Reyo Guevara, por 27 Millones

 

Inmediata disolución de la policía racista y asesina blanca de U.S.A

Las nuevas condiciones de pobreza, explotación y opresión que padecen 100 millones de trabajadores/as negros y latinos, en EE.UU., son el combustible explosivo que inflama el odio, contra la policía asesina blanca y racista, que se está expresando en las calles desde que fuera asesinado G. Floyd.
Dicha pauperización no la trajo la pandemia. Es la consecuencia cruda, brutal y demostrativa que la crisis del 2008 la pagó el pueblo trabajador.
La voracidad y velocidad de los cambios que el mundo entero está viviendo seguramente ya son un récord histórico. El crac que estalló en el 2008 rompió las costuras de la economía mundial, que fueran parchadas o remendadas para apagar el incendio en los principales centros de poder del mundo capitalista. Hubo pánico en las élites que dominan el mundo; temían que dicho estallido económico se transformara en un gigantesco motor de rebelión de las almas asalariadas, que terminaron cargando sobre sus espaldas los costos de los malos negocios burgueses.
Salvar a las principales transnacionales quebradas significó no solo dilapidar las reservas de los estados, sino también condenar a la ruina a millones de asalariados de clase media, y terminar de imponer los regímenes de trabajo tipo Maquila en toda la industria mundial.


Impusieron una feroz precarización laboral para que volvieran a acumular abultadas ganancias las transnacionales en ruina, con altas tasas de Plusvalía, extraídas a la clase trabajadora explotada a ritmos jamás vistos, con herramientas automatizadas y métodos de trabajo en serie -similar al viejo fordismo- pero a escala planetaria. Complementada con una nueva ola especulativa, basada en valores ficticios, jamás vista.
Ese breve ciclo terminó en el 2015/16. Y desde entonces se viene gestando una nueva crisis económica mundial, que aún no estalló, pero que cada semana levanta temperatura como el interior de una caldera en llamas.
¿Qué relación tiene esto con el odio en las calles de USA?
La prensa mundial más seria viene sorprendida por la masividad de los combates callejeros y la abundante ira que desató el crimen de G. Floyd, a manos de la policía racista blanca.
Tratan de explicar los sucesos desde una visión vulgar, donde consideran que las causas están en las estupideces y brutalidades de Trump. Y el tóxico legado histórico cultural en el estado y sus FF. AA, basado en la supremacía blanca.
Con esta visión apuestan a desviar la lucha, prometiendo una reforma policial que culmine en la derrota electoral de Trump en noviembre, para que los demócratas sean quienes salgan fortalecidos y “democraticen” todo el aparato represivo estatal. Ocultando, bajo “la alfombra”, la responsabilidad histórica del partido demócrata y la administración de dos períodos consecutivos de Obama.
Dejemos de lado las maniobras burdas de la burguesía “demócrata”, que administra el 49% de los estados: 24, con su socia la burguesía negra, que administra un sinfín de alcaldías e iglesias protestantes, y que intentan volver a legitimar ese régimen bipartidista, bonapartista racista. Como ya lo hicieron antes, con ese estafador profesional que fue Obama.
Es importante saber que desde hace más de un siglo en USA, cada alcaldía es gobernada por un Consejo Deliberante (C.D.), elegido por la población; pero el alcalde puede ser electo por este C.D o también puede ser vía un Manager contratado por dicho C.D. que actúa como un CEO de una empresa. La mitad de las alcaldías funcionan así. Las burguesías negras “demócratas” que dirigen alcaldías reconocen y son parte de este bonapartismo, que nada tiene que ver con la democracia burguesa parlamentaria, aunque el voto no sea obligatorio.
Y ni hablemos de la cantidad de jueces y altos oficiales de las FF. AA. negros que existen. Por esta razón es que no es exagerado afirmar que ya hay un fenómeno histórico de asimilación política, de la alta burguesía negra, a ese régimen racista. Obama, Colin Powell y las hermanas Raice son algunas personalidades que representan a esa alta burguesía negra, defensoras del régimen racista que odian y combaten las masas oprimidas en las calles ahora.
Las nuevas expresiones discriminatorias contienen una doble faceta, por un lado, por ser negro o latino; y, por otro, por ser pobre o explotado, es suficiente para ser “sospechoso” y merecer la muerte a balazos. Ningún negro/a o latino/a millonario ha sido torturado y asesinado en la calle por la policía blanca. La cuestión de clase termina siendo determinante en esa sociedad bestialmente clasista

.
El 2008 destruyó a la vieja clase media asalariada de USA

Cualquier observador al que le interese comprender la profundidad de la lucha de clases actual en EE. UU., se dará cuenta que no existen más huelgas como en otras épocas, ni sindicatos masivos que pesen en la lucha en curso.
Y por esta razón la lucha contra el Estado y el gobierno adquieren un carácter espontáneo y callejero, coordinado por las redes de internet y por fuera de los horarios laborables. Y esto se debe a que han impuesto una terrible precarización y explotación, al mejor estilo asiático. Con “contratos” diarios, semanales, quincenales y mensuales. Con regímenes de trabajo dictatoriales, donde no existe derecho a la sindicalización.
En el recuerdo quedó el viejo anhelo del “sueño americano” del siglo pasado. Tener vivienda propia ahora es una utopía, igual o peor que en México D.F, San Pablo, Lima, Santiago o Buenos Aires. Acceder y terminar estudios universitarios es sólo derecho de élites.
La pandemia sacó a la luz que existen al menos cien millones de parias, entre los negros y latinos, que trabajan en la más brutal precariedad y clandestinidad, sumado ahora a los nuevos 40 millones de desocupados/as hambrientos que la pandemia está dejando.
Estas condiciones de pauperización y degradación, de las filas de la clase trabajadora de USA, explican la creciente ira callejera. Es notorio ver infinidad de blancos/as en las calles luchando codo a codo con sus hermanos de clase negros y latinos. Jóvenes en su mayoría, y es porque han quedado por fuera de la economía.
El látigo de la burguesía, desde el 2008 en adelante, ha venido unificando al pueblo pobre trabajador. Mientras, ese 1% de súper magnates millonarios se ha hecho más rico y la clase media alta se ha reducido, pero ahora es más rica.
Podría decirse que la conformación de clases al interior de EE. UU. se ha “latino americanizado”. Con una variedad de grados de degradación social en cada estado. La miseria y ruina en los estados y municipios es tan diversa, que podríamos decir que la confederación de los 50 estados parece una “Mamushka”.
Esta nueva realidad es la que explica las causas materiales del porqué se quebró la convivencia “normal” entre las clases. Nunca más volverá a ser como hasta antes del 25 de mayo pasado.
Están dadas las condiciones necesarias para que se geste una genuina situación revolucionaria; donde los de “arriba no pueden seguir dominando como antes y los de abajo no aceptan más padecer esa dominación”. Es un momento histórico, sólo comparable a 1930, 1968 y el 2002.
Lo favorable a las masas en lucha es el descrédito generalizado del régimen bipartidista yanqui y los bandidos del poder judicial.
La espontaneidad, ahora se dinamiza no solo por el servicio de internet, sino esencialmente porque desaparecieron las antiguas organizaciones políticas de la izquierda, que hacían de quinta columna al interior de las masas oprimidas y rebeldes. El viejo castro-estalinismo bolivariano se calcinó, primero cargando sobre sus hombros la gestión continuista de Obama y después administrando la restauración capitalista en Cuba, garantizando la vergonzosa rendición de las FARC y últimamente la ruina y el colapso de la nación venezolana.
La ira callejera, que ya grita: DEFUND THE POLICE, es el grito revolucionario que más temprano que tarde desatará las llamas de la revolución en toda USA. Porque luego del primer crimen, el 25 de mayo, vinieron al menos tres más a manos de la misma policía racista asesina. Lo que demuestra que la bandera de lucha debe ser: desmantelamiento o disolución de toda la policía asesina de negros/as y latinos/as pobres.
Los 40 millones de negro/as pobres y los 60 millones de latinos, dejarán de ser oprimidos y súper explotados cuando se ganen a sus aliados de la clase trabajadora blanca empobrecida, y juntos destruyan esa maquinaria monstruosa racista y asesina que es el estado y el régimen de la arcaica constitución de 1789.
Hace falta que desde las calles de New York, Washington y Los Ángeles surja un llamado a rebelarse en todas las principales ciudades y centros de poder del mundo, para golpear unificadamente a esa élite del 1% de súper parásitos millonarios -dueños de las 100 multinacionales que dominan la economía internacional- que destruyen la humanidad y que ahora nos dejan morir en la pandemia.
El sistema capitalista, con sus gobiernos, es el responsable de los estragos de la pandemia y del hambre mundial.
La vida de la clase trabajadora mundial importa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *