Bruno Servet

Pasada la etapa de Rouco Varela, ha tomado su relevo, como azote de herejes y “gente de mal vivir” y actuar, según sus propias palabras, otro arzobispo de gran abolengo franquista, el actual arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera. Nacido en Utiel -Valencia- el 15 de octubre de 1945. Es académico de la Real Academia de la Historia, dato este para tener en cuenta, ya que debería conocer la Historia reciente de España y de la organización a la que pertenece desde 1970. Ha sido fundador y expresidente de la Asociación Española de Catequistas. Desde 2014, es arzobispo de Valencia y, desde 2017, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española. El 9 de diciembre de 2008 fue nombrado, por Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger, en la actualidad papa emérito), Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Santos Sacramentos. Para ellos todo lo suyo es sagrado y respetable, mientras que las ideas de los demás son peligrosas y deleznables si no van en la dirección que a ELLOS les interesa, como veremos más adelante.
Este prelado valenciano, anclado en el franquismo más recalcitrante, ha escrito una carta a sus feligreses (¡¡¡por lo que se ve no hay mujeres en la ICAR!!!) bajo el título Reflexiones al hilo de los hechos, que no tiene desperdicio, en cuanto a reflejar la retrógrada postura de la ICAR, en la situación política en la que está inmersa España. Es verdad que, de pocos meses acá, no hace falta que den tanto la cara y se les vea el plumero de su rancio nacionalcatolicismo, ya que la llegada de VOX (partido ultraderechista, homófobo, machista, racista y herederos directos del franquismo asesino…) a las instituciones políticas está permitiendo que éste se convierta en el más genuino portavoz de sus bastardas reclamaciones.
Es mi intención transcribir íntegramente la mencionada carta para conocer, de primera mano, lo que piensa el mencionado cardenal y por extensión el conjunto de la ICAR, cuyo órgano directivo ha guardado un absoluto y cómplice silencio sobre lo expuesto en la mencionada misiva. Después, haré las consiguientes puntualizaciones a algunas de las ideas expuestas en la citada carta cardenalicia. El texto de la carta es el siguiente:
“El anuncio y conocimiento de un “preacuerdo” entre socialistas y socialcomunistas ha causado conmoción por lo que se refiere a la economía y previsibles cambios políticos. Las repercusiones efectivas económicas han sido inmediatas, las reacciones y los comentarios en Europa y España, además de negativos, nos dejan un gran temor. Si nos fijamos bien, el “preacuerdo” tiene connotaciones culturales, antropológicas y visión de la realidad que van más allá de lo económico, y dejan o generan una preocupación grande. El cambio al que se dirige el “preacuerdo” va más allá de lo que parece una simple lectura; tiene un calado hondo, no tiene nada de progreso, aunque se autodenominen los firmantes como “fuerzas progresistas”. Con el “preacuerdo” se instaura o atisba un cambio cultural, se impone un pensamiento único, con una visión del hombre que pretende generalizarse a todos, la aprobación de la eutanasia, la extensión a nuevos derechos, la ideología de género, el feminismo radical, ampliación de la memoria histórica que fomenta el odio y la aversión. Estas cuestiones presentes en el “preacuerdo” hacen pensar y prever en una profundización e inmersión en una crisis muy honda sobre todo cultural, pero también en una crisis política e institucional, democrática, social, religiosa, una crisis de lo que constituye España en su realidad e identidad más propia.

Cardenal Cañizares

En muchas partes y ámbitos se sigue hablando de crisis económica mundial inmediata que, según los expertos, será aún más grave incluso que la pasada. Pero más grave aún será la crisis cultural y de identidad sufridas ya por España en el marco del Occidente, con sus connotaciones propias, la que, si llega al Gobierno de la Nación esta coalición y lo que se atisba en el “preacuerdo”, se ahondará más. No voy a hacer de mago agorero, pero que sí digo -a la vista está- es que seguimos inmersos en una crisis humana honda, agrandada. Para esta crisis humana, a mi entender, no se están tomando mancomunadamente las medidas requeribles, exigibles y posibles, ni se adoptan las respuestas que debieran ser prioritarias en estos momentos -casi todas tienen que ver con la educación-; es más, creo personalmente que esa crisis humana y cultural honda es crisis de la verdad del hombre y de la sociedad, verdad que debiera sustentarla y hacerla libre y esperanzada. Me refiero concretamente, por supuesto, a la crisis de sentido de la vida, crisis humana, antropológica, moral y de valores universales, crisis espiritual y social, crisis en los matrimonios y en las familias sacudidas en su verdad más auténtica, crisis de sentido y del sentido de la verdad, -se habla de una etapa de postverdad y posthumanismo-, crisis en la educación y en las instituciones educativas, derrumbe de principios sólidos, confusión de conceptos y de los derechos humanos fundamentales no creados por el hombre, relativismo moral y gnoseológico, nihilismo y vacío, disfrute a toda costa y predominio del tener y del bienestar sobre el ser, falta de esperanza, libertades sin norte y pérdida de la verdadera libertad, laicismo ideológico, pérdida u opacidad del sentido de trascendencia, etc. Todo ello, sin duda, está quebrando nuestra sociedad y el verdadero sentido del hombre y el orden y la paz, y aún se quebrará más si no se pone remedio. Nos encontramos ante una grave emergencia, la emergencia de España, y por encima de otras cosas, como en la ‘transición’, sigue estando España.
Se está imponiendo o se ha impuesto una nueva cultura, un proyecto de humanidad que comporta una visión antropológica radical que cambia la visión que nos da identidad y nos configura como pueblo, y hasta como continente, me atrevo a decir: la identidad recibida de nuestros antecesores en nuestra historia común. En el fondo, detrás de todo ello, estimo, está la pérdida grave o el oscurecimiento espeso del sentido de la persona y su dignidad. Y añado más: detrás se encuentra la ofuscación, reducción e incluso el abandono de la referencia del sentido de la trascendencia, de Dios, de Dios Creador y Redentor, y de la razón natural, o más precisamente aún, el abandono y el olvido, que es olvido y negación del hombre, aunque no se quiera reconocer así.
Todo esto conduce y nos está haciendo padecer una verdadera situación patológica. Sé que me van a criticar -¿qué importa?, soy libre el tiempo que me dejen-, pero nuestra sociedad está ‘delicada’ no podemos ocultarlo; hay que decirlo, aunque resulte políticamente incorrecto decirlo o se me tilde de pesimista, de profeta de calamidades, o de conservador. Habría que estar ciego para no ver lo que nos pasa, para negarlo, porque tal vez se ha perdido capacidad para reconocerlo o para afirmar lo contrario. Y los medios de comunicación social, o algunos medios, inconscientes, están al servicio de esos intentos. Estamos padeciendo una verdadera enfermedad, manifestada en diversos frentes, en nuestra sociedad, cuyo gran desafío o, mejor, grandes y nuevos desafíos se resumen en su sanación urgente, si es que de verdad estamos dispuestos a superar lo que nos aqueja.
Hago mío enteramente el lúcido y certero pensamiento del Papa Benedicto XVI que expresó ante la Asamblea general de las Naciones Unidas en abril de 2018: “Cuando se está ante nuevos e insistentes desafíos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragmático, limitado a determinar un “terreno’ común” minimalista en los contenidos y débil en su efectividad”. No bastan, cierto, planteamientos pragmáticos de muy cortas miras y carentes de horizontes, sobran estériles pragmatismos: la persona humana y su dignidad, base del bien común asentado en el reconocimiento real efectivo de los derechos humanos universales son el fundamento que hemos de contemplar y poner en toda su consistencia, si queremos hallar el camino sanante y constructivo a seguir. Es fundamental y urgente un compromiso común en poner a la persona humana y su dignidad inviolable en el corazón de las instituciones, leyes y actuaciones de la sociedad, y de considerar la persona humana y el bien común, su verdad esencial, la verdad en sí misma que nos hace libres, para el mundo de la cultura, de la religión, de la ciencia, de la política, de las relaciones humanas… Sobre esta base, amplia base, cuyo ámbito no se puede restringir, y sin ceder a una concepción relativista ni ideológica, habría que caminar y edificar para alcanzar y gozar de un futuro nuevo y esperanzador, una cultura y una civilización nuevas, que entre todos hemos de configurar, en diálogo y encuentro, sin imposiciones”.
Hasta aquí la misiva. A continuación, algunas puntualizaciones. Previo a ellas, pienso que es adecuado definir lo que es la ética y la moral, para cuando hable de ello se tenga presente lo que es cada una de ella. Aunque en el lenguaje cotidiano se usa como si fueran la misma realidad conceptual. Ética: Disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano. Moral: conjunto de normas, creencias, valores y costumbres que dirigen o regulan la conducta en la sociedad. De manera general diríamos que la ética está relacionada con los principios y reglas, la moral la relacionamos con los comportamientos. Puntualizaciones: 1ª. En qué ética y en qué moral se basa el mencionado cardenal para decir lo que tiene que hacer y no hacer la sociedad civil y sus gobernantes. Sus declaraciones sobre los refugiados, inmigrantes y pobres hieren no solo a no católicos, sino a muchos colectivos católicos de base, que están en la lucha por un mundo más solidario. 2ª. Los obispos, arzobispos y cardenales están acostumbrados a decirle a la gente (feligreses o no) lo que tienen que hacer, pensar, cómo vivir su vida (incluida la conyugal), pero en cuanto se les interpela, no aceptan de buen grado las críticas, y lo primero que se les ocurre decir es que les están calumniando. Ustedes, señores del buen vestir, comer y mejor vivir, como representantes del poder eclesiástico siempre han pecado de orgullo, prepotencia y soberbia. ¿Dónde queda aquello de las Bienaventuranzas?: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Tal como habéis demostrado, desde el año 303 de la era cristiana, vuestro reino es de este mundo, y sólo de este mundo. No hay otro. Es curioso, o no, pero, frente a la palabra del arzobispo Cañizares, no ha habido respuesta alguna, ya que ellas no hieren a la derecha pura y dura, a los banqueros ni a los políticos cómplices. 3ª. Habrá que recordarle, al cardenal de Valencia y a los políticos que se declaran cristianos, lo que dice el evangelio de Mateo, con respecto a los pobres: “Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y no me visitasteis, estuve en la cárcel y no vinisteis a verme…”. Pero no toda la ICAR piensa como su élite de mando, he aquí lo que un católico de base, en nombre de varios colectivos eclesiales expresa: “Desde aquí quiero pedir perdón a los refugiados, inmigrantes y empobrecidos en nombre de mucha gente que estamos en la Iglesia y que no coincidimos con estas declaraciones. Les expreso nuestra solidaridad, reivindico justicia y les muestro nuestra angustia e impotencia al ver este mundo corroído por el dinero y el afán de tenerlo”. 4ª. Cuando se ha destapado la nauseabunda y dantesca corrupción en el partido que tanto les apoya, “Vuestras Eminencias” no han escrito ninguna carta denunciando tales hechos. Para Ustedes lo que prima es el mantra de la unidad de España, y el apoderarse de los bienes e inmuebles que no les pertenecen, al módico precio de 10 euros, pagados al registro catastral correspondiente. A eso le llama Usted, Antonio Cañizares, valores que hay que recuperar y que se han perdido”. 5ª. A Usted lo único que le preocupa no es el bienestar de los españoles y españolas, a Usted lo que verdaderamente le preocupa es que con la llegada de un nuevo gobierno “progresista” la ICAR pierde algo de sus inmensos privilegios en Sanidad, Educación, Medios de comunicación, Universidades… 6ª. y última puntualización. No se preocupe señor cardenal, no tema por la llegada de un gobierno entre PSOE- Unidas Podemos, etc. La sangre no llegará al río, tan sólo habrá unos leves rasguños, ya que la situación social y política en España no da para más.

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