Manel Aisa Pàmpols

Todos aquellos que hemos militado en algún momento en el movimiento libertario de los últimos 35 o 40 años, o sea, desde el final de los años setenta, conocemos perfectamente de la existencia de “Germen” un persistente anarquista individualista, pero sobre todo naturista, amante de la naturaleza, que recogiendo perfectamente el Germen de quien le dio nombre y orientación de su vida, su padre, Ángel Zamorano, un anarquista andaluz que pagó con su vida el derecho a vivirla como él quería ante la irracional postura del fascismo en España. Hijo de una familia de luchadores anarquistas, herederos del milenarismo andaluz, que más adelante tendremos tiempo de hacer una pincelada.

Germen, por lo que tenemos entendido, caminó por media España e incluso por Francia explicando, una y otra, lo que él entendía como anarquismo. Con una pasión inusitada y siempre el individualismo por bandera; la persistencia en la lectura era importante y siempre incidiendo en que los jóvenes conozcan los filósofos clásicos e incluso a griegos, pero sobre todo destacando a Epicuro como uno de sus grandes referentes, para entender esta libertad hedonista que sobre todo busca el placer prudente y sosegado y a la vez contemplativo de esta vida plena en libertad a la que todos aspiramos siempre en concomitancia con la naturaleza y los demás.

En definitiva, Germen se preocupa de que todos los que viven a su alrededor adquieran la formación de los anarquistas a través sobre todo de la filosofía, siempre reclamando a gritos con su “deje” de andaluz, que lo sitúa constantemente en el sur de la península, donde nació, y aunque poco quede de su pasado en este lugar, él recuerda con afecto todo lo que le pasó en su infancia y juventud por aquellas tierras de Córdoba, en Espejo, un pequeño pueblo de una Andalucía que le mataron el sueño de la libertad y con el franquismo el “señoritismo” andaluz se acomoda en el terreno y los seres con ansias de libertad tuvieron que poner tierra de por medio, y no fue fácil porque en la mayoría de los casos el hambre y la desesperación estuvo muy presente en esta historia, pero dejamos que nos diga Germen cuales fueron sus primeros pasos.

Germen: Nací el 30 de junio de 1933, en Espejo, un pueblecito de la provincia de Córdoba. Mi padre, que me puso el nombre de Germen, era un perfecto Naturista que llevaba por nombres Ángel y por apellidos Zamorano Peña, era un naturista, racionalista y anarquista convencido cuando estalló la guerra civil, él se incorporó a las columnas del Frente Popular, estuvo por Madrid y por Guadarrama. Durante la República él era el corresponsal de la Revista Estudios y Generación Consciente en el pueblo de Espejo e incluso había hecho de corresponsal en la zona de estas revistas. Una vez que estalló la guerra nosotros nos fuimos precipitadamente del pueblo.

-¿En estos tres años que dura la guerra civil Córdoba es una de esas tierra de Andalucía que no cae en primer momento, y cuándo volvéis a Espejo?

Germen: -Sí, terminada la guerra mi madre y nosotros, yo con mis hermanas, volvimos a Espejo y tengo muy pocos recuerdos, era muy pequeño, lo que si me marcó es ver llorar a mi madre en la puerta de nuestra tienda y casa, con todos los utensilios incendiados junto a los libros de mi padre, todo era ceniza. Al poco tiempo volvió mi padre y no tardó en ser detenido por los falangistas del pueblo y la curia eclesiástica. La cárcel de Espejo estaba en la plaza del pueblo, al lado de la parte baja del mercado donde se vendía el pescado.

-Ya hemos dejado entrever las raíces y procedencia de tu padre, que era de una familia tradicionalmente internacionalista ya en el siglo XIX, donde habían vivido tus familiares en un ambiente difícil de sobrevivir pero siempre con mucha dignidad.

Germen: Déjame que te cuente: a mis hermanas y a mí, nuestro padre nos puso unos nombres que inconfundiblemente dejaban claro de donde procedíamos, ellas tuvieron el nombre de “Emancipación” y “Federación”, mientras que a mí me pone “Germen”. Fue terrible la primera vez que tuve conciencia de que vi a mi padre esposado y escoltado por la Guardia Civil, le llevaron hasta la Iglesia, donde había una fila de Falangistas del pueblo y en la otra las mujeres de la sección femenina de las FE y las JONS y un puñado de curas. Allí nos llevaron a mí y a mis hermanas para bautizarnos por obligación y ante mi padre. Mi madre me había dicho que por favor no dijera que me llamaba “Germen”, pero en ese ambiente dentro de la Iglesia, con apenas unos 6 o 7 años, no pude contenerme y corriendo intenté acercarme a mi padre, no pude pero grité con todas mis fuerzas, en aquella iglesia de Espejo, “me llamo Germen”, “me llamo Germen”. Fue un grito de rabia y cólera que mi padre entendió muy bien. Nos obligaron a cambiar de nombre por la fuerza, era el 9 de mayo de 1939.

-¿Por lo que entiendo, tu padre estuvo seis o siete años en prisión?

Germen: Sí, él estuvo al menos seis años y pico, entre cárceles, penales y sanatorios, ya que cogió la tuberculosis, incluso teníamos una foto que estaba en prisión en compañía de Miguel Hernández, conservo algunas cartas que provienen de la Enfermería, Sala 5º, sanatorio de San Cristóbal, Pamplona.

-¿Cuándo murió tu padre?

Germen: Murió a los pocos meses de haber salido de la cárcel, no mucho más de seis meses, no creo que llegara al año.

-En cuanto se habla del anarquismo andaluz a menudo la gente piensa en Gerard Brenan, pero tú tienes otros referentes, mucho más allegados a la tierra, ¿qué incluso, creo, tienen relación con tu familia?

Germen: Sí, el gran escritor andaluz, que era el Notario Juan Díaz del Moral, en su libro magnífico sobre “Historia de las agitaciones campesinas andaluzas”, menciona, en varias ocasiones, a un familiar de mi padre que era, por aquellos años de finales del XIX, un activo anarquista andaluz; a aquellos que no hayan tenido ocasión de leer este libro les recomiendo que lo hagan; mi padre, sin duda, aprendió mucho de todo este ambiente. Sin duda el libro de Gerard Brenan es muy interesante, pero creo que el libro de Juan Díaz del Moral toca otra sensibilidad, es mucho más profundo y de arraigo del anarquismo que el libro de Brenan es incapaz de recoger, de todos modos son complementarios y hay muchos más libros muy interesantes en este arranque del anarquismo andaluz del siglo diecinueve. Tenemos en las manos una magnífica carta de tu padre, escrita desde la prisión dirigida a unos compañeros suyos, que creo vale la pena reproducir, al menos un fragmento, ya que después de cinco años de cárcel da muestras de una entereza muy importante, la carta, fechada en Córdoba el 25 de junio de 1943, dice: “Mis queridos y entrañables amigos Ángel y Manuel: Cuatro años y pico privado de libertad no han podido apagar en mi alma el fuego sagrado de una amistad sentida. Al contrario, la ha Aumentado … el digo … con plenitud de corazón. Sé que sois discretos y habéis sabido interpretar cuanto he tenido que hacer para salvar mi vida, o mejor dicho, para aplastar la mole de calumnias que sobre mí se habían arrojado. Mi vida de internado me ha Hecho más fuerte …”. Sin duda nos hace entender cómo sería el día a día en una prisión en aquellos años.

-Hablemos ahora un poco de ti. ¿Cómo pones tierra de por medio y llegaste hasta Barcelona?

Germen: En Espejo trabajaba en el Café de los Señoritos y también, cuando llegaba el tiempo de la vendimia en Francia, me encargaba de organizar a las personas que del pueblo tenían una prioridad para ir a trabajar en Francia, pero la gente de la Falange y los señoritos, en un momento, se interpusieron en mi trabajo y cambiaron buena parte de los que tenían que viajar a Francia, por lo que me discutí con ellos y el resultado fue que me retuvieron en la cárcel por un tiempo, y encima me ponen una multa de quinientas pesetas, donde se hacía constar que el Gobernador Civil de la Provincia me sancionaba por actividades contrarias al orden público, era el 12 de junio de 1962; en este ambiente no podía continuar por mucho tiempo en aquel pueblo.

-Tengo entendido que visitaste Barcelona por primera vez en 1961, pero no será hasta unos años más tarde que te decides a buscar trabajo en la ciudad y te instalas en la ciudad anarquista por antonomasia, a pesar de la represión que había en aquellos años de dictadura.

Germen: Sí, vine más o menos por primera vez en 1961, pero antes de instalarme en Barcelona estuve un par de años en Madrid. En Barcelona estuve viviendo en una Barraca con una familia compuesta de un padre y cuatro hijos, con ellos estuve un tiempo y nos dedicamos a hacer helados caseros que vendíamos por la playa, después entro a trabajar en la fábrica Roca en Gavà, allí entendí que significaba la esclavitud, era una fábrica inhumana. Después tuve suerte y gracias a mi oficio de camarero pude empezar a rehacer mi vida un poco más normal, al menos con un poco más de dignidad, y pude entrar a trabajar en el restaurante Vegetariano de la calle Canuda, que había sido inaugurado el 21 de junio de 1964 por autoridades municipalistas del régimen franquista en ese momento; por aquellos años vivía cerca del restaurante en un modesto piso de la calle Boters, en pleno barrio de la Ribera.

-Por lo que tengo entendido también fuiste socio de la Sociedad Naturista Vegetariana.

-Germen: Sí, aún conservo el Carnet de socio numerario, fue en febrero de 1964 cuando empecé en la asociación, donde hacíamos muchísimas actividades, sobre todo las salidas al campo y la montaña para tener contacto con la naturaleza, conocer las plantas y su propiedades, etc. Cuando la asociación inauguró la sede de la calle Caspe, en octubre de 1969, con una conferencia a cargo del Doctor Félix Rodríguez de la Fuente, que entonces era toda una eminencia de la fauna salvaje, recordamos su programa en Televisión española que en aquella España en blanco y negro esperábamos cada semana con impaciencia.

-Como muchos de todos nosotros, en los primeros años de la transición te afiliaste a la CNT.

Germen: Sí claro, en los primeros momentos de la CNT montamos el sindicato de Hostelería, primero en el local de AGEL, que era de los abogados de la CNT y otros que habían sido cercanos al MIL. Allí conocí a un tal José Luis y algunos compañeros estuvimos un tiempo tratando de ver como crecíamos y buscábamos un local, era medios del año 76, aquel verano que aún no quedaba que iba a pasar políticamente. Después del año siguiente ya conseguimos tener un local en la calle del Carmen, donde por un tiempo el sindicato de la Hostelería creció con rapidez, en aquella época hubo una invitación de la patronal a todos los sindicatos, CCOO, UGT, USO y a nosotros la CNT, pero yo, que era el secretario, me negué a ir a esta comida montada por la patronal, por lo que dimití de mi cargo. También en este lugar llegué a conocer a Félix Carrasquer, con el que mantuve una relación filosófica importante, ya que nos veíamos a menudo, y a Luis Edo, de Banca, que tenía un discurso muy bien construido, con ellos me gustaba debatir.

-¿Por aquellos años de la transición estuviste con una actividad efervescente y con muchas iniciativas culturales de la época?

Germen: Sí, estuve con la gente de la revista “Alfalfa”, que eran naturistas y ecologistas y que ya en aquel tiempo nos hablaban de molinos de viento para la energía solar o cómo cocinar con la energía recogida del Sol directamente. Era un proyecto muy interesante que se diluye al poco tiempo; también estuve con la gente de Integral, con la que tuvimos muchos debates de cómo había que construir el día a día. Tú sabes que nunca he podido soportar que se fume y menos en reuniones de una revista que se denominaba Naturista, no podía ser, habían actitudes que no me gustaban pero las tuvimos que soportar; de todos modos tengo un gran y querido recuerdo de todas las personas y compañeros que pasaron por allí, tengo una tarjeta de Integral firmada por una buena parte de todos ellos que hablan de “Pa er cozinero más cachondo der mundo”, que en este caso era yo.

-Tengo entendido que después llegarían otros proyectos culturales, siempre muy en contacto con el movimiento libertario, ¿nos puedes explicar alguno de ellos?

Germen: Naturalmente, estuve en las primeras reuniones de la revista “Ideas”, donde las expectativas eran muy grandes con José Navarro y Ramón Sentís Biarnau, Juan Vicente Castells, que era de Santa Coloma, que eran, en principio, los artífices de aquella aventura editorial que tuvo algunos problemas por el tema de que nunca nos preocupamos de legalizar la cabecera de la revista, era la recuperación de una cabecera histórica de los años 30, pero al final una revista de labores nos denuncia y tuvimos que cambiar el nombre, menos mal que en el anarquismo siempre tenemos recursos y ahora sí recuperamos la revista Orto. En los primeros meses llegamos a recaudar más de un millón de pesetas en aportaciones de los compañeros.

-Sé que por tu casa ha pasado bastante gente para consultar tu biblioteca, dedicada principalmente al naturismo y la filosofía anarquista, ¿qué nos puedes comentar en esta dirección?

Germen: Tengo una buena biblioteca, que he ido construyendo durante muchos años, sobre todo de filosofía y también sobre naturismo, que son dos de los ejes de mi vida. ¡Hay que leer amigo Manel!, sobre todo filosofía, que nos da sentido a la vida. Por aquí ha pasado gente que tú has conocido y que ha usado de la biblioteca, entre ellos está el historiador Xavier Díez, que tiene un espléndido libro sobre las revistas “Iniciales” y “Generación Consciente”; pero también tengo que destacar a otro gran naturista como es José María Roselló, que escribió el libro de “La vuelta a la naturaleza”, con el que he podido asistir a varias de sus presentaciones, pero guardo un especial afecto a la presentación que Roselló hizo en la asociación de “La Sociedad Vegetariana Plan de Carat y RURANA”, donde también se desplazó para hablarnos de su espléndido libro, que editó Virus hace ya unos años.

-De los lugares del anarquismo militante durante todos estos años de la transacción es, sin lugar a dudas, el local de La Verneda, de la calle Julián Besteiro, que era un local que procedía del Vertical y que la gente de la CNT se hizo con él ya en el final de los setenta, y que por allí pasaron gente del exilio confederal, que dejó paso definitivamente a la CNT del interior, y ese local de la Verneda se convirtió en la sede del Sindicato de Jubilados de la CNT, con muchos de los personajes del anarquismo histórico que hemos conocido y también tengo entendido que se creó un ateneo libertario y vegano.

Germen: Lo principal era un ateneo, de los Jubilados de la CNT allí tuve la ocasión de conocer por ejemplo a muchos de aquellos cenetistas que aún estaban muy activos como Saturnino Carod, del sindicato del espectáculo, que fue realmente quien se preocupó de conseguir el local de La Verneda de Julián Besteiro 6, y otros compañeros como el Alamo, Ladislao García Velasco y otros por allí; también estaba Turón y Liberto Sarrau, aunque a ellos los conocí primero en el Enciclopédico y mucho después con los jóvenes la cosa era diferentes, ya no se podían compartir grandes cosas, y todos fumaban desesperadamente, por lo que dejé de ir al Ateneo de La Verneda. En este mismo lugar, con José Navarro, proyectamos sacar la revista “Salud y Fuerza”, hicimos un primer esbozo con numerosas reuniones, teníamos el proyecto de dar a conocer todas las revistas naturistas y ecologistas de aquella gran época como: “Helios, Pentalfa, Naturaleza, Estudios, Generación consciente, Ética, lo importante era recoger la esencia de aquellas revistas y lo que nos habían transmitido en humanitarismo y también del naturismo y medio ambiente.

-Seguramente nos quedaría pendiente hablar de muchas otras cosas, por ejemplo del proyecto de ECA, ACEN.

Germen: Sí, también estuve con Liberto Sarrau, Antonio Turón, Joaquina Dorado y muchos más compañeros; es otro de los proyectos que se quedaron a medio camino, el objetivo principal era recuperar una Masía que había servido de casa de vacaciones para los niños de la Escuela Natura de Puig Elías. También quería comentarte que durante un tiempo estuve de monitor de yoga y meditación en una cooperativa Taoísta de Terrassa, un centro de autorrealización vivencial.

-No me gustaría dejar esta entrevista sin que me comentaras la figura de Anselmo Lorenzo y su “Banquete de la vida” y de María Lacerda de Moura y su “Amaos y no os multipliquéis”, que se perfectamente que son dos de los anarquistas a los que tú, a menudo, haces referencia.

Germen: Sí, estimado Manel, Anselmo Lorenzo es importantísimo y hay que leerlo y volver a leer porque siempre encuentras algo nuevo en estos pequeños folletos, que muchos fueron escritos para la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, como son “Vía Libre”, “Pueblo”, “Solidaridad”, “La anarquía triunfante” o “El Banquete de la vida”, que tú reeditaste y que son extraordinarios. También comentarte que descubrí a María Lacerda de Moura a través del médico anarquista, y naturista argentino, Juan Lazarte; de María es muy interesante leer, para entender la magnitud de su pensamiento libre, el libro “Amaos y no os multipliquéis” y también el primero que leí “La religión del amor y de la belleza”. También hay otros autores en el movimiento libertario que han sido muy avanzados a su tiempo, por lo que hay que leer a Félix Martí Ibáñez en “La reforma Eugénica del aborto”, donde, entre otras cosas, la reforma Eugénica revolucionaria de 1937 y su inmensa tarea con aportaciones en un decreto trascendental, revolucionario en su momento, como era de la interrupción artificial del embarazo a los dominios de la medicina científica, esto se aprobó en plena guerra, en Barcelona, en marzo de 1937.

-La ley del Aborto, sin duda, fue una de las leyes más importantes de aquella revolución y más en un momento de guerra, hambre, penuria, etc.

Germen: Sin duda, Félix Martí Ibáñez fue uno de esos hombres que hizo grande el anarquismo en ese momento, en otro contexto, como eran los escritos que luego hemos tenido oportunidad de leer de Han Ryner, Eugenia Reglas, etc.

-Una vez me comentaste que conociste a Fabian Moro en Tolousse.

Germen: Sí, en un encuentro que se celebró en Toulouse, debía ser en 1976 o 77. Fuimos unos cuantos autocares de Barcelona y al llegar allí estaba hablando Fabian Moro, aunque estaba el palacio lleno, nadie lo escuchaba, me resultó increíble la poca atención que le prestaban a aquel compañero que hablaba espléndidamente, decía cosas muy interesantes, pero de pronto se anunció que había llegado Federica Montseny y todos comenzaron a aplaudir con mucho entusiasmo, no me gustó nada aquella actitud y así lo expresé a la gente que tenía a mi alrededor. Volviendo otra vez al local del Ateneo Libertario de La Verneda, por donde pasaron una gran cantidad de grupos y proyectos, creo que se cerró en enero o febrero de 2007, donde una sentencia judicial obligaba a cerrar el local; uno de los últimos supervivientes de aquel bravo ateneo decía en prensa que el ateneo quedaba reducido a un apartado de correos.

-En fin, tenemos claro y recordamos como Germen Zamorano recorría siempre todos los rincones y espacios del anarcosindicalismo donde pudiera existir un debate sobre el género humano, el respeto a la naturaleza y la necesidad de superarse cada día uno mismo, en la búsqueda de identidad de un anarquismo individualista, que él lleva en los genes desde su nacimiento, recogiendo la antorcha de la rebeldía de su padre, y a menudo vemos como Germen se hace eco de una frase mayúscula del anarquismo que toma de Eliseo Reclús cuando nos dice: “el hombre es la propia naturaleza tomando conciencia de sí misma”. No nos queda más que seguir buscando caminos que nos den la dignidad y la paz con uno mismo y con nuestros coetáneos. Salud Germen, seguro que los lectores de la revista Orto agradecerán la lectura de este artículo, que para mí ha estado apasionante.

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