Bruno Servet

En mayo de 2015, el Papa Francisco decidió que el IX Encuentro Mundial de las Familias, se supone que católicas, se celebraría en la irlandesa ciudad de Dublín, del 22 al 26 de agosto de 2018, ya que dichos encuentros se celebran cada tres años; el de este año ha tenido como lema: El Evangelio de la Familia: alegría para el mundo. Así pues, la Archidiócesis de Dublín ha sido la diócesis anfitriona de este evento, en dicho encuentro ha habido más sombras que luces. Los anteriores tuvieron lugar en Roma (1994), Río de Janeiro (1997), Roma (2000), Manila (2003), Filadelfia (2015).

El papa Francisco fue recibido por las autoridades civiles y eclesiásticas a su llegada a Dublín, como era lógico, pero lo que no reflejaron los medios de comunicación, tanto públicos como privados, fue la gran pintada con la que le dio la bienvenida un gran sector de la ciudadanía dublinesa. En ella se mencionaba, de manera breve pero altamente elocuente, al papa como jefe de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana (ICAR). El texto era el siguiente: “El Papa es el jefe de la red de pedófilos más grande de la humanidad”. Duro varapalo para el actual papa, que días antes se había tenido que encontrar con el demoledor Informe de la Corte Suprema de Pensilvania, en el que se constataban más de 300 casos de abusos sexuales (muchos de ellos verdaderas violaciones) del clero de los Estados Unidos de América del Norte. De poco sirvieron las palabras de Francisco emitidas dos días antes, en su “Carta abierta al pueblo de Dios”: “El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor”.

El papa se encontró con una Irlanda ya no tan católica, donde se había aprobado el divorcio y el aborto y estaba a punto de pronunciarse sobre el matrimonio homosexual, en un próximo referéndum. La visita del papa era la segunda que tenía lugar desde su independencia en 1921. Hasta hace poco el 90% de la población se declaraba practicante, las iglesias estaban a rebosar los domingos y en ocasiones entre semana. La iglesia católica del pasado mes de agosto no era, no es la que visitó el polaco Juan Pablo en 1979. Y la gran culpa de ello está en la actuación del clero irlandés con relación a la pederastia, su práctica y su obstinado interés en su ocultamiento por las autoridades correspondientes.

El obispo Eamonn Casey y el padre Michael Cleary (el primero padre de un niño con una mujer norteamericana y el segundo con dos hijos de su ama de llaves), predicaban con toda la hipocresía del mundo la abstinencia sexual y se oponían radicalmente, con un inaudito fervor, al aborto, los anticonceptivos y el matrimonio homosexual. La ICAR como gran referente cultural y moral ha perdido ese abrumador liderazgo, aunque aún continúa manteniendo su enorme influencia en educación y sanidad. Con todo, masas fervorosas le han acompañado en su visita papal, la oposición a la visita y al papa ha sido uno de los hechos más destacables, pero la prensa apenas se ha hecho eco de las masivas concentraciones de protesta que han tenido lugar en Dublín y otros lugares del país. En la actualidad, sólo uno de cada tres irlandeses dice que van a misa. Hay que recordar que Irlanda hasta no hace mucho era el bastión de la ICAR, en cuanto a las vocaciones sacerdotales en el mundo. La exportación de curas y monjas a todo el mundo era impresionante. Ya el papa polaco, el “santo” Juan Pablo II, tuvo que ir a Irlanda a parar el daño que la pederastia estaba causando en ese país. Si el papa polaco consiguió poco con su visita, la del papa argentino ha sido una derrota en toda regla, más que apaciguar los ánimos, ha servido para exacerbar los mismos. Hechos y no bellas palabras le han pedido al papa Francisco, y que tome medidas contundentes frente a los violadores de niños en ese país.

La iglesia católica ya no tiene ese importante semillero de vocaciones, así que su mirada desde hace tiempo, y ahora más que nunca, está puesta en África, Asia y Latinoamérica. A dicha crisis de vocaciones se le conoce como “hambruna eucarística”, ello no es solo consecuencia de los abusos y violaciones del clero irlandés, hay otro factor que ha llevado a dicha nefasta situación para la ICAR. A finales de agosto de 2018, hay una tercera parte de los sacerdotes que había en 2014. Y el 57% del clero tiene más de sesenta años. La reducción de las expectativas favorables en el aspecto vocacional es negativamente aplastante. Las palabras del arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, son harto elocuentes de la gravedad de la situación para ellos: “El catolicismo representa una cultura minoritaria, y el objetivo es ser por lo menos una minoría relevante”. En este asunto hay que recordar que la influencia de la Iglesia Católica en Irlanda no solo se debe al fervor de la población, sino al apoyo que la ICAR dio a la causa de la independencia hace casi un siglo, a su alineamiento con el nacionalismo y su oposición al poder colonial inglés, asociado al protestantismo. Ello le permitió controlar y dirigir el país de la mano del Estado.

Si la credibilidad y autoridad moral se han evaporado con los escándalos y la numantina resistencia a afrontarlos por parte de la jerarquía vaticana, lo relacionado con la actuación en asilos, lavanderías… por parte de las Hermanas de la Magdalena es otro de los puntos más delicados de la situación. Las condiciones de cuasi esclavitud y terror sistemático en que vivían las huérfanas, madres solteras y mujeres “pecadoras” en esos lugares, junto con las adopciones forzosas, las separaciones de familias y el posterior encubrimiento institucional con el apoyo del Gobierno para preservar la reputación de la Iglesia Católica, ha sido la gota que ha colmado el vaso, y una importante parte de la ciudadanía irlandesa le ha dado la espalda a quienes actúan de esa manera tan poco “evangélica” de dar ejemplo personal y colectivo de curas y monjas. Pero su declive no solo se debe a una crisis de fe. También a la cultura liberal que se ha impuesto en Occidente, prueba de ello es que el país tiene un primer ministro abiertamente homosexual (Taoiseach Leo Varadkar), que suprimió la enmienda constitucional que prohibía el aborto.

Frente a la postura de paños calientes del Vaticano, el director de Amnistía Internacional en Irlanda Colm O´Gorman, que fue violado en los años 80, ha pronunciado las siguientes palabras: “Seguramente el Papa dirá que los testimonios de las víctimas de los abusos le han conmovido, que siente muchísimo y lamenta las acciones de quienes han causado tanto daño, nosotros queremos oír otra cosa. Que él y sus predecesores han fracasado. Que la Iglesia como institución ha fracasado. Y que acepta personalmente las responsabilidades que conlleva su posición. Pero esas palabras no saldrán de su boca, porque lo más importante para el Vaticano es salvar lo que queda de su reputación. Conviene recordar que hasta hace poco los autores de los acosos y violaciones sexuales eran tratados como víctimas en vez de culpables, y enviados a centros de rehabilitación, y cuando salían de ellos ya curados volvían a las andadas”. En otro escrito afirma: “La Irlanda católica que permitió este tipo de abusos ha muerto, y ha sido remplazada por una Irlanda secular que exige respeto y dignidad”. Este es un certero y duro alegato contra la actuación de la ICAR durante cinco décadas. Otra voz crítica, la de Rhys Conan, está por las acciones concretas y no solo bellas palabras. Suyas son las siguientes afirmaciones: “Hace falta un tribunal que investigue todas las acusaciones, y que los responsables sean castigados de verdad y metidos en la cárcel si es necesario, que sus nombres queden manchados para siempre”.

Como consecuencia de la actuación de la ICAR y de deriva que ha tomado la sociedad irlandesa, cada vez más educada, secularizada y urbanizada, hay barrios de clase trabajadora, en Dublín, donde solo un 2% de la población atiende a los servicios religiosos de los domingos. Es difícil evangelizar un país donde la población siente un enorme rechazo a las instituciones autoritarias de tipo patriarcal basadas en la fe ciega, el complejo de culpa y el poder de la conformidad, las cuales están acostumbradas a controlarlo todo. La Iglesia Católica vive de las rentas de su apoyo al nacionalismo y a la independencia, ese crédito se le está acabando a marchas forzadas. La fe es una fuerza poderosa, pero también lo es el resentimiento de parte de la ciudadanía. El Papa ofició una misa multitudinaria, aunque las críticas tuvieron un gran peso de convocatoria. La misa celebrada en Phoenix Park, medio millón de personas, según los boletos vendidos, iban a acudir a la misa, pero una estrategia de los opositores a la visita hizo que se vieran muchos espacios vacíos, que se habían comprado boletos con la intención de no asistir y que se viese algo deslucido el acto litúrgico.

En las 36 horas de la visita papal no ha habido ni perdón ni redención, tan sólo penitencia para el Papa. El primero que le leyó la cartilla fue el primer ministro irlandés; después recibió en persona las críticas de un grupo de 8 víctimas de abusos sexuales, y mientras oficiaba misa en Phoenix Park, miles de personas se manifestaban contra el papel de la Iglesia en la histórica plaza Parnell Square, así como en la localidad de Tuam, donde se había encontrado una fosa común con cerca de mil cadáveres de niños recién nacidos, hijos de madres solteras. A todas estas nefastas circunstancias, se añadió la publicación de una carta del arzobispo ultraconservador Carlo María Vigañò, exnuncio apostólico en Estados Unidos, y enemigo personal del Papa, donde pedía su dimisión. La vista papal ha sido un verdadero vía crucis personal para Francisco. El papa ha inflamado las llamas de los abusos sexuales en vez de aplacarlas. A pesar de la visita, el papa no detendrá el imparable declive de la fe y la vocación en Irlanda. El catolicismo no ha muerto en Irlanda y la Iglesia Católica -vinculada al nacionalismo irlandés en lucha constante contra el gran poder colonial inglés- sigue teniendo un enorme peso de convocatoria, ya que el 90% de las escuelas de primaria de Irlanda pertenece a la Iglesia Católica o es su patrocinador principal. Sin embargo, Irlanda es el país pionero de la erosión de la Iglesia en Occidente.

Aún, hoy en día, la jerarquía de la ICAR en Irlanda sostiene que la búsqueda de los niños y niñas robadas y dados en adopción es un pecado. Le entregaron al papa una exhaustiva lista con los agravios y ofensas cometidas por el clero irlandés. Entre otras muchas están: abusos y violaciones sexuales, trabajos forzosos a niñas, adopciones forzosas, separaciones familiares… en el Jardín de la Memoria, varios miles de personas se manifestaron con gritos, discursos y pancartas en apoyo de las víctimas de todo tipo. Cuando estuvo Juan Pablo II, en 1979, el divorcio, el aborto y la homosexualidad eran ilegales. En la actualidad es legal el matrimonio igualitario, tiene un primer ministro gay, y en mayó votó abrumadoramente a favor para que se quitase de su constitución la prohibición del aborto.

En Irlanda más de 25.000 menores han sido víctimas de los abusos perpetrados por unos 400 religiosos durante un largo período (1914 al 2.000, como mínimo). El antes citado O´Groman, no se ha cortado un pelo al denunciar que “El papa argentino se ha dirigido a los “fieles” en vez de a toda la ciudadanía, por ser jefe del Estado Vaticano” “Podía habernos hablado a todos de una manera contundente, clara, franca, humana, accesible. El Papa Francisco, de manera clara rehusó hacerlo, francamente es una gran vergüenza”. En otro orden de cosas, hay que decir que la limpieza y reparación de la emblemática zona verde de la capital ha costado varios millones de euros. El primer ministro (Leo Varadkar) afirmó que el coste total de la vista papal se acercaba a los 20 millones de euros. Muchas voces críticas señalaron que ese dinero se podía haber invertido en problemas urgentes, como el “sinhogarismo” y la sanidad, entre otros problemas sociales.

Para no alargar más este artículo, deseo terminar con unas esclarecedoras palabras del activista británico Peter Saunders, víctima de abusos y fundador de la Asociación Nacional de Personas que sufrieron abusos sexuales en la Infancia (NAPAC, siglas en inglés): “He venido a Irlanda a ofrecer aquí mi apoyo a los supervivientes. Si la Iglesia Católica fuese cualquier otra organización, su dirigente debería hacerse responsable para atajar un problema de su compañía. Los responsables deben responder ante la justicia”. Queda, para otra ocasión, lo sucedido en Estados Unidos de América, Alemania, Australia, Chile, como la punta del iceberg de la pederastia de la ICAR.

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