Floreal Rodríguez de la Paz

Enredados siempre entre los valores de verdad o mentira, el encuentro entre ambos palabreos no será complicado con ciertos matices, con lo más emprendedor, para que, entre la mentira y la verdad, exista un coloquial y profundo diálogo que, seguro, tendrá notable calificativo. Vaya por delante “Mentir”: Pienso vivir 150 años. Y no es que será una mentira que pudiera justificar su contenido expresado. Aunque más bien se trata de no perder la ilusión por ello. Es decir, puede quedar como que miente el enunciado mensaje. Mentir puede certificar la mejor estima. Pero no hay que desilusionarse por ello.

Fue verdad siempre que entender sí, ¿pero no sabemos de dónde venimos, por qué y de qué estamos hechos?: ¿de la verdad? Más bien no. Y sin embargo termina siendo cierto que es mentira, y que lo de la suposición permite deducir que son verdades a medias, casi comprometido todo ello en que el respeto que merece la verdad difumina el mentís, dejando de ser mentira lo que sigue, después de no haber comprendido ciertos matices; porque seguro es que cuando se dice una verdad, que se sospecha ser incumplida, pasa a ser calificada de mentira ante la fuerza de lo razonable, pues, sin duda, demostrará el falcirrostro que certifica la imprudente idea del contenido, que lo expresa todo tan simplemente. Y luego vendrán los críticos, necesarios para todo, a levantar el vuelo, quizá porque el fin concreto de los valores de la verdad deben pasar precio, por lo que esconde siempre una mentira, aunque será aplastada por la Cultura de los dichos en todo razonamiento, ya que concede a la verdad máximo interés para que no se deforme el auténtico sentimiento, porque debe ser libre, sobre todo ante tanta confusión Social y política. La Verdad no puede venir disfrazada de mentira, por muy amable que se aconseje. Ha de ser la Nota Más alta del diapasón; si no es así, las músicas sociales difuminan la esencia, cuando lo que importa es dormir con la verdad, caminar con la verdad, conseguir lo imposible con la verdad, llegando al lugar deseado resolutos, libres, sin dar tregua a tan alta expresión de lo que debe ser el universo civilizado.

La Verdad condensa el fragor sobresaliente de todos los tiempos, de todo lo que debió ser posible, a pesar de la mentira, que pregonan en los desiertos religiosos, en las poderosas armas del dardo político, en los gritos del hambriento, en las cultivadas formas de la inteligencia Diplomada, en lo incomprensible de la ignorancia, en la fuerza de los que, caminantes son, no avanzan porque la mentira está institucionalizada. Bien sabido es que la Verdad anárquica puede terminar con las fuentes que destilan el vicio, la hipocresía, los privilegios palaciegos, las vigorosas fuentes taciturnas, el imperio de los aficionados a no saber dosificar la Vida, porque en ella está la única Verdad, que merece ser defendida. En fin, seguidores del Parnaso, seguidores de las costumbres que permiten realizar los Sueños y la Belleza del Orden, por lo que el Movimiento Libertario, sin tregua, desea seguir porque de eso se trata. Defiéndase la Verdad frente a la Mentira. La Mentira destruye: ¡La Verdad es la mejor forma de crear Vida y Futuro!

¿Es el todo? ¿Es la Nada? ¿Es todo y nada?

¿Son retóricos, en fin, la Nada, el Todo?

¿Un sueño? ¿Una locura? ¿Un triste todo?

¿Una sola y desnuda y pobre Nada?

¿Una transformación del Todo en Nada?

¿Es un mito la Nada? ¿Un juego todo?

¿Y qué es la Verdad? ¿Y qué es real?

 ¿Qué es todo?

Tanto todo ocultando tanta nada

 (Versos del poeta Gonzalo de Berceo)

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