Floreal Rodríguez de la Paz

Nadie vale más que lo decidido por el capitalismo. Es el Dios del círculo cerrado de los genios en el Poder: Esos que buscan las formas de confundir la realidad con el embrollo. Y sabiendo ser, puesto que tal condición nos permite ser arrastrados por la furia del Poder; son muchas cosas que se cuestionan ante la crítica y ante los mejores valores de la justicia. Pues bien, ya podemos definir el origen de la Miseria, el origen de la Opulencia y el origen de todos los episodios de la Tristeza a los que estamos sometidos, como el enfermo lo está, junto al inevitable poder de las medicinas que proporcionan empuje de por vida. Para triunfar en la política de Estado hay que someter a los ciudadanos al martirio, al sometimiento de cualquiera que sea el principio social. Y será desde entonces que la obediencia por la imposición logrará su recompensa. ¡Somos cobayas! Sin lugar para la duda, importa saber lo mucho que cuesta entender que tengamos que ser ciudadanos con cierto orden de preferencia: Cuánto cuesta ver que se nos obliga a hacer infinitas cosas sin que tengamos, por alguna razón, que acudir al cumplimiento de leyes que no son bien vistas desde los niveles ciudadanos, empeñados en que es posible vivir y dejar que los demás vivan igualmente. Será un deber inviolable que las leyes que obligan a cumplir se retracten de sus errores y de sus atropellos; naturalmente, si están dotados de criterios que en nada participaron los ciudadanos, caminantes, en busca de un pedazo de pan o de una buena razón convincente por la que poder certificar y justificar las necesarias formas que permitan gozar de una vida digna. Pero esto no es así: De ahí que surge la idea de considerar “ejemplos de cobayas”, ya que los fabricantes de leyes siempre son políticos que depravan en política, desmereciendo el aplauso porque no será verdad nunca, puesto que rinden pleitesía a la justicia de la verdad, aunque de manera confusa, deformando los hechos por incomprensibles, porque siguen al dictado lo que deben cumplir, especialmente desde la orden recibida por los que ejecutan la teoría de la misión, pues son siempre empresarios, para lo atribuido alevosamente, con toda  poderosa fuerza, que siempre es para que lo cumplan otros.

Y así se van desarrollando los ideales del gobernante. Desde su poder preconcebido por la jauría, para la toma de decisiones, que deben ser desarrolladas por la orden del cumplimiento directo para los cobayas cuestionados, o clase productora. Y sin embargo los gobernados, que bien podrían suplantar el fin concreto de futuro, siguen ateridos, por mucho que los gobernantes se propongan seguir experimentando con el yugo, de las arrastradas formas, sufriendo lo que diseñan unas minorías, con aparente forma genuina, en las políticas de gobernar, que siempre tienen al pastor, Estado Ejecutor. ¡Qué fuerte esto del Capitalismo! Nos compran y venden como trapos de limpiar recovecos. Nada de vibraciones sensibles por lo humano. Mucho menos, como si se tratara de una realidad solucionable, sin que tenga que mediar la tristeza, el abuso, la sinrazón, los egos, que casi siempre traicionan la otra orilla de los océanos, el falso criterio para conseguir cosas, y, sobre todo, el decoro cultural al que nos debemos los humanos desde la cuna. Para no ser cobayas será necesario difuminar las costumbres del Capitalismo: ¡Son el vapor volátil, de tanto como la experiencia nos comunica.

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