Miguel Correas Aneas

 

Akiko Yosano (SHÔ HÔ): “Poeta de la pasión”

Akiko Yosano es conocida como la “poeta de la pasión”. Nació en Sakai, cerca de Osaka (Japón), el 7 de diciembre de 1878, y muere en Tokio el 29 de mayo de 1942. Su nombre de soltera fue Akiko Hô Sakagami. Tras su boda con el poeta japonés Tekkan Yosano, sería conocida como Akiko Yosano. Traigo aquí la figura de esta gran poetisa japonesa para hacer ver que la lucha por la emancipación de las mujeres no es solo una cuestión exclusiva de Occidente, aunque haya sido en esta parte del planeta donde se haya producido con mayor intensidad y duración. Allá por 2007, la editorial Hiperión publicó una antología de poemas de Akiko con el significativo nombre de “Poeta de la pasión”, con traducción y notas de José María Bermejo y Teresa Herrero, de tan sólo 123 páginas, una verdadera joya poética. El genio poético de Akiko era -prácticamente- desconocido para los lectores y lectoras de poesía en lengua castellana. La selección contiene 399 tankas (con estructura versal 5-7-5-7-7, sílabas) y dos magníficos poemas: Primeros dolores de parto y ¡No debes morir! (Lamento por mi hermano Soshichi, en el asedio de Port- Arthur). Un sobrecogedor poema pacifista. El cual no me resisto a transcribir al final de este artículo.
Para situar a Akiko Yosano, nada mejor que hacerse eco de las palabras que aparecen en la contraportada del mencionado libro, ya que sitúa a la poetisa japonesa en su auténtica dimensión. Dice así: “La figura de Akiko Yosano (1878-1942) emerge en la historia de la literatura japonesa con una fuerza inusitada, no solo como poeta, sino también como mujer. En ambas dimensiones dejó una huella tan profunda y duradera que aún nos sigue asombrando. Revolucionó la poesía con Midaregami (“Pelo revuelto”), un libro juvenil absolutamente innovador, fresco, intenso, atrevido, que marcó para siempre a Akiko como “poeta de la pasión” (jonetsu no kajin). Al mismo tiempo, lideró el movimiento de liberación de la mujer japonesa con un ardor sostenido y con una clarividencia muy llamativa en una mujer que llegaría a tener 13 hijos/ hijas (2 murieron muy jóvenes, los demás llegaron a la edad adulta), y que -frente a un marido inestable- asumió el reto de sacar adelante a su familia. Akiko llegó a ser el prototipo de la “mujer nueva” (atarashii onna), asumiendo ella misma el liderazgo contra una sociedad machista que le relegaba al papel de objeto de deseo o, como mucho, al papel de esposa y madre sumisa. Akiko exigía para la mujer, en relación con el hombre, los mismos derechos legales, la misma educación, la misma independencia económica, y, sobre todo, la responsabilidad de asumir su propia vida y expresar libremente sus sentimientos”.

Akiko Yosano

Vivió entre la era Meiji y la era Taishô. Fue pionera en el feminismo, el pacifismo y las reformas sociales. Fue también una de las más famosas y controvertidas poetisas de la historia de la literatura japonesa. Nació en una próspera familia mercantil. Desde los 11 años se hizo cargo del negocio familiar. El negocio producía y vendía yôkan: postre de gelatina, hecho con anko, agar-agar y azúcar. El anko es una pasta de judías rojas y el agar-agar es una pasta de algas. Su cultura era bastante amplia, ya que leía libros de la variada biblioteca que tenía su padre.
Durante sus estudios secundarios se suscribió a la revista de poesía Myôjô (estrella brillante), de la que era director el que fue su marido en 1901, Tekkan Yosano. Ella se convirtió con el paso del tiempo en una destacada colaboradora de la revista. El propio Yosano le enseñó a componer poesía, modalidad tankas. Akiko introdujo la antigua tanka en el mundo poético moderno japonés. Sus poemas tenían una particularidad, ya que la autora introducía en ellos palabras de la lengua china. Su libro de poesía Midaregami (“Pelo revuelto”) se publicó el 15 de agosto de 1901. Las ilustraciones son de corte modernista, movimiento poético que triunfaba en Occidente en esa época. El título alude al estado del pelo de la mujer después del acto sexual, por lo que causó un gran revuelo en la sociedad japonesa tan conservadora y recatada en temas de sexualidad. El tipo de estrofa no era nuevo, ya que era una de las formas más características de la poesía japonesa, junto con el haiku, al cual precede. Lo que era nuevo era su tono libre con respecto al tratamiento del erotismo de la mujer, el cual se expresaba, en sus poemas, sin reparos de ningún tipo. Téngase en cuenta que estamos hablando del año 1901, cuando todavía el antiguo Japón no se había abierto a los nuevos aires culturales y a la modernización que se llevaba a cabo en otras muchas partes del mundo.
Escribió ensayos contra la opresión de la mujer y en defensa de los derechos fundamentales de las mujeres japonesas. Murió a causa de una apoplejía en plena Segunda Guerra Mundial. Últimamente su figura y su estilo ha tomado nueva notoriedad. Fue renovadora en diversos campos sociales y fue muy culta. Llegó a tener una considerable biblioteca, que terminó entre las llamas a causa de rencillas y envidias contra ella. Fue una gran admiradora de la escritora más importante de la historia literaria de Japón: Murashaki Shikibu. Murashaki fue la autora de la novela más importante escrita por una mujer en Japón en cualquier época. Multitud de escritores consideran que la obra de Murashaki Shikibu está a la altura de El Quijote de Cervantes o de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. De haber sido hombre su extraordinaria obra El Genji Monogatari (Vida del Príncipe Genji) sería conocida mundialmente.
Akiko pedía/exigía para la mujer los mismos derechos legales, la misma educación, la misma independencia y responsabilidad para asumir su destino. Pedía los mismos derechos que se les concedían a los hombres. Akiko Yosano afirmaba de sí misma: “Yo estaba rodeada de conservadurismo, hipocresía, corrupción, ignorancia, vulgaridad y de la atmósfera deprimente de mi región y de mi familia, odiaba todo eso… un día se abrió ante mí el mundo luminoso del arte y del amor y me puse a danzar…”. Y con ese nuevo baile: vital, artístico y amoroso, cambió todo para ella. Nuestra poetisa con sólo 20 años y con sólo un libro entraba (junto con Ono no Komachi Y Izumi Shikibu, las dos grandes poetisas de la era Heinan) en la historia de la poesía amorosa japonesa. Todo a causa de su atrevido y sugerente libro: Midaregami. Pero Akiko Yosano iba más lejos que aquellas maestras de la poesía amorosa. Akiko expresaba con directo descaro la sexualidad femenina y el sentimiento de la pasión, desafiando las convenciones de una cultura dominada por los estereotipos masculinos.
El libro Midaregami va más allá de una ideal armonía entre el yang masculino (luz, activo…) y el yin femenino (oscuridad, pasividad). La mujer muy enamorada expresa sus sentimientos directamente, con la fuerza impetuosa que reivindica el bullir de la propia sangre, símbolo recurrente de la propia sexualidad. El negro “pelo revuelto” sugiere belleza, pero también locura. El color rojo es esencial en la simbología del Midaregami: alude a una energía conectada con las fuentes de la vida, con algo sagrado y, en cierto modo, salvaje e inocente. En consecuencia, hay rechazo hacia la idea de pecado y una crítica beligerante contra la insensibilidad masculina y contra las normas opresivas de la sociedad hipócrita, de la religión represora y de la prepotencia del poder que consagra la destrucción y la guerra. Junto al color rojo de la pasión, el color violeta (murashaki) que simboliza el grado más alto del amor. La mujer en Midaragemi aparece como una muchacha desinhibida, orgullosa de su negro pelo revuelto, signo visible de su pasión salvaje y su poder de seducción. El cuerpo humano, sobre todo el cuerpo femenino, estigmatizado o escondido por una cultura pudorosa que lo relega al secreto del arte erótico, se muestra en su libro, en todo su esplendor, como expresión directa y no velada del sentimiento amoroso, con cierto orgullo narcisista que se recrea en su belleza juvenil y en su inocencia virginal.
Akiko Yosano llegó a escribir: “Mi poesía es mi vida”. Con esas palabras penetrantes resumía la perfecta simbiosis entre su vivir y su sentir. En un poema suyo se define a sí misma como ser luminoso y sensible, que no elude lo oscuro, este lo asume como contrapunto a su ardiente fulgor. Poema: Mi corazón/es como el sol/ahogado en la tiniebla/ empapado de lluvia/ batido por el viento. Para terminar, he aquí el poema antes mencionado:

 

¡NO DEBES MORIR!

Joven hermano mío, por ti lloro,
te lo suplico: ¡por favor no mueras!
eres el más pequeño, el más mimado,
nuestros padres te aman con locura.
¿Acaso te enseñaron nuestros padres
a manejar un arma de matar?
En veinticuatro años, ¿te enseñaron
a matar a los otros o a morir?

Tú debes suceder a nuestro padre
y ostentar con orgullo nuestro negocio,
este viejo comercio de sakai…
¡Te ruego, hermano mío, que no mueras!
¿Cómo podría nuestro Emperador
entrar personalmente en la batalla?
Él no puede hacer eso, y si fuera
tan verdaderamente compasivo,
¿cómo podría pensar que es un honor
matar a otras personas, que hay alguna
dignidad en morir como las bestias?

¡Hermano mío, no mueras en combate!
Mamá sobrevivió el último otoño,
llorando la tragedia de la muerte
de nuestro padre, y además de hacerse
cargo de la familia, ha soportado
tu alistamiento. Y aunque todos hablan
de la paz imperial, lo cierto es
que el pelo de mamá se ha vuelto blanco.

Tras la cortina llora, cabizbaja,
tu esposa joven, frágil… ¿La olvidaste
o aún te acuerdas de ella? No han pasado
más de diez meses desde vuestra boda…
¿Cómo se sentirá su corazón?
Ella no tiene a nadie en este mundo.
¿En quién podrá apoyarse sino en ti?
¡Te ruego, hermano mío, que no mueras!

 

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