Bruno Servet

Cada año, por estas fechas, algún obispo de la jerarquía de la Conferencia Episcopal Española (CEE) sale a la palestra de todos los medios de comunicación, sobre todo escritos, para manifestar su malestar por el trato que se le da a la ICAR, en relación a la cuestión económica. Esta vez tiene como sujeto destinatario los propios feligreses católicos y de rebote contra quienes hacen campañas para que no se marque ninguna casilla a la hora de hacer la Declaración del IRPF.

En esta ocasión han sido el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares Llovera, viejo conocido por sus afirmaciones xenófobas contra los emigrantes, y el obispo de la diócesis andaluza de Córdoba, Demetrio Fernández González, valedor de un cura pederasta y auténtico machista redomado, como comprobaremos más adelante. Antes de entrar en materia, referida a la postura de dichos obispos, veamos previamente algunas puntualizaciones sobre el tema de la ICAR y sus privilegios económicos. Es anormal e injusto que un Estado permita que cada contribuyente pueda asignar una cantidad de dinero público a organismos o instituciones privadas. Un Estado serio, máxime en momentos de crisis, debería velar por el pago de todos los impuestos, persiguiendo el fraude y las exenciones, como los cientos de millones perdonados a la Iglesia Católica (IBI, IRPF y otros), hecho este denunciado por la UE, y dedicar esos millones de euros a los millones de parados y familias sin ingresos. Ellos, todos hombres, pretenden justificar su situación apelando a las obras sociales y de caridad, pero lo que no dicen es que para esos menesteres ya reciben específicamente subvenciones por un importe de casi 3.000 millones de euros y los 10.000 millones que reciben anualmente del Estado. Sin contar todas las riquezas acumuladas y el inmenso patrimonio que incrementa a diario, con el simple acto de “apropiarse” indebidamente y “poner a su nombre” bienes públicos no registrados con la única firma notarial del obispo. ¿El Jesús de Nazaret que presentan los evangelios estaría orgulloso de ver esta Iglesia moderna, con miles de palacios, y lujosos templos, con riquezas incalculables, creando y controlando bancos y empresas mediáticas e invirtiendo en bolsa, con acciones en empresas que fabrican armas de todo tipo y cobrando “los diezmos” de una sociedad empobrecida, pero que a cambio sólo da limosnas? Actúan lo mismo que en la Edad Media, igual que en la Gloriosa Época del Nacionalcatolicismo (España: ¡Una. Grande y Libre! Y ante todo, y sobre todo: ¡Católica, Apostólica y Romana!  Hay que recordarles, por enésima vez, que la verdadera caridad es el reparto de las riquezas, y en el Caso que nos ocupa, el reparto justo de lo recaudado por el IRPF, sin desviaciones a ninguna entidad privada. Que paguen más los que más tienen. Basta de privilegios a la Iglesia Católica. Se obtienen estos privilegios de manera abierta o, como en muchos casos de forma encubierta, a través de los cientos de ONG´S montadas por la ICAR para recibir dinero de todas y todos.

Como en otros artículos he escrito largamente sobre el arzobispo Antonio Cañizares, me voy a detener en esta ocasión en el actual dirigente católico, que rige los destinos de la diócesis de  Córdoba. Veamos algunas afirmaciones, he aquí algunas “perlas” del controvertido obispo: a) Rezar más en vacaciones para huir de las tentaciones de las noches veraniegas. b) Califica la fecundación in vitro como “aquelarre químico”. c) Del abrazo amoroso de los esposos proceden los hijos. d) Todo hijo tiene derecho a nacer de este abrazo amoroso, que no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio. e) Respecto a su machismo, no son elucubraciones por nuestra parte, decía, en su carta navideña a su feligresía, lo siguiente: “La familia se construye por la unión de los esposos, que normalmente se convierten en padres. Varón y mujer, creados en igualdad y dignidad (la Biblia en el Génesis dice lo contrario) fundamenta, son distintos para ser complementarios. Cuanto más varón sea el varón, mejor para todos en casa. Él aporta particularmente la cobertura, la protección y la seguridad. El varón es signo de fortaleza, representa la autoridad que ayuda a crecer. La mujer tiene una aportación específica, da calor al hogar, acogida, ternura. El genio femenino enriquece grandemente a la familia, cuánto más mujer, y más femenina sea la mujer, mejor será para todos en la casa. Esa complementariedad puede verse truncada por la falta de uno de ellos”. f) La Unesco ha concebido un plan para “hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”. g) Comparó el asesinato de Ruth y José, a quienes su padre mató e incineró, con el aborto. h) Se negó a confirmar a un homosexual que pretendía ser padrino de su sobrina”.

Este obispo, ejemplo viviente de la cavernícola postura de la ICAR, es el que ha aumentado un 20% el precio de las entradas de la Mezquita de Córdoba, de 8 a 10 euros (será porque su reino no es de este mundo). Este sujeto machista y retrógrado se ha negado a cumplir las Leyes de la Memoria Histórica, tanto la estatal como la autonómica. En el interior de la Mezquita hay dos placas en las que se puede leer una dedicatoria a las víctimas de la guerra civil española, pero del bando “nacional”. Esas placas las leen miles de turistas. En una de ellas dice: “Dieron su vida por Cristo en la persecución religiosa de 1936-1939”. En la otra aparecen los nombres (falta el nombre de un sacerdote) y apellidos de los 43 sacerdotes diocesanos que dieron su vida por Cristo. No especifica la placa si murieron tirando tiros contra sus paisanos, que estaban en el otro bando luchando por la justicia y la libertad.

Vayamos a hora a lo que se refiere a la cuestión de la Declaración de la Renta, es decir, a las palabras del Cardenal Cañizares, que han traído un revuelo entre los mismos miembros de la Conferencia Episcopal Española (CEE). La misiva del prelado, con motivo de la campaña sobre el impuesto tributario, tiene dos aspectos, uno el que tiene como base el mensaje “X tantos”, y el otro a los feligreses (las feligresas no existen) para que contribuyan a la financiación de la ICAR, que tanto ha molestado a muchos de sus compinches en el episcopado. Sus palabras han sido estás: “Es preciso, sin lugar a dudas, que caminemos hacia una cada vez mayor autofinanciación, ¡ojalá fuera posible una total financiación porque eso supondría una Iglesia más libre”. Ha sido esta última afirmación la que ha molestado a muchos miembros de la Conferencia Episcopal. Así que la verdad duele, y más si viene de uno de los tuyos. Tampoco han sentado bien estas otras: “Somos los cristianos los que tenemos que sostener fundamentalmente a la Iglesia”. Pero, cuidado, el arzobispo no aboga por la supresión de la casilla de la Iglesia, lo que propone es que los católicos no sean remisos a la hora de marcar la X.  Téngase muy en cuenta que la posición del cardenal choca con la opinión de la mayoría de sus colegas, que entienden que la financiación directa del Estado es un derecho intocable.

Hay que recordar que lo que aportan los cristianos católicos a la Iglesia no es un impuesto añadido, lo que aportan al marcar con una X la casilla correspondiente a la Iglesia se sustrae de las arcas del Estado. La cúpula de la ICAR no tiene ninguna prisa, más bien todo lo contrario, en cumplir el firmado hace 40 años, en el que se comprometían, en el menor plazo posible, a autofinanciarse. Así está escrito el artículo 2.5: “La Iglesia declara su propósito de lograr, por sí misma, los recursos suficientes para la atención de sus necesidades. Cuando fuera conseguido, este propósito, ambas partes se pondrán de acuerdo para sustituir los sistemas de colaboración financiera, expresada en los párrafos anteriores de este artículo, por otros campos y formas de colaboración económica”. Pero lo pactado fue in illo tempore, así que para qué recordarlo, si ya nos va maravillosamente bien con las aportaciones del Estado, que rondan los 20.000 millones de euros, si se tiene en cuentan lo que el Estado, de forma directa o indirecta, las Comunidades Autónomas y Municipios gastan en el mantenimiento de edificios religiosos de todo tipo (catedrales, Iglesias, basílicas, parroquias, ermitas, y un largo etcétera). El nada sospechoso de anticlericalismo Benedicto XVI, actualmente Papa emérito/retirado era muy crítico con el sistema vigente en España, ya que ofrecía y ofrece una imagen opulenta de su confesión. No es de extrañar su postura, ya que el país del anterior Papa transita, en lo que se refiere a la financiación de las religiones por otros caminos muy diferentes a los que pisa la Iglesia católica española. En la actual Alemania, los contribuyentes (católicos, protestantes o miembros de otras comunidades religiosas) pagan una cantidad igual al 8% en unos sitios y el 9% en el resto del país. Una persona que gane 50.000 euros aportaría entre 800 o 900 euros. Es el Estado el que recauda en nombre de las confesiones religiosas y luego reparte. En España, en el pasado ejercicio, el aumento de declaraciones pasó de un 34,76 % al 34, 93 %, a pesar de ello hubo una disminución de ingresos de 1.099, 525 millones de euros. El número total de declaraciones a favor de la Iglesia fue de 7.347.612. Esta es la base sólida de los votos que van a la derecha en España. Votan a sus representantes políticos, aunque estén infectados de corrupción tanto personal como de partido. La ICAR recibe más fondos que nunca, aunque pierde 300.000 contribuyentes. Termino con un dato muy elocuente: los que no marcan las casillas han aumentado en 600.000. Muchos nos hemos convencido de que el Estado (sobre todo si gobierna la derecha) no hace un uso equitativo y justo de lo recaudado en la “casilla” de los fines sociales. La ICAR, con su infinidad de entidades de “falso carácter altruista”, se lleva una buena tajada del pastel recaudado.

 

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