar este artículo con las propias palabras del jesuita, pederasta confeso, para situar la traumática vida del misionero valenciano Alfonso Pedrajas, conocido en Colombia como el “padre Pica”. “Hice daño a mucha gente (¿a 85?)”.  Con apenas 18 años se convirtió en misionero jesuita para ayudar a los más pobres en Bolivia. Allí se ordenó sacerdote y, bajo ese apodo, trabajó como profesor hasta su muerte en 2009. Tras una imagen de cura misericordioso se escondía un depredador sexual, que agredió a los pequeños a quienes había jurado, solemnemente, proteger, desarrollando su labor pastoral en el internado Juan XXIII de Cochabamba.

Todo apuntaba a que sus muchos crímenes acabarían sepultados por el silencio y el tiempo, pero en 2020 su sobrino Fernando encontró en el trastero de la casa familiar una copia del Diario/ Historia donde el “padre Pica” confesaba todos sus horrores. Tras, repetidamente, intentar denunciarlo sin éxito a las autoridades y a la orden jesuita, el sobrino lo entregó al periodista Julio Núñez Montaña, que investigaba los cientos de casos de pederastia en la ICAR para el diario EL País. Como una brújula, el material llevó al reportero hasta Bolivia, donde elaboró una emocionante y valiosa crónica de descubrimiento y reparación.

Que hoy escriba de la Compañía de Jesús (Jesuitas), y  traiga a colación la historia de uno de sus miembros que llegó a ser papa, no es simple casualidad, sino que es la consecuencia de que uno de sus componentes ha sido, ni más ni menos, que el anterior papa, el argentino Jorge Mario Bergoglio Sivori, nombre cuando era seglar, y conocido como el papa Francisco. No hay que olvidar que los cambios que se han producido en la ICAR, han venido de la mano del fallecido papa argentino (Buenos Aires, 17de diciembre 1936- Ciudad del Vaticano, 21 de abril de 2025, 88 años). Los cambios que la Iglesia ha puesto en marcha se han implementado gracias al interés del papa Francisco y su reforma del Código Canónico. Con relación a la pederastia su lema durante su pontificado fue: “Con la pederastia, tolerancia cero”.  Como veremos más adelante, no fue así cuando era cardenal y arzobispo de Buenos Aires.

La intrahistoria del colegio Juan XXIII relacionaba al pontífice Jorge Bergoglio con dicho centro educativo de menores, gestionado en su totalidad por los jesuitas, aunque con profesores seglares. El papa Franscisco visitó Cochabamba en dos ocasiones cuando era provincial de los jesuitas de Argentina, en 1974 y 1979. Conoció el internado y entabló “amistad” con algunos de los altos cargos locales de la Compañía, entre ellos Antonio Menacho, uno de los superiores acusados de encubrir a los pederastas, Pica entre ellos.  El papa Bergoglio había enviado a Jordi Bertomeu a la Paz, en esa orden según el exjesuita chileno que llamó a Julio Núñez, el pontífice lo que buscaba era tapar el escándalo. La red de traslados de curas pederastas operaba con mucha frecuencia entre Bolivia y Argentina bajo el amparo de Bergoglio.

Mientras ese exjesuita estuvo en la Compañía, había sido testigo de los abusos de otros religiosos y de encubrimientos y a los continuos cambios de destino. La dinámica de enviar a los abusadores de España a Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia estaba más que probada, en pura lógica, Argentina no sería una excepción y posiblemente Bergoglio supo de ello durante su mandato como provincial de los jesuitas entre 1973 y 1979. Como cardenal y arzobispo de Buenos Aires, desde 1998 hasta 2013, protegió y apoyó al menos a cinco pederastas y tapó las acusaciones contra ellos. Una de las victimas afectadas por esos encubrimientos, Sebastián Cuattromo, en el año 2000 denunció que un cura había abusado de él en un colegio marianista entre 1989 y 1990.  El arzobispo, es decir Bergoglio, NO HIZO NADA. tras años de lucha consiguió que el pederasta acabara en la cárcel. El papa Francisco se negó a recibir a Cuattromo y a la asociación Adalxs, que codirige Sebastián y que se dedicada a la ayuda de las víctimas de abusos en todo el mundo. El por qué el papa Francisco evitó esa reunión durante todo su pontificado es, a día de hoy, una incógnita. Ello probaba que el pontífice, como otros tantos jefes de la ICAR, había encubierto abusos en Argentina. Tal vez, el remordimiento por haber actuado tan mal durante tantos años hizo que promoviera la reforma del Código Canónico, y también el lema con anterioridad apuntado.

El caso “padre Pica”, que tuvo lugar en la ciudad boliviana de Cochabamba, salió a la luz pública gracias al trabajo del periodista antes mencionado y, sobre todo, a la valentía del sobrino del jesuita valenciano:  Fernando Pedrajas. A la muerte de sus padres, los hermanos Pedrajas, tomaron la decisión de vender la casa paterna. La sorpresa de Fernando fue enorme, ya que en el trastero de la misma se encontraba el Diario /Historia de su tío Alfonso Pedrajas. Fernando ha sido todo un ejemplo de honradez y valentía, al dar un paso al frente y denunciar este caso de pederastia. Había que darle publicidad al caso y de ello se encargó el periodista antes mencionado, con una dedicación digna de todo elogio. A pesar de los muchos momentos de verdadera angustia personal, continuó su labor periodística, hasta conseguir plasmar en un magnífico libro todo lo vivido e investigado durante muchísimo tiempo, fruto de ello es: Cartografía de un abusador en la Iglesia, PADRE PICA (Penguin Random Housse Grupo Editorial. S.A.U.)

Después de los agradecimientos del autor del libro, aparece a continuación una cita que puede servir de guía para poder entender la gravedad de lo que hizo el padre Pica (Alfonso Pedrajas). Dice así: En verdad os digo que todo lo que hicisteis a uno de mis hermanos míos, aún a los más pequeños, a mí me lo hicisteis. Mateo, 25, 40 (Jesús de Nazaret. Es un libro que no es fácil de leer para quienes no están interesados en el tema de la pederastia de la ICAR, pero interesantísimo si uno desea profundizar en la verdadera actuación de encubrimiento de la Iglesia Católica, en muy diversos países. Si empezaba con las palabras del propio padre Pica, voy a terminar con otras que reflejan de forma muy clara y contundente lo que ha hecho la ICAR a lo largo de muchas décadas. ¡DEMASIADAS! Son palabras del general de los jesuitas, el neerlandés Peter Hans Kolvenbach, desde la sede central en Roma: “Si se trata de un caso aislado y el escándalo es evitable puede considerarse la posibilidad del traslado a otro lugar, pero adoptando medidas que aseguren la ayuda espiritual y psicológica”. ¡Más claro agua y en … jesuita! Nada de esto se cumplió con el padre Pica. Tuvo que cargar toda su vida con su homosexualidad mal enfocada. Eso no le quita ni un ápice el daño que hizo a las decenas de niños, ya que la realización de su homosexualidad la podía haber llevado a cabo con personas mayores de edad y relaciones consentidas.

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