Manel Aisa i Pàmpols

 

El 29 de junio de 1914 nacía, en Barcelona, Concepción Martí Vall en el pasaje Pont de la Parra nº 3, lugar desaparecido debido a la construcción de la Vía Layetana de Barcelona.
Entre el escaso legado escrito que nos ha dejado Ada Martí, todo y que fue una militante anarquista muy significativa a la vez que activa, sobre todo a destacar su implicación en el período revolucionario de 1936-1939. Tanto en el campo juvenil por su juventud como en el periodismo que ejerció desde el primer momento en las principales cabeceras de los periódicos y revistas anarquistas.
Pero hoy, al celebrar su 106 aniversario, quisiera hablaros un poco de su relación o mejor, las respuestas que dio el escritor Pío Baroja a una Ada Martí joven pero ya culturalmente formada que difícilmente se dejaría engañar.
Gracias a las tres cartas de Pío Baroja dirigidas a Ada Martí, que se conservan en el Ateneu Enciclopèdic, podemos intuir cual eran las preguntas que la propia Ada Martí le hacía al legendario escritor de la generación del 98.
La primera de las cartas que tenemos a mano viene fechada el 17 de febrero de 1936; se trata de la respuesta de Baroja a una anterior de Ada Martí Vall, y un tanto campechano, Don Pío inicia la carta de esta manera: Efectivamente, como supone Vd., hoy tarde con amigo Claviso estoy en el comedor de casa; Baroja destaca en la carta, que vive con su hermana y el marido de ésta. También le hace saber que hay un niño pequeño en la casa; le habla de su sobrino de 21 años que estudia filosofía y es muy aficionado a la prehistoria; sin duda se trata de Julio Caro Baroja, que tiene la misma edad, poco más o menos, que Ada Martí. No en vano Pío Baroja es un escritor ya mayor de 64 años, que agradece el aliento de una joven como Ada Martí, que mantiene una correspondencia estimulante a la vez que Baroja trata de entender las inquietudes de las nuevas generaciones. Por otra parte, confiesa de alguna manera que se siente mayor y algo melancólico. Pero al entrar en contacto con ella, su actitud cambia un poco, y le pide que le mande una foto, aunque sea de tamaño minúsculo. También le habla de uno de mis amigos, “médico de San Sebastián y que estuvo en un colegio de frailes me suele decir con cierta sorna que lo que me gusta es castigo al pecado de soberbia que para la religión católica es el más grave. Muchas gracias por su carta. Alguna que otra vez recibo carta de alguna mujer que hace comentarios sobre mis libros, no tan agradables para mí como los suyos, ni tan inteligentes, con mucha pedantería me insultan.
No me confunde vd. eso del profesor Aris porque yo no conozco al mago que sufrago, debe ser un valenciano charlatán que hace horóscopos como vendería chuflas”.

Ada Martí Vall con sus dos hijos Frédéric i Claude en los años 50.

(foto cedida por la familia)

La carta firmada por Pío Baroja está fechada en la calle Mendizábal nº 36, se supone de Madrid, aunque no lo indica.
Sin duda Pío Baroja agradece las palabras y reflexiones de Ada Martí, que sin duda ha leído más de uno de sus libros y ha entendido a más de uno de los personajes de sus novelas y Pío las diferencias de otras que sin duda son más superficiales.
Por lo demás Profesor Aris y su charlatanería seguro que se están refiriendo a un personaje del momento que no alcanzo a interpretar.
Otra de las cartas que encontramos entre la documentación que nos ha llegado hasta hoy está fechada en Madrid, el día 1 de marzo de 1936, y dirigida naturalmente a Conchita Martí y, como la anterior, está redactada con papel membrete de la Real Academia Española; en ella Pío Baroja escribe siempre a mano, y ya muestra su satisfacción por haber recibido la foto que le había pedido a Ada Martí: “su foto lo bastante para apreciar su silueta juvenil y graciosa”. Sin duda es una manera sutil que busca don Pío para decirle “guapa”, aunque le falta algún adjetivo a la frase, Baroja busca el afecto de una joven que, apasionada por la lectura, ha leído buena parte de sus novelas y lo cree un hombre revolucionario, aunque él ya le advierte de la edad que tiene, y de las cosas como se las debe de tomar en calma.
Le remarca que le hace demasiadas preguntas y acentuadas y que para él son difíciles de responder a una mujer amable y simpática e insiste en que es un típico hombre corriente; también Pío le habla de su padre, donde lo clasifica como “Se hace un resumen de mi vida. En la adolescencia sin dirección. Mi padre era hombre de poco sentido social. Era engreído, ganaba un sueldo pequeño, lo gastaba en casa, con frases tangibles, pero no pensaba que una sociedad como la española, no pensaba e intuiría el que quiera que sus hijos prosperasen”. Al parece Pío Baroja le revela algunas características de su padre, donde muestra alguna discrepancia de criterios entre padre e hijo. Siguiendo la misma carta también le comenta algún detalle de cuando estudiaba medicina en Valencia y que no tenía ataduras familiares, lo cual le permitía viajar. Prosigue narrando que tiempo después “me propuse acabar la carrera y poco más o menos que refugiarse en algún caserón vasco con un buen campo verde y húmedo”. La carta es extensa, compuesta de cuatro folios que van dando respuestas a las preguntas de Ada Martí.
El 3 de abril de 1936 Baroja se dirige de nuevo a Ada, “su estimada Conchita Martí”. Pío, en un alarde de sabiduría y con la maestría de gran pedagogo, alienta a Ada Martí, incluyéndola entre “la gente joven e inteligente”. La línea que don Pío Baroja trata en la carta va tomando un cariz personal, exponiendo su concepción del mundo; afirma que todos somos iguales, pero como el árbol, todos con hojas diferentes. Contestando a lo que la joven Ada le ha preguntado, invitándolo a asistir a alguna de sus conferencias o presentación de libros, Pío le contesta: Me pregunta ud. si no voy a ir a Barcelona, no. ¿Qué quiere ud.? el sol y el mar azul no me ilusionan. Constituyen un escenario agradablemente intimista pero detrás de eso yo no veo más que la duración; y al final de la carta reconoce sus preferencias: “si tuviera dinero y no tuviera reumatismo me iría al norte de Inglaterra y a Noruega”, reconociendo, de alguna manera, que este viaje es ya un sueño imposible. Termina la carta diciendo que “yo ya no necesito brújula porque estoy anclado en el puerto, conste que sé, que es lo que debe estar anclado a la aguja de marras”. Esta es la última de las cartas de Pío Baroja a Ada Martí, conservada en el Ateneu Enciclopèdic Popular (1).
Creo que la Joven Ada Martí Vall había idealizado en demasía al escritor vasco por sus novelas, donde, en la mayoría de ellas, llevaba el ímpetu juvenil y rebelde de las juventudes libertarias que luchaban por cambiar ese mundo capitalista tan injusto, pero realmente un ya mayor escritor Pío Baroja tenía otras opciones o prioridades, y ante todo, para él, había llegado la calma de los años transcurridos.
Faltaban tres meses justos para que estallaran las hostilidades en todo el país y Ada Martí quedó un tanto decepcionada con Pío Baroja al ver su tibia actitud ante el conflicto bélico. Entusiasta lectora de sus novelas y con sus personajes no comprendía el poco compromiso del ilustre escritor con aquellos actores que él mismo había descrito y que ahora luchaban por la dignidad humana. Pío Baroja quedaba bastante al margen y muy poco comprometido tanto con la República como con las libertades que ésta trataba de defender. Así, un año más tarde, y en plena revolución y guerra, en la revista “Nosotros”, Portavoz de la Federación Anarquista Ibérica de Valencia, Ada Martí escribe el artículo que lleva por título: “La paternidad admirable de Pío Baroja”:
Ni un reproche, ni una defensa, un recuerdo. Pero ¿es que don Pío tiene algún hijo?, se preguntará el lector que cree conocer la vida del ilustre escritor vasco. ¡Bah! le contestaré ¿acaso para ser padre precisa haber engendrado? A mi entender la paternidad nada tiene de común con la fecundación -siempre casual- a menudo involuntaria de un espermatozoo. Casualmente la mujer a quien considero tanto como a mi verdadera madre, no tiene hijos ni por su edad puede tenerlos. Sin embargo, ninguna como ella merece el nombre de tal. Algo parecido me sucede con Don Pío, tal vez mi afirmación le parezca a alguna… irrespetuosa. Pero sospecho que, si el azar me pusiera frente a él, mi primer impulso sería darle un abrazo. “¡Chepa”, su gato predilecto dormitando en las rodillas y allí quietecita escucharle! No ha mucho uno de mis amigos exponía sobre don Pío parecida opinión…
¿Qué barojiano repito, al leer uno de sus libros autobiográficos, no ha creído hallarse alguna ver en Itzea en el ambiente amable de la vieja casona vasca? Que yo imagino grande, severa, un poquito triste…
¿Quién negará que en sus sabrosas narraciones viva el encanto tiernamente anacrónico de las serenas veladas familiares?
Por lo que a mí respecta no tengo inconveniente en confesar que, algunas veces, he creído ver en Baroja un padre afectuoso y comprensivo, de ahí mi afecto por él, más grande, si es posible, que mi admiración y respeto; otras, en cambio, me parece para ello harto juvenil pese a su juventud. Una (Ada) se siente ya un tanto vieja.
Dejando aparte mi opinión nadie negará que, en lo que a su influencia se refiere, don Pío es para los jóvenes literatos amantes de la buena literatura de nuestra generación un verdadero padre.
En efecto, los libros de Baroja influyen… en los gustos y aun en la psicología de sus lectores, en cuya alma graban con huellas indelebles el amor a la aventura, a la independencia y a la verdad. En el fondo cierto amargo escepticismo. (…)
Baroja merece, como pocos, el nombre de padre. Y como tal concepto es en mi opinión el único válido moralmente, para todo barojiano un padre comprensivo y admirable (2).
Sin duda el respeto y la estima de Ada Martí con Pío Baroja y todas las situaciones sociales que describe en sus obras están siempre presentes. Y cuando habla de un amigo también barojiano, sin duda, se está refiriendo, como después comprobaremos, al anarquista José Raimundo, que estuvo en la FECL (3) con ella y participó con su pluma en otras publicaciones libertarias.
Pero donde Ada Martí saca toda su cólera contra la persona de Pío Baroja será ya, bien entrada la guerra, en una nota en la revista “Fuego” donde dice (4):
Pío Baroja, el ex hombre malo de Itzea y más luego académico de la lengua, prepara un nuevo libro, acaso el último de su vieja existencia de novelista. Y el primero -declarado- de su reciente vida de cochino traidor. Por primera vez, saludo la próxima aparición de una obra barojiana con lágrimas y no con alborozos. Y la herida queda honda, sangrante en el pecho de aquellos que le hubiéramos preferido muerto ha encenagado.
Sobran las palabras para entender que Ada Martí andaba muy herida con Pío Baroja, por todo aquello que ella había querido entender en sus novelas, en sus personajes y que ahora el propio Baroja había destruido.
Ada Martí Vall terminó con su vida después de una absurda muerte de su hijo mayor, que no pudo soportar Frédéric una operación de amigdalitis en París, después de una noche de profundas depresiones que calmó con demasiados somníferos y que propiciaron su muerte, era el 1 de diciembre de 1960, dejando a su otra hija, Claude, con su primer compañero del exilio, Frédéric.

 

Notas

1.- Epistolario Ada Martí – Pío Baroja. Fondo Abel Paz, Ateneu Enciclopèdic.
2.- Nosotros, 5 julio 1937 Portavoz de la Federación Anarquista Ibérica, Valencia, artículo de Ana Martí “La paternidad admirable de Pío Baroja” Ni un reproche, ni una defensa, un recuerdo.
3.- Federación Estudiantil de Conciencias Libres
4.- Fuego, nº 1. Regional de la Federación Ibérica Estudiantil Revolucionaria, nº1 Mayo/Junio 1938

 

 

 

 

 

 

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