Este año ha sido en el que se han quemado más hectáreas cuadradas en España desde que hay registro oficial (año 1968).
Cuántas veces nos ha venido a la cabeza una pregunta que no es fácil de responder, o sí. ¿Cómo es posible que en más de un verano se hayan producido, en sólo una provincia más de 100 incendios a la vez, en una Comunidad Autónoma, que cuenta con uno de los regímenes de lluvias más elevado de nuestra península? Porque una cosa es la magnitud de los incendios y otra, muy distinta, es la cantidad de esos devastadores desastres (¡100 en un mismo día!). No olvidemos que son las 17 administraciones autonó micas quienes tienen plenas competencias en dicha materia. Pero, que le vamos a pedir a esos gestores, si son ellos los primeros que miran para otro lado, además de ser fervientes defensores del nefasto negacionismo del cambio climático (léase PP y VOX).

Las comunidades gobernadas por los partidos antes mencionados, cada año invierten menos euros en lo que de verdad importa, que no es en la extensión de incendios (que también hay que hacerlo) sino en la prevención para que ellos no lleguen a producirse. Sobre los grandes incendios forestales, llevamos mu chos años escribiendo y continuaremos haciéndolo, el tema es de extrema gravedad, y cada año que pasa mucho más, pues la situación no mejora, antes bien, va a peor. Cuando se quemaban 200.000 Has anuales, la opinión escrita se llevaba las manos a la cabeza. Este año que ha sido el que más hectáreas han ardi do con 493.000 Has, y 14 muertes en Los Gallardos
(Almería), en cuanto ha llegado la crisis de Ceuta, el tema ha desaparecido, como por arte de magia, de la actualidad informativa.
Pero vayamos al asunto que nos ocupa en esta segunda editorial: los incendios forestales de sexta generación, llamados mega incendios, ya que la superficie quemada pasa de las 500 Has. Los incendios de sexta generación son fuegos forestales de gran magnitud (GIF) que superan la capacidad de control tradicional. Se desarrollan en contexto de cambio climático, sequías prolongadas y acumulación de mate rial vegetal seco. Poseen las tres características principales: velocidad de propagación, comportamiento errático y capacidad para generar su propio clima. Este tipo de incendio liberan enormes cantidades de gases de efecto invernadero, y de esta manera retroalimenta el cambio climático. Las columnas convectivas que se formaron en el incendio de Niebla no alcanzaron la altura (12º 13 kilómetros) característica de los denominados de sexta generación, pero si generaron igualmente grandes nubes en forma de hongos (pirocúmulos) formados a partir del movimiento ascendente y a encender nuevos focos. Las hojas de
eucaliptos actúan como “bombas de racimo” cuando vuelan a gran velocidad por efecto de las fuertes rachas de viento que se generan en torno a esas columnas convectivas. Cuando dicho hongo convectivo llega a una altura mayor provoca unos pirocumulo nimbos, que llegan a colapsar y arrasan grandes su perficies. Es entonces cuando se habla de un incendio de sexta generación, este fenómeno se identificó por primera vez en Sierra Bermeja (Málaga), en 2021.
¡¡¡ O cambiamos o la NATURA nos cambiará!!!
