Miguel Correas

 

Cuando me pongo a escribir este artículo para la Revista Orto, de la cual formo parte, se acaban de cumplir 41 años que me entregaron el carnet de la CNT-AIT, en Badalona, calle Cervantes, de manos de un compañero con el cual hasta el día de hoy todavía comparto ideas y vivencias. Desde entonces no he dejado de cotizar ni un sólo mes a la organización anarcosindicalista. Este dato no tiene mayor valor que el de constatar que, no soy nuevo en la historia reciente del Sindicato, creado en la barriada barcelonesa de Sants, en 1910. Sé perfectamente que los posibles méritos personales- si es que los hubiera- no sirven para estar por encima de nadie, y que cada afiliado tiene un voto, tanto si es nuevo como si lleva una gran parte de su vida en el sindicato. Y ello es una verdadera suerte y un acierto histórico, que hace a la organización confederal muy diferente al resto de organizaciones ya sean éstas sindicales, políticas o de carácter social.

Siempre ha sido para mí una gran satisfacción el pertenecer a un sindicato donde se habla, se trabaja y convive con compañeras y compañeros de igual a igual, sin tener en cuenta el cargo orgánico que se tenga en ese momento. Siempre he sentido una profunda admiración por quienes, de manera tan generosa, han asumido responsabilidades orgánicas, que conllevan esfuerzo y valentía, pues ésta es una organización donde se viven momentos muy duros, ya que los enemigos son muchos, y en muchas ocasiones, muy poderosos. No he entendido, ni entiendo ni entenderé nunca a quienes se acercan al sindicato con la intención de obtener algún beneficio personal. A la CNT hay que ir a dar, y si en alguna ocasión necesitas el apoyo de las compañeras y compañeros hay que estarles agradecidos por ser solidarios contigo.

Durante muchos años, he tenido la suerte de estar junto a cientos de compañeras y compañeros que sentían, en lo más hondo de sus corazones, las ideas anarquistas, he tenido el privilegio de convivir con hombres y mujeres que llevaban grabado en sus corazones un mundo nuevo, un amor hacia las personas y hacia toda la Humanidad (“Mi patria es el mundo, ni familia la Humanidad”, lema fundamental de la AIT-CNT), que casi no le cabía en su cuerpo. He sentido, al luchar junto a ellas y ellos, la alegría de luchar por algo hermoso y digno de ser compartido con los demás. He vivido junto a tantos y tantas personas libertarias, anarquistas y anarcosindicalistas la ilusión de conseguir un día un mundo más justo, más libre, más solidario, que nunca podré olvidarme de su ejemplo de vida y comportamiento con los que nos acercábamos a ellos y ellas en busca de conocimiento de lo que era la verdadera y emancipadora lucha social. Teníamos ganas de aprender y aprendimos, teníamos ganas de saber y supimos. Nosotros teníamos la juventud, pero ellas y ellos tenían la sabiduría que da la experiencia vital y los duros momentos que les tocó vivir. Esa fraternal simbiosis entre experiencia y juventud nos hacía fuertes, y nos evitaban errores que no beneficiaban ni a las personas ni al propio sindicato.

Lo primero que me impresionó, en los primeros días de mi militancia cenetista, fue la manera como saludan/ me saludaban cuando llegaba al sindicato. Sobre todo, en los mayores, notaba una especial dulzura en la voz, cuando te decían al verte: ¡Salud, compañero Miguel! También entre los muchos jóvenes, éramos tantos, la acogida fue maravillosa. Como el sindicato al que me afilié no era muy grande, para aquellos tiempos, unos 300 afiliados, la relación humana era muy agradable y acogedora. Tuve la gran suerte de formar parte del Sindicato de Químicas, con un enorme ramillete de compañeros muy luchadores y varias compañeras que también lo eran; hay que tener en cuenta que en ese ramo de la industria casi el noventa por ciento eran hombres. Terminada mi carrera de Magisterio pasé al Sindicato de Enseñanza, pero se deshizo muy pronto y formé parte del Sindicato de Oficios hasta mi marcha a La Rioja.

Debido a mi formación cultural (había realizado estudios de Filosofía), a mi facilidad para hablar en público y, sobre todo, a la rápida formación en las ideas anarcosindicalistas, me encomendaron tareas de defensa de las trabajadoras y trabajadores de empresas en procesos de cierre. Recuerdo el nombre de la primera empresa que estaba en proceso de cierre, NERCA S.A, radicada en Badalona, cerca de la estación de Renfe. Era tal el ambiente de lucha y los numerosos conflictos laborales que se aprendía en un mes lo que en otras circunstancias costaban años.

Si a nivel de la Federación Local de Sindicatos (había un buen ambiente, con las lógicas maneras de ver la lucha social y sindical), en el caso particular del Sindicato de Químicas era algo digno de resaltar. El “liderazgo” que tenían algunos compañeros, muy luchadores y de comportamiento ético ejemplar, estaba basado en su valía personal y en que lo que decían lo refrendaban con sus actuaciones personales, coherentes y de mucha enjundia intelectual y práctica, sin pretensiones de ninguna clase y respetando las opiniones de los demás, llevasen años en la Confederación o fuesen recién llegados como en mi caso. No había líderes, había compañeras y compañeros valientes y comprometidos con el Ideal anarcosindicalista. Ese ambiente de lucha y de respeto hacia los demás marcó para siempre mi forma de entender el sindicato y las formas de relacionarse con quienes lo han formado hasta el día de hoy. Hay momentos en que te preguntas en qué organización cotizas, ya que a veces, a compañeros del sindicato los propios afiliados le llaman de Usted. Con esos mimbres no me extraña que sigan al “líder de turno”, es decir, a los que tienen cargos que lo ejercen de manera ejecutiva, como si fueran dirigentes de un partido político o de un sindicato amarillo.

Debido a la situación por la que atraviesa la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) tanto a nivel interno como en su relación con la organización hermana, y de la que forma parte, la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T), he tomado la decisión, por primera vez en cuarenta años, de hacer pública mi opinión respecto a lo que está sucediendo en estos últimos años. Siempre he expresado mi opinión mediante las ponencias realizadas para ser leídas en las asambleas del sindicato, nunca he publicado mis propias ideas respecto a la actividad orgánica de tipo conflicto en los medios confederales, Solidaridad Obrera -órgano oficial de la Regional catalana- o el CNT, portavoz de la Confederación de ambiente nacional/estatal. Y eso que en muchas ocasiones así me lo pidieron los compañeros y compañeras más cercanas. Aunque he tenido, alguna vez, algún cargo orgánico dentro del sindicato, sólo durante dos años a nivel regional en mi etapa en Logroño, siempre he optado por no ocupar cargo de ámbito nacional, propuestas no han faltado, pero siempre me he negado a ello.

Visto con la perspectiva que dan los años y el transcurrir de los acontecimientos, he de decir que algunos compañeros, a los que siempre he apreciado, se han tomado la revancha de los momentos en que sus propuestas reformistas no eran aceptadas  por la mayoría de la organización (Elecciones Sindicales, Regional del Exterior, Sindicato de Jubilados, Pacto con la Izquierda Política, etc.), han visto que la debilidad ideológica de muchos militantes y afiliados en la actualidad les permite dar un giro de 360 grados al funcionamiento orgánico de la Confederación. La prueba definitiva de ello han sido los acuerdos de los dos últimos Congresos Confederales de Córdoba y Zaragoza, a este último, por proximidad pude asistir, comprobé in situ como se daba un giro a las prácticas básicas que conforman el auténtico ADN del anarco-sindicalismo. No respetan a  las minorías, ya que quitan voz y voto a quienes no llegan a formar un sindicato debido a que no tiene el número de afiliados que los actuales “dirigentes” de la CNT  creen que tienen que tener; y ello no solo en lo que afecta al funcionamiento de la CNT en España, sino llevando su postura a nivel internacional , para dejar al margen a aquellas secciones de la AIT que no comparten su giro ideológico, ellos quieren llevar a la Internacional a un galopante reformismo, en base a un entente con aquellas secciones que están en connivencia con el poder político en diferentes países como Suecia, Italia, Francia, etc.

Para ello se han saltado a la torera la idea de solidaridad internacional con las restantes secciones de la AIT, y han impuesto que se vote en función del número de afiliados, sabiendo de antemano, que la CNT, con ese acuerdo puede hacer y deshacer en la AIT. Eso no es nuevo, ya en el Congreso de la AIT de 1988, en Burdeos (Francia), al cual asistí como delgado por la Sección española, ya hubo intentos de cambiar los Estatutos y que se tuvieran en cuenta los afiliados de cada sección. Estaban de acuerdo parte de los que ahora han participado en este nuevo cambalache, y en la distancia la SAC sueca, elemento colaboracionista para dar la definitiva estocada de muerte a la independencia  de la AIT-CNT, embarcando al anarcosindicalismo en una aventura planificada donde pierda su autonomía de los poderes del Estado, y no sea un elemento que distorsione los intereses de la clase dominante, poniéndole en situaciones de verdadero conflicto social, cosa que no ocurrirá si por unas prebendas personales o sindicales dejan de denunciar los cotidianos atropellos del capitalismo neoliberal y asesino que rige los destinos de la Humanidad en su propio y único  beneficio. Y como el Estado no puede de manera directa acabar con la fuerza ideológica del anarcosindicalismo, porque sus postulados están tan vigentes como hace ciento ocho años, recurren a destruirla desde dentro, amparándose en la falta de formación anarcosindicalista de los afiliados y militantes, así como de personas que se definen como cenetistas y no son más que unos oportunistas, cuando no auténticos corruptos pillados in fraganti, metiendo sus sucias manos en los bolsillos del sindicato. Esos y no otros son los que abogan por REFORMAR el anarcosindicalismo: “porque estamos en otros tiempos y hay que estar a la altura de las nuevas circunstancias”, dicen a quienes les quieren oír por las buenas o por las malas.

Se ha llegado a extremos que eran impensables años atrás. No tienen el menor reparo en denunciar a compañeras y compañeros de manera individual, pidiendo grandes cantidades de dinero porque utilizan las siglas CNT. Esto es una venganza en toda regla. Nunca un verdadero anarcosindicalista hubiera hecho eso. Y las preguntas surgen de manera espontánea, inmediata: ¿Quiénes son estos nuevos DIRIGENTES de la CNT? ¿Cuál es su ética libertaria? ¿Por qué militan en un sindicato ANARCOsindicalista? ¿Por qué tanta inquina, tanto odio acumulado contra todo lo que lleva el sello del Anarquismo? ¿Es que lo que quieren es el patrimonio económico de la Organización, y una vez obtenido quedárselo o desviarlo para otros menesteres que nada tienen que ver con la lucha de la Clase Trabajadora en la construcción de una sociedad nueva, sin dirigentes ni dirigidos? Para quienes no estaban en la Organización durante el período que tuvo lugar el contencioso de las siglas contra la CGT, recodarles que nunca se interpuso denuncia alguna contra persona o sindicato particular, se puso litigio contra la otra Organización de manera genérica. Los afiliadas y afiliados de entonces hubieran rechazado de plano tales prácticas contra trabajadoras y trabajadores, aunque su intención era la usurpación de unas siglas y su patrimonio, nuestra ética anarcosindicalista nos lo impedía entonces y nos lo impedirá siempre. Para terminar, pido unidad y valentía para dar un paso hacia adelante y sacar de la organización a quienes quieren destruirla desde dentro. Compañeras y Compañeros: ¡A PESAR DE TODO, VIVA LA CNT-AIT!  Salud y anarcosindicalismo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *