Bruno Servet
Que Robert Francis Prevot, actual Papa León XIV, no es ni en forma ni en fondo un nuevo Francisco, ya se pudo comprobar en la toma de posesión de su nuevo mandato como papa de la ICAR. Es verdad que se tuvo que esperar algún tiempo, pero los primeros síntomas del giro papal se hicieron visibles en la misma toma de posesión de su nuevo cargo eclesiástico. Máxima autoridad dentro del organigrama vaticano. Ceremonia y vestuario (sutiles detalles) anunciaban que su mandato, aunque lejos de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, no iban a transcurrir por los senderos del papa argentino. La prueba más evidente de lo afirmado anteriormente se ha producido en su visita a España entre el 6 y 12 de junio, y su breve estancia en la Abadía de Monserrat (Barcelona- Catalunya), y su relación con el tema de la pederastia clerical en el monasterio catalán.

Muy recientemente ya dio muestra de supostura con la pederastia, me refiero al caso del obispo español Rafael Zarnoza Boy, pues bajo la excusa de que no se puede comprobar lo afirmado por el denunciante, se ha dado carpetazo al primer caso de pederastia de una alta jerarquía eclesiástica española, nada menos que el obispo de Cádiz y Ceuta. Lo ocurrido en la abadía catalana, la más importante de Catalunya, no ha sido un descuido pontificio, ni que los encargados de protocolo hayan traspapelado su agenda, o de manera intencionada no hayan querido poner en un grave aprieto al pontífice de Chicago. Lo ocurrido en Monserrat fue pactado en la ciudad del Vaticano entre Félix Bolaños y el nuncio vaticano en España. No había que poner el dedo en la llaga de la pederastia de la ICAR, y siguiendo, al pie de la letra el guion establecido en Roma no tocaba hablar ni de la pederastia ni con los denunciantes de la misma en tan significativo lugar. Aunque la Moreneta había sido testigo, silencioso, de los muchos abusos de los tres frailes benedictinos contra los 14 niños de la escolanía de Monserrat durante cerca de tres décadas. Así se cumplía el famoso mandato evangélico que dice: “Dejad que los niños se acerquen a mí, que yo sabré lo que hacer con su inocencia infantil”. Tal vez me falle la memoria y no es así lo que escribió el evangelista, o mejor, el romano de turno, allá en la época imperial de Constantino I el Grande: “Quien escandalice a unos de estos pequeños, mejor que se ate una piedra de molino al cuello y se tire al mar”. En este caso no solo no se han tirado al mar o por un barranco de Monserrat, sino que se han ido de “rositas” y no han dado con sus huesos en el frío suelo de una celda de castigo de la Abadía.
Así pues, en su visita a Monserrat, zona cero de la pederastia clerical catalana, el Papa León XIV, y siguiendo el protocolo establecido de no meterse en berenjenales y no molestar a sus compinches del PP y VOX, no habló de emigración ni de cambio climático ni de regularización de los emigrantes. Se fue por las ramas y soltó un sermón para fieles de misa diaria, hablando de “Renunciar a las palabras hirientes y a las calumnias, y aprender a custodiar el amor en la familia, los amigos, en el lugar del trabajo, en las redes sociales, los debates públicos y las comunidades cristianas, de manera que el odio ceda paso a la esperanza y la paz”. El Papa ha blanqueado los casos de abuso, generando el conocido como “efecto llamada” de diócesis y órdenes religiosas, de esta manera León XIV marca distancia con el papa Francisco, que abogada por la tolerancia cero y que abiertamente estaba por las bendiciones LGBTQ+, las cuales vuelven a estar bajo sospecha en la ICAR.
Para víctimas de la pederastia clerical de Monserrat: “No es coherente que el Papa hable de inteligencia artificial, el cambio climático, la inmigración, o la paz mundial, pero guarde silencio ante la impunidad que gozan los depredadores sexuales ante la justicia civil porque sus delitos están prescritos”. Hay que recordar que España, la muy católica y muy conservadora de sus muchos privilegios religiosos, es el país con más casos de pederastia clerical, pues ya van contabilizados más de 440.000. Para el Defensor del Pueblo, esta manera de actuar no es aceptable. Por su parte los responsables de la Abadía catalana siguen afirmando que: “siempre hemos intentado, intentamos e intentaremos estar al lado de las víctimas de la pederastia”. No se acuerdan de que en su religión uno de los diez mandamientos es el “no mentirás”. Pero eso no importa, ya que para ellos el mentir han sido sus señas de identidad desde su fundación. Lo de Jesús, su vida y su resurrección es uno de los grandes camelos de la historia de la humanidad. Y ahí siguen viviendo del engaño y la creencia en la vida eterna.
