Floreal Rodríguez de la Paz

Resulta que ser revolucionario es pasar por las estrecheces de lugar, si conservamos el derecho a ser ‘lo que sea’, aun cuando poco de lo que se hace sirve para evolucionar sensatamente. Necesitamos los libertarios saber tejer luchas que nos permitan salir de las políticas del capitalismo, siempre enredando desde el poder de estado. Qué vergüenza para los revolucionarios que desean acabar con las formas anti anarcosindicalistas, dejando los principios éticos de las libertades que nos toca defender, por mucho que se oponga la reacción que sólo busca poder; consiguiendo entretenernos, ensombreciendo los climas apolíticos, puesto que ‘la política burguesa’ siempre merecerá nuestra desestimación. Podría ser en estos momentos revolucionarios, pero me quedo en unas cuantas apreciaciones estimables.

La palabra ‘revolución’ tiene niveles preocupantes: ¡Pocos son los que presienten inmaculados, expresando la revolución futura! Sin embargo, abundan los engreídos. Y cabe diferenciar unas cuantas conductas, cuando interpretan las rebeldías, como si ello fuese el derecho defendible, porque entre las palabras sabias está el truco que desempeña toda clase de futuros. Archivar en la mente la idea de vivir socialmente de otra forma, no es más que un ideal quimérico. Todos los brotes revolucionarios fueron la obligación de extremos sociales por la supervivencia. Y viene siendo verdad que, junto al capitalismo, nacieron los intereses de toda política de Estado, con sus dioses tremebundos.

 

Siendo necesario desentrañar la trifulca que nos despierta una situación semejante, ante el clima social que nos entretiene y ocupa. Revolución y Anarcosindicalismo, son sinónimos inevitables de libertad. Otra cosa es hacer uso de la revolución, sin que, al imaginarla, especifiquemos el contenido de los valores incursos en la propia rebeldía de la revolución. Y todas las revoluciones fueron preparadas para ganar progreso, aunque las luchas dejaron capítulos extensos, para poder ser representados, la humanidad y su cultura libertaria. No queda fuera de lugar desentrañar estas opiniones, mas sabiendo que gusta hablar y escribir, sobre todo de tanto como oprime, dificulta, enreda, margina, separa y daña la dignidad de los seres humanos. Qué triste pensar que no hay resultados de favor cuando todas las ideologías valen tanto, como precio se le concede, desde el momento en que “todo tiene niveles altos de prestigio, según la cuenta corriente que certifica la toma de decisiones”.

Tomaré como ejemplo lo que sucede sobre los que se denominan de la misma Clase Social, Trabajadores: ¡Qué vergüenza! ¡Cuánta miseria! ¡Cómo surgen los vicios desde la política de Estado! ¡Cómo se destruyen los valores éticos desde los colectivos que diseñan la lucha por el poder! ¿Dónde está el ejemplo sociable? ¿De qué sirve hablar de revolución, cuando la obediencia crea los sicarios, diplomados -por cierto- en los parlamentos políticos? ¡Vaya! ¿Será que no entendemos lo que es diseñar y determinar la Revolución?

Hablemos de intereses obreros. Un poco sí, porque se disuelve en las corrientes más exacerbadas, la idea que nos podría sacar del lodo pestilente y de los tugurios concretos. Vivimos uno de los fenómenos sociales, sin dejarnos dominar por quienes van de progres. Sí, de los que seriamente van de la mano con la duda y la intrigante cuestión de quienes protagonizan divergencias estructurales, por el sólo hecho de pretender politizar una Organización Anarco sindical ‘centenaria’, a sabiendas de que sin la más mínima posibilidad de éxito posible. Téngase en cuenta aquí lo de ser revolucionarios, o quedar como que es imposible salir de las redes arañescas, que sólo sirven para quedar atrapados, porque son la trampa de las habilidades políticas, tan conocidas. No es posible entender que las teorías sirvan para el truco de los engaños sociales. Vaya por delante esta crítica para quienes aventuran dejar de ser, lo que vinieron defendiendo varias décadas, el anarcosindicalismo, desde su nacimiento en 1910. Pero en 2018 podemos decir que se cansaron de fingir ser anarcosindicalistas. Y es donde encontramos las traiciones, por mucho que vengan a defender, parapetados en el confederal, comportamientos sensatos de la CNT-AIT. Todos ellos juntos hacen posible una escisión interna, a pesar de que saben que no es posible reinventar nueva dialéctica en el comportamiento de los que ni son revolucionarios, ni tienen posibilidad de terminar con el Anarcosindicalismo, ni van a salirse por la costumbre tangencial a la que nos intentan acostumbrar. ¡Los revolucionarios no se valen de la escisión, pues certifican los estilos, con resultado de traición, “a lo que deben enfrentarse”! Y no será suficiente que roben, que falsifiquen acuerdos, que tiren la piedra y escondan la mano, que dominen tener el control de las finanzas, a sabiendas de que los valores patrimoniales y la contabilidad pecuniaria, son únicamente el principio que sólo debe defender la “militancia, jamás la secretaría de los comités nacionales; como tampoco podrán acabar con las múltiples provocaciones, por las que se aferran, pensando en que, si hay que llegar a los asuntos judiciales, que no vayan a creer que se llevarán el gato a sus ambiciones personales. Precisamente porque el dilema estriba en soltar las ideas revolucionarias o rebeldías que requiera el momento. ¡Las teorías deben demostrar su razón, su sensatez, su grandeza y disfrute de las luchas contra los verdaderos enemigos de siempre!

Si fuimos capaces de luchar contra la dictadura, ¿qué sucede ahora que podemos demostrar que somos los que hicimos posible la CNT-AIT? Pues bien, tenemos suficiente sensatez para despejar dudas en toda conducta sobre aquellos que van de anarquistas, pero se reservan el derecho a encubrir las traiciones, aunque nunca fueron exitosas por sus tácticas. La Organización anarcosindical no necesita vender sus actos tremendistas a los sistemas del poder político. Mucho menos mendigar el falso placer de comprar y venderse a sí mismo. Los revolucionarios no necesitan dinero para hacer la revolución, pues de lo que se trata es de descomponer semejante poder.

Siempre fue verdad que los inventores suelen quemar toda la química que sirve para despejar los sueños del ser humano. Y en nuestro estado de ánimo van quedando las cenizas turbias, desde el momento en que se frustran los sentimientos, por algo que no debe ser, pero que, bien enredan hasta el fracaso, cuando de comprar y vender conductas, para indignación de cuantos no desean caminar por los mismos derroteros crispantes. ¿Dónde está la honradez cuando se lucha por una sociedad libre, pero no son capaces de respetar las formas consensuadas del anarcosindicalismo centenario? Pero claro, ya se encarga el capitalismo en la defensa de “tanto tienes tanto vales”. El capitalismo suele generar todos los vicios; más, cuando adiestra desde los intereses, que suelen ser, como armas letales, la provocación, el robo, el vandalismo y los fines concretos que destruyen hasta generar nuevas violencias, por la defensa propia. ¡Qué vergüenza nace desde la desidia! No obstante, seguiremos abonando las ideas que nos reconducen, sin los deformados sentimientos, a que no se pierdan las costumbres revolucionarias, por muchas trabas que surjan por los caminos que nos quedan por andar. Todos sabemos que el anarcosindicalismo es una alternativa que propone el Anarquismo. Pero no para deformar los Principios y Finalidades, sino para que sepamos luchar convencidos de que es posible otra Sociedad, sin víctimas del capitalismo.

Ahí están los falsos ideólogos del sindicalismo, señalando como dato relevante algunos casos, vividores del compendio de escisiones evidentes de la historia Obrera, sin más causa que vivir del espectáculo desintegrador del capitalismo: UGT, CCOO, CGT y otros de igual conducta social. ¡Qué vergüenza tener que valorar a los que viven del poderoso dinero! Aunque no será nunca excesivo hacer crítica de ellos, porque son los que alimentan y mantienen el poder de Estado. Momento que permite dar relieve, con valor elevado, sabiendo que las luchas, nunca son exitosas, si desde el dinero, o capitalismo se depende. En las Tácticas está la clave exitosa de toda lucha revolucionaria. Todos tenemos buenas razones para defender, en algunas ocasiones, ‘lo indefendible’. Pero no guarda secreto alguno que vayamos por la sociedad dando la nota de ser algo más de lo que en realidad tenemos o somos. No es de cuidado que tengamos que defendernos de nosotros mismos cuando la experiencia permite demostrar que ‘la inteligencia’, vista desde la triste miseria, no es lo mismo que aplicarla a los poderes del enfermo capitalismo. Y nos vienen unos señores a innovar, no se sabe para qué, pero toman el poder en nombre de la revolución, siendo únicamente capaces de subsistir con la usurpación de bienes y privilegiada comodidad.

La evolución humana pasa por los intereses del capitalismo; mientras tanto, otros exponemos la aventura de no entrar al juego de las políticas dominadoras porque monopolizan, haciendo suyos los privilegios de los ciudadanos. Y analizando, con cierta frialdad, los hechos últimos del ‘anarcosindicalismo’, obliga a despejar gran culpabilidad sobre los protagonismos políticos aplicados a esta Organización. Es importante la huella de los que desean dar un giro a lo que viene siendo desde siempre un deber, una obligación, porque el principio que nos caracteriza está patentado desde 1910, al tiempo que debe corresponderse con las finalidades. Y cabe pensar, desde nuestro rigor más exigente, que la propia historia, que nos mantiene vivos y bien despiertos, no permitirá destruir lo que la Clase Trabajadora demostró ser verdad, seguir los caminos trazados, hasta que los gobiernos de estado entiendan, y comprendan, que no será posible que nos dobleguen, aunque nos corten las piernas.

Momento del que se desprende el mejor de todos los comentarios comentados hasta la fecha: Ni la CGT francesa, ni la CGT española, lograrán transformar el Ideal Anarcosindicalista, en lo que vienen demostrando, por mucho que practiquen políticas de gobiernos de estado, o que practiquen las traiciones políticas, seguidores del poder capitalista. La CGT, en la Península Ibérica, es, y terminará siendo, no más que un nido de pajarillos que nunca sabrán volar fuera de sus acomodadas costumbres del despilfarro con dinero.

Son muchos los ilusionados que van por libre, diciendo que el ciclo de la CNT-AIT ha tocado fondo: ¡Qué equivocados están! Mientras no se lleven a la práctica las rebeldías aprendidas y desarrolladas, no será posible que la ‘rojiamarilla’ CGT pueda conseguir enterrar las siglas CNT-AIT. El proceso, lo saben bien, tendrá sus luchas y su pérdida de tiempo, pero nunca su rendición porque unos señores y señoras -con todo el respeto- intenten llevarse la esencia revolucionaria, por la que debemos seguir dándolo todo. A pesar de que las políticas del capitalismo y las iglesias logren preparar a sus eunucos para que entren en las ilusiones organizadas dentro de la anarcosindical. ¿El diálogo? ¡Por favor, tránsfugas! No hay nada que debatir si de la Casa Confederal se pretende salir, de la realidad ‘revolucionaria’, por caminos divergentes, como es el caso malversador cegetista. Y valga la siguiente murmuración, siempre libertaria, con el fin de que se entienda que destrozar una Organización Anarquista, como es anarcosindicalizar a la Clase Obrera, pasa a ser, porque no puede contemplarse de otra forma, abrir un horizonte de luchas absurdas, por mucho que se practiquen apariencias, de fines proteccionistas. Ni es una decisión acertada, ni tiene futuro, ni será bien visto por los trabajadores, tampoco es un camino revolucionario. Y no es que pretenda ser más revolucionario que Miguel Bakunin, es otra cosa lo que sucede entre conductas que son, cuando otras composturas dejan de ser algo con derecho a respetar. Desde dentro de la anarcosindical, pues es cierto que se puede romper, destrozar, mal formar y hasta borrar del mapa geográfico ibérico, propugnar fines libertarios confederales, anarcosindicalmente hablando: Naturalmente que sí. ¡Pero no será consentido tal monumento al fracaso! Pregúntesele a la Historia cómo fueron iniciadas ‘todas las guerras bélicas’. Pronto veremos que se trata de un puñado muy reducido de enfermos mentales: Primera Guerra Mundial, promovida por el imperio capitalista; Segunda Guerra Mundial, la experiencia de la Primera, recrudece más la masacre. La Guerra Civil española, una sublevación exigua, pero basada en la traición, se pone a la orden de los poderes del capitalismo. Y ahora nos vienen con una escisión, en el comportamiento Orgánico de la Confederación Nacional del Trabajo, arremetiendo con el ‘inri’ de la Primera Internacional; y ¡zas!, sellan su propia guerra de conductas inaceptables fuera de todo principio ético, lejos del clima por el que venimos defendiendo la sensatez y el orgullo que merecen cuantos dieron la vida por este Ideal, y naturalmente seguir los tres Pilares del Anarcosindicalismo, hoy ya universal: Principios, Tácticas y Finalidades. Y resulta que la CGT, entre otros malversadores del clima fraterno, que forma parte esencial de todas las soluciones Obreras, pues eso, que diseñan unos Comités Nacionales para la Confederación, CNT-AIT, liderando otro modelo anarcosindicalista, a pesar de que no fueron ratificados ni el IX congreso -en Perlora -Gijón-, ni el X congreso -en Córdoba-, ni el XI congreso -en Zaragoza: Pero las élites jerarquizadas se saltaron, por el arco del triunfo, las formas del centenario Anarcosindicalismo, creando la confusión, difuminando la organicidad de la CNT-AIT, como igualmente sostienen que sólo ellos son la ley y el orden. ¡En el camino y sus curvas encontraremos la última de todas las conclusiones, señores y señoras! (¿las arrimadas, las sorayas, las cospedales, las esperanza aguirres; sin que falten sus iguales, las madueños; los paradelos, los enriques y la hoz. También, cómo no, los que siguen ‘la voz de su amo’: con el patrimonio, el peculio orgánico y, naturalmente, la categoría de liberados: ¡Nada menos que en una Organización Libertaria o Anarquista! (Recuérdese la locura de Hamlet y su grandioso Poder). Vengo a señalar con esta crítica que es posible navegar con la condición de “la democracia directa”. La Clase Trabajadora, en 1910, sabía cómo defenderse, ante las represiones constantes, de la ambición de los empresarios: Hoy carece de esta aseveración, tan necesaria para combatir las miserables condiciones de vida laboral. ¡Salud y Anarcosindicalismo!

 

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