Salomé Moltó

Siempre me ha sorprendido el silencio de las personas mayores al no contar, y en cierta medida evitar, el hablar de tiempos pasados, evidentemente de la guerra civil y de la atroz represión que sufrió este pueblo, hasta que, ya en los cincuenta, como algunos dicen que el Opus le dio un tirón de orejas al dictador y se negoció, no sé qué con los Estados Unidos, y nos llegó, la leche en polvo y algunas cosillas más, así se construyó la central militar en la Sierra de la Aitana y otras, en otros lugares del país, pero claro, los republicanos que salieron a finales de marzo de 1939, no volvieron o por lo menos muy pocos. Muchos murieron en Campos de Concentración alemanes, otros en la 2ª Guerra Mundial que acababa de comenzar.
El ser muy inquieta, y vivir varios años en el extranjero, me llevaron a conocer a un sin fin de personas de diversas ideologías que, en la Segunda República, ejercieron cargos municipales diversos y hoy me llega un interesante libro, de Ángel Fernández, que nos narra su lucha contra el franquismo, como maqui, arrestado por la policía, fue condenado a muerte y después conmutado con cadena perpetua y que cumplió dieciséis años. No cuenta demasiado sus sufrimientos en las cárceles, que sin duda fueron muchos, en cada párrafo nos sorprende el gran amor que tuvo por su madre y la dramática situación en que la perdió.

Iban corriendo hacía el refugio, los bombardeos arrasaban Barcelona y la madre le dice de atarse los lazos de las zapatillas, ella continua hacia el refugio, él se agacha para atarse las zapatillas y únicamente puede ver como una bomba acaba con la vida de su madre, sólo el tiempo de acercarse a ella para tomarla en sus brazos, algo imposible con sus sólo nueve años. Ver agonizar a una madre, para un hijo, tiene que ser extremadamente doloroso y que marcará el resto de su existencia. Es la impresión que tenemos al leer este libro y sumamente emocionados del cariño que ejerce Ángel en el cuidado de sus dos hermanos pequeños, ya que su padre, herido y huido en las montañas poco podía hacer por ellos.
Por todo ello, sería sumamente interesante que, de los pocos supervivientes de aquellos tan dolorosos tiempos se pudiera fomentar la memoria histórica, pues, los descendientes de aquella época tienen el derecho a conocer la historia de sus antepasados y adquirir una cultura netamente necesaria.

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