Federica Montseny
Hay un cúmulo de prejuicios sobre la mujer, y más sobre la española, y es preciso rendir justicia a su abnegación porque se asoció en todo momento a la lucha y contribuyó denodadamente a ella a lo largo del proceso evolutivo de la Humanidad. No solo es preciso recordar la actitud de la mujer en los días de julio de 1936. Sería incompleto. El 19 de julio tiene justificación en el pasado. Todos descendemos de ese pasado. La acción de la mujer en la lucha por la libertad es poco conocida. Por otra parte, ha tenido que enfrentarse ella con el ambiente hostil que la relega “a las labores propias de su sexo” y se ha visto sitiada, como bloqueada por el concepto casero, remora de siglos y siglos contra la libertad de la mujer.
Si en algunos países ha sido factor determinante, en España no ha podido serlo por circunstancias evidentes. La Iglesia hace de ella el motivo más patente de influencia, y el sentir general la sitúa en terreno desfavorable por la preocupación de minimizar su carácter. Aparte las figuras de mujer que como María de Molina o Isabel de Castilla ocuparon un trono o tuvieron relieve culminante en los acontecimientos políticos apenas existe la mujer. Casi no se sabe nada de ella. Sin embargo, hay un extenso repertorio de actividad femenina eminente que no podemos olvidar.
En la Revolución francesa de 1789, no solo intervino en la lucha abierta. La Enciclopedia había dado ideas a la Revolución, influyendo en los dos sexos decididamente. En los movimientos refractarios de España, hubo siempre mujeres activas que marcaron los jalones dignos de loa y dieron ejemplo a otras mujeres ya los mismos hombres. La Historia permanece muda cuando los poetas no cantan hazañas, cuando pintores y escultores no plasman hechos destacados, pero dentro del pueblo en esa cantera inagotable de valores, la mayor parte anónimos, la mujer tuvo su acción también. No nos legaron sus nombres tantas mujeres, pero supieron combatir en horas difíciles y animar la lucha. Sea para ellas nuestro homenaje.
Los nombres históricos se confunden con la leyenda y dan a ésta valor cierto. Recordemos a María la Brava, viuda de Padilla, decapitado éste cuando el emperador reprimió tan duramente la sublevación de los Comuneros de Castilla. La viuda de Padilla se hace fuerte en Toledo. Resiste allí con entereza a las hordas de Carlos V. Se bate como un hombre valiente. Una traición abre las puertas de Toledo y María la Brava es condenada a clausura perpetua en la cárcel conventual de las Huelgas de Burgos.
Aquella lucha no era aún social, pero representaba un antagonismo vibrante contra el poder cesarista, contra el absolutismo de la corona. Las Germanías de Valencia, como la lucha aragonesa que representó Lanuza, decapitado por el poder real, tienen carácter semejante, igual que Rafael de Casanova en Cataluña. Contemporáneo de María la Brava fue en Cataluña Juana de Torrellas, viuda de Serrallonga. Reunió Juana de Torrellas a unos cuantos guerrilleros dispersos por las montañas, ocupando las Guillerías y el Montseny. En la viuda de Serrallonga, como en los que combatían más con ella que por ella, latía el espíritu de las libertades populares catalanas.
Teresa de Jesús desbordó el marco estricto de los dogmas con sentimiento activo inconformista y ardor de mujer contra los prejuicios de su tiempo. No podemos dejar que la Iglesia se asimile aquella personalidad extraordinaria que pertenece al acerbo de la mujer española. Teresa escandalizó a sus contemporáneas y concitó contra ella las iras de la Inquisición.
En el cultivo de la ciencia botánica aparece un nombre de mujer ilustre: Eulalia Sabuco, pensadora que tuvo el noble empeño de abordar el dominio de lo desconocido, espíritu inquieto que entró por derecho propio en las luchas de su época y se vinculó a la causa de la cultura y del experimento contra el terror de la teología. Otras mujeres tesoneras y decididas podríamos citar. Agustina de Aragón, combatiente contra las huestes de Napoleón; Mariana Pineda, ahorcada en Granada por bordar el estandarte de la libertad y las mujeres catalanas asesinadas por los esbirros del general Zapatero, Va creándose a lo largo de los siglos una nueva mística. Ya no será la mujer instrumento pasivo, sino que contribuirá ardorosamente a la lucha, y muchas veces ejemplo del hombre.
No se da en España el caso de una Julieta Recamier. En España, la mujer se va incorporando a la mística nueva, a la pelea ardiente que sucede a la magia de los dogmas. El arte, la literatura, la ciencia, los ideales progresivos prenden en el corazón de la mujer, que tiende a ser abnegada porque lo es ya anónimamente en el hogar en la crianza de los hijos. Rosalía de Castro cultiva la poesía. Emilia Pardo Bazán la novela, el ensayo, la crítica. Amalia Domingo Soler da un alto ejemplo de humanismo, desbordando también, como Teresa de Jesús, todo particularismo.
Concepción Arenal introduce en el mundo penitenciario las ideas más generosas. Ella prueba que el delincuente no es delincuente sino enfermo, un huérfano de comprensión. Concepción Arenal quiere curar en vez de castigar. En realidad fueron discípulos de Concepción Arenal hombres ilustres como Dorado Montero, Salillas y el mismo Francisco Giner de los Ríos. Tuvo que enfrentarse Concepción Arenal con engolados juristas de su tiempo, pero triunfó. Sus ideas son las del porvenir. Internacionalmente, los pensadores más dignos de este nombre tienen a Concepción Arenal como precursora de ideas reparadoras, ideas que están en la base de todo sistema positivo de progreso y verdadera justicia.
Amalia Domingo Solera procedía del librepensamiento. Era físicamente una mujer deficiente: jorobada, medio paralitica, débil en extremo. Pero condensaba toda su energía en el cerebro y tuvo una actividad altamente honrosa y una vida de sacrificio. Soledad Gustavo, mi madre -séame permitido este recuerdo- contribuyó con Gabarro a fundar la escuela laica. Muy joven tomó parte en el memorable Primer Certamen Socialista. Su cultura, su profesión y vocación de maestra contribuyeron al renacer del movimiento de las ideas anarquistas y actuó con Llunas en la redacción de “Las Dominicales”.
¿Y qué diremos de Teresa Claramunt? Obrera de fábrica de Sabadell, con una inteligencia despierta y una lealtad constante para nuestra causa, espíritu puro y autodidacta, llegó a ser la mejor oradora de España. Su heroísmo, su firmeza, su clara interpretación de las ideas fueron constantes estímulos. La mitad de su vida la pasó de cárcel en cárcel, de destierro en destierro. Figuró en el proceso de Montjuich. Al ser conducida, atada, al castillo, le preguntó un guardia: – ¿Tienes miedo, Teresa?
Y contestó ella:
-¿Desde cuándo nos conocemos?
La réplica dejó al esbirro sin palabra.
Sacaba cartas del castillo valiéndose de su audacia y habilidad. Recibía armas del exterior, era madre de todos los presos. Fue encerrada junto al tristemente calabozo cero, lugar histórico de martirios. Tenía que oír gritos de dolor de los torturados. Su temple no quedó atenuado un sólo momento. Requerida por el verdugo Portas para que denunciara a compañeros activos, replicó contundentemente. Asistió a siete fusilamientos obligada por los sayones y fue deportada a Inglaterra con 28 refractarios.
Pasó a Francia desde Inglaterra. El cerco policíaco y las privaciones de todo orden no dejaron a Teresa un minuto de reposo. Ante el espectáculo doloroso de un joven preso ruso que se moría de hambre y de tuberculosis, Teresa robó leche y pan. En España volvió a sufrir el rigor de todas las represiones, siendo condenada a ocho años de prisión por tenencia de explosivos y casi a otros tantos por una huelga de Zaragoza.

De los 63 años que tenía, cuando murió en Barcelona en abril de 1931, había pasado 20 en cárceles y lugares de destierro. La lucha clandestina fue su vida, su actividad y su vocación. Y aún pudo parir ocho hijos.
La vieja Cayetana, otra mujer extraordinaria, era enlace entre Montjuich y la calle. Circulaba mensajes y documentos y se entregaba, entre peligros inminentes, a favorecer a los presos y a sus familiares. Francisca Saperas era otro arquetipo de abnegación, algo así como la Madona de los proscritos. Partía su pan con ellos. La represión fusiló a su compañero y a su yerno. Su espíritu fue indomable y tenaz hasta la muerte. Hay una floración anónima de mujeres heroicas que no podemos olvidar.
En 1917, el movimiento en pro del abaratamiento de subsistencias tuvo en las mujeres admirables animadoras, propulsoras activas y luchadoras ardientes. Por cierto, que aquella fecha marca la primera coincidencia entre la U.G.T. y C.N.T. Al dar la guardia civil una de sus cargas más brutales Rosario Dolcet desafió a los tricornios y con buen número de compañeras se sentó en el suelo en vez de huir.
En 1909, las mujeres interceptaban la circulación de trenes cargados de reclutas enviados a Marruecos. Las mujeres se daban enteras a la causa justiciera y estuvieron en la vanguardia del ideal y de la acción directa. Sólo guiaba a aquellas luchadoras la satisfacción del deber cumplido.
Diréis que exalto las cualidades de la mujer y que silencio sus insuficiencias para no desbordar un marco de perfección. No. Conozco las omisiones, pero no puedo avenirme a juzgarlas sin comprensión. La frivolidad, la ausencia de dimensiones profundas, los mismos excesos de la mujer son evidentes. Incluso me dan motivo para enunciar una teoría viendo que el mundo no se pronuncia contra la mujer no es mejor que ella.
La mujer es un pájaro sin libertad. El hecho de que a veces use la libertad sin discernimiento, es cierto. Pero no es menos cierto que aquella libertad se ve constantemente reprimida y que si linda con el exceso, no llegaría él de tener la mujer en uso constante la libertad de que la privan y sólo alcanza excepcionalmente, presa en los convencionalismos de curso general. El padre primero, el esposo después o el hermano, la consideran menor de edad. Jurídicamente lo es. Está incapacitada por la ley. Días después del 19 de julio se dijo que la mujer española se desenfrenó. Pero no hay que ser injustos. Acostumbrada a verse siempre en lugar secundario, la mujer quiso demostrar y demostró que era capaz de luchar como el hombre. Todos pudimos presenciar actos de heroísmo y responsabilidades compartidas.
En otros países la mujer puede ser una especie de reina sin trono y aparecer como superior al hombre. En España, la Iglesia mantuvo retraídas a las mujeres. Cuando éstas quieren propagar las ideas se encuentran con verdaderas sorpresas. Recuerdo que en Valladolid las hermanas de Orobón Fernández no asistieron a un acto público donde hablaba yo y se disculparon diciendo que estarían mal vistas si iban al mitin. En Andalucía, en la zona minera de Huelva, en 1932, los chiquillos iban gritando por la calle cuando pasaba yo: “Ahí va la mujer que habla…”. Que mi madre en el Ateneo de Madrid hablara de nuestras ideas como habló era un caso insólito, un acontecimiento desusado, una especie de aurora boreal.
Cuanta más libertad racional tiene la mujer más libertad merece y gana. Durante la guerra del 1914 la mujer ocupó la plaza del hombre en los lugares de trabajo y ya no los abandona. Y en cuanto a las mujeres que trabajan secularmente, recordemos las epopeyas de las cigarreras y la huelga de La Coruña. Hasta las amas de cría participaron en el movimiento. Por lo que se refiere al 19 de julio, si hubo mujeres fáciles que fueron al frente otras mujeres impulsaron a los hombres y se prestaron en hospitales y ambulancias, a las buenas obras, lo mismo que la producción. Los fallos de unas están bien compensados con las virtudes de las más. Y herederas de éstas son las mujeres españolas que hoy resisten con denuedo al oprobio del franquismo.
Recordemos el nombre de María Silva, “La Libertaria”, compañera de Pérez Cordón, asesinada. Recordemos las huelgas silenciosas, la intervención de las mujeres en la España de hoy como enlace heroico entre héroes. Ellas defienden la vida de los compañeros con firmeza extraordinaria, con iniciativas y abnegación ejemplares a riesgo de perder la vida. Y recordemos a las mujeres de 1902, de 1909, de 1911, de 1917, de 1919, las luchadoras contra la dictadura del 23 y tantas otras dignas de evocación.
¿Se ha preocupado el hombre por la mujer? Sólo se tiene a ésta por sexo contrario. Hubo un articulista -Viadiu- que llegó a escribir: “¡Que los dioses nos libren de una mujer emancipada!”. Los hombres admiráis a la mujer que sube a la tribuna, a la que propaga las ideas. Pero la admiráis a condición de que no sea la vuestra.
Bakunin ya dijo que era indispensable ganar la conciencia de la mujer para el triunfo.
En general se admira a las luchadoras como Luisa Michel, a las vengadoras rusas. Pero que no sean las mujeres propias. Y si reflexionamos bien, veremos que el esfuerzo de la mujer en la lucha es más meritorio que en el hombre. Ha de sufrir más que éste, rodeada de obstáculos: la familia, el ambiente hostil, el hombre mismo, que tiene en España a menudo posos de sangre árabe y se cree dominador, amo y celoso. Con esta mentalidad, la emancipación de la mujer es difícil.
Creo que los buenos estímulos harían de nuestras mujeres propagandistas de calidad en la tribuna de la prensa. Las mujeres inteligentes que se casan no dejan de ser inteligentes para ser madres, pero siendo madres abandonan todo lo que no sea el hogar. El marido dice a la mujer: “Tú para mí y para nadie más”. Emma Goldman llegó a anular su condición de mujer, pues no quería desatender la lucha. Creo que los hombres habrían de tener una visión inteligente para interesar a fondo a la mujer. Un ideal propagado por ésta tiene más atractivo que el mismo ideal propagado por un hombre.
El Vaticano tuvo y tiene el enorme poder que vemos porque lo concentra en la conquista de la conciencia femenina. A pesar de que los jerarcas de la Iglesia ven en la mujer la encarnación del diablo, todo lo edifica, todo lo funda la Iglesia en la mujer. María es la figura central del retablo cristiano y madre de la divinidad. La Iglesia cultiva el ñoño sentimentalismo femenino, es decir, la debilidad mujeril, atrae a la mujer para la confidencia y estimula su predisposición a lo patético con el culto a los corazones.
Lo usual en la mujer es el impulso dispuesto al sacrificio, tan vivo en el instinto maternal. La mujer se incorpora a las ideas más por el corazón que por la mente.
No pidamos responsabilidad a la mujer si la tenemos por ser inferior, sometida a tutela. En ninguna actividad permanece rezagada. Ya veis que en Francia la mujer vence al hombre en los concursos docentes. Si sólo se pide a la mujer que sea guapa, lo será hasta el delirio, aunque el hombre sea un Adán, pero se inclinará -como el hombre- por la ligereza y la frivolidad. Esto no es patrimonio exclusivo del llamado sexo débil.
La mujer tiene virtudes puras y es susceptible de un intercambio mental y moral con el hombre que no se crea amo. No exalto a la mujer, pero me sublevan las injusticias que se cometen con ella.
Ninguna transformación efectiva de la sociedad, ningún avance, ningún ideal se harán realidad sin intervención de la mujer. ¿Quién forma a los hijos? La madre. Pi y Margall tuvo una hija y dos hijos. La mujer de Pi y Margall era creyente y la hija, se hizo monja. Yo misma debo mi formación a mi madre. Los hombres de mañana, los hombres de todos los mañanas, los formará la mujer. En las Revoluciones rusas desde principios de siglo, las estudiantas instruían a los hijos de los aldeanos.
Cada mujer puede ser una artista en la vida. En ella reside la eternidad con el genio de la especie. Primero ha de modelarse ella y luego ella modelará al hijo. El sentido altruista lo posee la mujer en grado eminente. No lo estorbéis. Pensad que haremos más por la Revolución mundial estimulando la selección de una élite femenina que conquistando cuatro o cinco mil hombres. Que se ciegue la fuente de los egoísmos en el hombre, que se suprima de raíz el concepto de propiedad que tiene de la mujer.
Nada enriquece el valor íntimo de la mujer, nada eleva y dignifica a ésta como el convencimiento de que no es un ser inferior. Si ese convencimiento es efectivo, las vanidades y frivolidades quedarán reducidas hasta desaparecer, y el sentido superior de la vida neutralizará el concepto peyorativo de la mujer que tiene a veces ella de sí misma como hoja a merced del viento.
La vida es yunque. En él se moldea el temperamento. Cuando la mujer consiga la serenidad laboriosa de moldearse en el yunque, serenidad que consiste en hacer de la propia vida una obra de arte, cuando se vea estimulada y ayudada por el compañero de su vida, el ideal le parecerá más grande, pero también más asequible. Nada empequeñece y descorazona tanto como la vida frívola, incapaz de ascensión espiritual. Hay que elevar la mirada. Y entonces se perdona porque se comprende.
A los hombres les digo que Villiers de l’Isle Adam, en su “Eva futura” nos presenta una mujer especie de “robot”, que obedece a la automática y representa para las generaciones manicomiales el ideal femenino. No, no. La Eva futura estará en la comunidad perfecta del amor. No puede éste existir en el hombre si se cree amado por un ser inferior. No se puede amar integralmente al ser que se desprecie. Incluso por egoísmo, por egoísmo legítimo se entiende, el hombre ha de ayudar a la mujer, a callar atavismos propios, desprenderse de preocupaciones ancestrales. La personalidad humana tendrá entonces espacio para desenvolverse con libertad en los dos sexos y surgirá el necesario equilibrio. Para terminar, quisiera que vosotros, hombres, reflexionarais, y que vosotras, mujeres, os decidierais a compartir la reflexión y la decisión.
- Este artículo se publicó en la revista CeNiT número 138 (junio de 1962).
