Encarnación García Juliá

Para quien piense que el abolicionismo es una posición de teóricas sin contacto con la realidad y sin planes de acción concreta. Para quien crea que estar contra la sindicación de la actividad prostitucional se traduce en un perjuicio grave a las prostituidas. Pero también para quien sea capaz de cuestionarse lo que piensa, aquí van unas razones y unos hechos que seguramente desconozca. Lo siguiente es un resumen de la historia de AMMAR, AMDH y su relación con la CTA, a partir de la lectura de Graciela Collantes en “Nuestros cuerpos no se reglamentan. Relatos de organización y lucha desde la prostitución”, Ed. Marat, Buenos Aires, 2019. Esta historia de lucha desde la prostitución, pero contra la prostitución, tiene lugar en Argentina, y podría muy bien adoptarse en otros lugares.

Graciela empieza a organizarse con otras compañeras en su casa, ya libre de un proxeneta del que tiene que huir porque en el colegio empiezan a notar el sufrimiento de su hija, que es usada como rehén por el chulo para que Graciela no logre escapar de la prostitución. Entre ellas, hay mujeres que son hitos en la lucha del feminismo transexual, como Lohana Berkins. En el año 1993 conocen a Raquel Elena Disenfeld, que crea la agrupación de Mujeres Libres de Buenos Aires, inspirada en las libertarias españolas, y es todo un referente en el anarcofeminismo porteño, siendo su trabajo fundamental en cuanto a la creación de redes de apoyo feminista entre las mujeres víctimas de la violencia sexual (ya que lo primero que se hace es destruir sus vínculos personales para aislarlas). Esa red de apoyo entre mujeres es el requisito para reconstruirse psicológica y emocionalmente para la lucha y la organización. Esto es inicialmente un liberatorio, la liberación de la dependencia emocional hacia las figuras de las que dependes para el sustento y para todo, que te dicen que sin ellos no eres nada ni vas a conseguir nada en la vida, y que te hacen una inútil porque sin ellos no sabes ni pagar la factura de la luz (son los proxenetas, pero también los puteros, e indirectamente los que sostienen ese discurso de que acabar con esta actividad es quitarles el único sustento posible). En Argentina legalmente está prohibida la prostitución, pero en la práctica no se tocaba ni al proxeneta ni al consumidor, sólo se perseguía a la mujer prostituida, que aparte de los abusos y las palizas del chulo tenía que soportar las de la policía, que les hacía pagar sobornos, y las obligaban a estar debajo de un capo. Y esto seguirá siendo así en cualquier país donde no se actúe sobre los hombres que ofertan y sobre los hombres que demandan cuerpos de mujeres, al margen de cómo sea la ley. Fue necesario huir de los hoteles alojamiento, y de los prostíbulos, y buscar vivienda propia y alejarse de los proxenetas, si bien todavía no de los puteros. Creo que esta fue la condición previa de la transición que ellas hicieron. Empezaron a negarse a pagar a la policía. Su gran apoyo fue Lohana, que siempre las animaba a seguir adelante. Las apalizaban, incluso a las embarazadas, llegaban a matarlas en comisaría con los mismos métodos de la dictadura militar. Luego, empezaron a cortar las calles denunciando los abusos policiales. Y hacen paradas en las comisarías, y se les va acercando gente del activismo social. En 1994 la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) les ofrece ser parte de la asociación de trabajadoras del Estado, y crean AMMAR (Asociación de mujeres meretrices de Argentina), que no era un sindicato. Sus consejeras fueron unas antropólogas que les aconsejan que Lohana no fuera presidenta porque era transexual, a lo cual también transigieron en contra del sentir unánime del grupo. Luego se enteraron de que estas antropólogas estaban a sueldo de la embajada de Holanda, a cargo de la cual se había amueblado el espacio donde se reunían, sin habérseles informado de esto. En 1997, dentro de la CTA, están trabajando en la derogación de los edictos policiales (año 97, asesinato de Marta Cabrera por denunciar los abusos policiales en Rosario). Como hizo en 1928 Raquel Liberman, “la polaquita”, en 1998, llevan a juicio a los capos proxenetas, y retiran la denuncia porque el juez no les concedió la protección, y cuando más tarde intentan reabrir el caso ya está prescrito según la ley. Hasta este año, es una asociación de mujeres en prostitución, que lucha dentro de un sindicato, la CTA, ¡una lucha que no es sindical, que no es laboral, sino social! Ahora bien, la CTA, después de acogerlas así, las quiere hacer sindicato de putas bajo el concepto de “trabajo sexual”. El secretario general de la CTA (Víctor de Genaro), daba por hecho el asunto, y le comunica a Collantes que se había hablado ya con la Ministra de Trabajo, y que al día siguiente se iba a reunir la Comisión directiva para firmar el estatuto de reconocimiento del “trabajo sexual”… Y se monta una convocatoria de urgencia para que las integrantes de Ammar declaren que apoyan la iniciativa, con intimidaciones del tipo de sacar afuera al coche a tener una conversación, darles papelitos con el “sí” para que los firmen… Pero no resultó, y salvo dos o tres, ninguna votó por la reglamentación. Vuelven a hacer otra asamblea en 2002, y entre 120 mujeres en prostitución, más de cien no estaban de acuerdo, porque querían dejar la calle.  Se dividieron en Ammar capital (con Sonia Sánchez de presidenta. Su monólogo “Ninguna mujer nace para puta” está disponible en youtube) y Ammar CTA nacional (Elena Reynaga  y Jorgelina Sosa, las únicas dos de la Comisión ejecutiva nacional de Ammar que estuvieron de acuerdo con la sindicación…). Estas últimas eran las que querían sindicar, y como eran minoría no podían físicamente echar a las de Ammar capital del local donde se reunían. Hablamos de mujeres en prostitución organizadas como asociación dentro de una central sindical: una mayoría abolicionista, que lleva a cabo una lucha social, y una minoría procomercio que defiende la perspectiva del Trabajo Sexual (TS), laboralista y estrictamente sindical. ¿Qué harían los que son sindicalistas, si una de estas mujeres que se quieren organizar desde el abolicionismo le pidiera ayuda a su sindicato para hacerlo? ¿Le exigirían esa etiqueta de “trabajadora sexual”? ¿Dicen que qué harían con estas que les están viniendo para pedirles sindicación como “trabajadoras sexuales”? Aquí tienen un ejemplo real, de que para organizarse y conseguir mejoras no hace falta ese concepto, que el sindicato puede ayudarles a organizarse desde la acción social, que no les va a negar la ayuda ni la sindicación a ellas, sino que se lo deben negar al negocio, que es distinto. Estoy reportando una experiencia de lucha real y actual desde las propias mujeres en prostitución, y que no nos vengan con lo de que todas las abolicionistas son abogadas blancas con collares de perlas y tonterías por el estilo. Total, que al final de una tarde se presentan en el local dos de las de CTA Nacional con los del sindicato para hacer inventario de todo lo que hay para quitárselo. Las abolicionistas, que son mayoría, se atrincheran en el local bloqueando la entrada con una mesa detrás de la puerta (¿nos suena de algo esto?), y así van haciendo tiempo para ir sacando sus cosas antes de que les desalojen con ayuda de la policía. “Fue duro romper con ese monstruo, entre todas cargamos con el peso de sostener que nosotras no éramos trabajadoras sexuales” (p.53 del libro de Collantes).

Así se quedaron sin espacio y sin recursos, sin la cobertura de la central sindical. Pasan por una crisis de supervivencia. Se vendían por carne, por alimentos. Ellas siguen en prostitución, pero no se conceptúan como trabajadoras sexuales, sino que quieren salir de la prostitución. Más tarde, hicieron los trámites para que no las confundieran con las otras, sobre todo después de la causa abierta por la red de trata y explotación sexual de San Miguel, vinculada a Ammar Capital-CTA (las que defendían el “trabajo sexual”). Desde 2012, son AMADH (Asociación de mujeres argentinas por los derechos humanos).

¿Qué camino siguieron para liberarse ellas y para conseguir oportunidades de liberación y supervivencia al margen de las redes de prostitución, comparando con lo que han conseguido las de la sindicación del trabajo sexual? Empezaron a hacer marcha tras marcha, “pan, trabajo y educación”, al mismo tiempo que luchaban contra los códigos que penalizaban a las personas que se ganaban la vida en la calle, y que buscaban encarcelarlas, todo esto sin defender el “trabajo sexual” ni a los puteros, y ya se han quitado de encima a los proxenetas. Se reúnen en la sede el Partido Socialista y allí organizan ollas populares para las que están en la calle, y marchas todas las semanas a la legislatura (el Congreso Nacional), hasta que detienen a 15 personas de varias organizaciones, y meten en la cárcel a dos de las suyas sólo por pedir alternativas laborales, que estarán un año en prisión. El objetivo era acobardarlas, pero no se consigue. En cambio, de esta lucha de años exigiendo justicia a las autoridades públicas, las de AMDHA logran arrancar al Estado un programa de formación laboral para las mujeres en situación de prostitución, y la cobertura gratuita de un seguro social para tener derecho a sanidad y a una pensión de jubilación, sin regularizarse como “trabajadoras sexuales”. Esta mejora, que no se ha conseguido en los países donde la prostitución está sindicada y reglamentada, porque allí de hecho, sigue siendo en su mayoría ilegal y de trata, como les conviene a los proxenetas que la dominan, se consiguió por la acción directa de mujeres en prostitución fuera de los esquemas del “trabajo sexual”. Collantes logra salir de la prostitución; empieza a ser requerida para asesorar al gobierno en el tema de las mejoras para este colectivo social, y empieza a trabajar asesorando al INADI (Instituto Nacional contra la xenofobia, la discriminación y el racismo), todo esto, antes del retroceso que se va a vivir en los siguientes años, en cuanto a derechos sociales, persecución de las personas con actividad ambulante, y crecimiento de la pobreza. Exigen desde su ONG que el Estado adopte políticas sociales que frenen esta miseria, que es la que el discurso regulacionista está aprovechando para extenderse, que respeten sus propias leyes y tratados internacionales, de derechos humanos. Muy importante es un Plan integral de reconocimiento de derechos y de actuación en diferentes ámbitos: psicosocial, económico, laboral… El abolicionismo no puede reducirse a castigar al putero sin ofrecer alternativa laboral. En cuanto a los fondos para hacer política social abolicionista, se trata de expropiar a los explotadores para dar oportunidades a las explotadas, y de usar las multas económicas a los puteros para lo mismo, principalmente, creación de empleos para las supervivientes de la prostitución. Esto tenemos derecho a que lo haga también el Estado, y para esto debería organizarse a la mujer en prostitución, y no para clavarse más la argolla en el cuello. No necesita el concepto de “trabajadora sexual”, que la va a hundir más en la miseria y le va a cerrar la vía de salida de ese mundo de mafiosos y criminales. Todo esto lo tienen que presionar los movimientos sociales (la Ley de trata que AMDH impulsaron en el año 2000, por ejemplo, no se cumple, de nada sirven las leyes si no se cumplen). Hay que usar la ley sin caer en la trampa de la participación, sin involucrarse en el proceso legislativo, sin pedir leyes, sin participar en la redacción. Hay que presionar por el cumplimiento de las normas que sean justas, y que los políticos legislen a partir de la presión social.

El trabajo de AMDH, antes Ammar-Capital, y sus resultados, son suficiente prueba de que no es necesario adoptar el enfoque del Trabajo sexual ni crear sindicatos de “trabajo sexual”, para conseguir mejoras inmediatas para las personas en situación de prostitución, enfoque que en cambio no solamente no consigue estas mejoras, hecho constatado en los países donde la prostitución está regulada, sino que cierra las salidas a la actividad, al considerarla un oficio y una vía de empoderamiento para la mujer. En este sentido, la propuesta de Ammar de 2014 de ley regulacionista no contempla la cuestión de la creación de alternativas laborales, no recoge las demandas de las que quieren salir. De la misma manera, es una propuesta para las “autónomas”, mientras todas las que quedan bajo proxenetas, que enferman, son violadas, que mueren a diario, van a quedar excluidas siempre. Esto es comentado en una interesante entrevista a Romina Pereira, activista de la propia CTA de la que Ammar es parte, y contraria a la sindicación de la prostitución (véase https://www.youtube.com/watch?v=xk0bTG4ZJcY).  Destacar por último cómo el TS y la lucha regulacionista están hechos a medida del modelo de división jerárquica de las funciones en un contexto de capitalismo sin trabas: se trata de que las chicas desempleadas crean que la prostitución es trabajo y no la rechacen, y de crear un nuevo precariado sumiso a una explotación capitalista sin límite. No colaboremos con ello. El sistema prostitucional nos afecta a todos, y extiende su influencia a través de la pornificación de la cultura, que tiende a normalizar la cosificación del cuerpo de la mujer y la violencia sexual. Por eso, no podemos guardar silencio y esperar a que se normalicen estos esquemas y a que el enemigo nos coja el terreno, por eso debemos prevenir. La violencia patriarcal no es una cuestión menor; el patriarcado es uno de los pilares del fascismo y de su propaganda, al igual que el racismo, como se supo reconocer en la Conferencia Internacional Antifascista de Porto Alegre el 29 de marzo de este año 2026, en la que las mujeres, especialmente las racializadas, tuvieron un papel fundamental. El capitalismo, en su versión más supremacista, se nutre de la discriminación y del exterminio del diferente, y del odio por parte de una población ignorante y fanática. El movimiento libertario, más que ningún otro movimiento, debería cuidarse tanto de subestimar la importancia de este eje del patriarcado que es la cultura de la violación y el sistema prostitucional, como de represaliar o invisibilizar a quienes advierten contra sus máscaras humanitarias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *