Con la Huelga General Feminista del pasado 8 de marzo dio comienzo, de manera contundente, la que se podría considerar como la Cuarta Ola del Feminismo, no solo en España, sino en todo el mundo, ya que su ámbito de actuación fue la importantísima cifra de 199 países. Como se dice actualmente fue una huelga “histórica”, aunque todo lo que ocurre, una vez sucedido ya es historia, tenga mayor o menor repercusión. Al menos en España, se puede afirmar, sin lugar a equivocarse, que lo del día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, ha marcado un antes y un después en la lucha del feminismo en nuestro país. Y ello, no solo por la magnitud de las manifestaciones en las principales capitales españolas, sino que también por la potente participación de las jóvenes en la organización de la huelga y su desbordante protagonismo en las calles.
Son múltiples las razones/motivos que tienen las mujeres para la huelga que hicieron de manera exitosa el pasado día 8 de marzo. A grandes rasgos veamos algunos datos: a) Las mujeres son el 51 % de la población pero sólo el 28% tiene cargos en la Administración Pública. b) El número de mujeres en las diferentes reales academias es tan bajo que sólo representa el 11% del total. c) En el ámbito de la Política, a pesar del efecto cremallera de algunos partidos de izquierdas, es sólo del 19%. d) Las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a las tareas domésticas y de cuidados, en muchos casos se triplica o más. e) Las mujeres soportan una mayor tasa de desempleo y tienen más trabajo a tiempo parcial.
Para un posterior desarrollo, enunciemos telegráficamente las 8 razones (la lista sería extensísima) que sustentó la convocatoria de esta primera Huelga General Feminista: 1) La recuperación llega antes a los hombres que a las mujeres. 2) Unas 400.000 mujeres trabajan a tiempo parcial por las obligaciones familiares, que recaen ellas y no en los hombres. 3) Hay una sangrante brecha salarial entre hombres y mujeres. 4) Esta insoportable brecha se da de manera más injusta en la cuestión de las pensiones. 5) en lo que se refiere al trabajo no pagado, las mujeres dedican el doble de horas. 6) La representación política está lejos de llegar a la paridad. 7) El famoso “techo de cristal”: hay muy pocas mujeres en los puestos de poder, tanto en el sector público como en el privado. Y finalmente, una verdadera lacra social, un auténtico terrorismo machista. 8) La violencia contra las mujeres por el simple hecho de ser mujer.
Veamos, más detenidamente, cada apartado que hemos enunciado con anterioridad. Si con la “crisis” creada por el neoliberalismo para su propio beneficio, las tasas de paro y ocupación se acercaron un poco (debido a la fuerte destrucción de empleo), la recuperación ha vuelto a abrir una nueva brecha. En la actualidad hay un 18,4% de mujeres en paro, por un 15% de hombres. El trabajo a tiempo parcial (que conlleva salarios y cotizaciones más bajas, y que generan menos derechos de prestaciones sociales) está rotundamente feminizado: el 75% de estos contratos corresponden a mujeres. Dos causas principales contribuyen a esta grave situación: las empresas no les ofrecen otro tipo contrato, o bien las mujeres acepta esos contratos porque necesitan tiempo para cuidar de menores o personas mayores y dependientes. En los hombres este factor aparece entre las últimas razones. En cuanto a la brecha salarial, una mujer cobra un 13% menos que un hombre por hora trabajada. Ello afecta a mujeres de todos los niveles formativos, edades y ocupaciones. El sueldo medio anual de las mujeres es de 20.052 euros, mientras que el de los hombres asciende a 25.993 euros. Los complementos salariales discrecionales forman el 40% de esa brecha salarial. Las ausencias y lagunas en los empleos para ocuparse de los cuidados antes mencionados, generan la vergonzosa brecha de las pensiones. Las mujeres representan el 36,1 % de las personas jubiladas con derecho a prestación, y su pensión media es de 768 euros al mes, frente a los 1.220 euros de los hombres.
Hasta aquí los cuatro primeros apartados, sigamos con los otros cuatro restantes, importantes como los anteriores. Sigue en manos de las mujeres el trabajo de cuidados no remunerados. Los hombres emplean 14 horas semanales, frente a las 27 de las mujeres. La representación política de las mujeres todavía no llega al 50% en muchos parlamentos. En el Gobierno Central, solo 5 de sus 14 componentes son mujeres. En el Congreso las mujeres rozan el 40%, y ello es debido a la postura favorable de los partidos de “izquierdas”. Más allá de los gobiernos, la representación de las mujeres en instituciones y puestos de poder y responsabilidad está muy lejos del justo equilibrio. Las mujeres son más de la mitad de las personas tituladas, en nuestro país y, sin embargo, su presencia en los altos cargos de la administración o de los consejos de administración de las empresas del IBEX 35 es totalmente minoritaria. También es minoritaria su participación entre catedráticos y profesores de investigación de organismos como el CSIC. Y finalmente, veamos lo referente a la violencia que sufren las mujeres por el sólo hecho de ser mujer. Violencia que no cesa. Desde el año 2002, más de 900 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Sólo en el año 2015, se produjeron en España 9.000 agresiones sexuales.
Una de las cuestiones que más ha llamado la atención en la convocatoria y realización de la Huelga General Feminista, y las numerosas y multitudinarias manifestaciones a lo largo y ancho de la península ibérica, ha sido el apoyo, sin paliativos, de las mujeres más jóvenes, es decir, del mundo de los institutos y las universidades. Se ha dado una confluencia intergeneracional, que ha sorprendido gratamente a propias y extraños. Ello es un buen síntoma para la causa feminista y para la sociedad en general. El desconocimiento total de la historia de la Lucha Feminista fuera del ámbito feminista, ha sido de los hechos más destacables en los diversos actos llevados a cabo por la Coordinadora creada para expandir la huelga. Para muchos y muchas, las reivindicaciones de las mujeres tienen como mucho treinta o cuarenta años, es decir, que empezaron con la llegada de la “democracia” a España. Las reivindicaciones feministas se han producido a lo largo de la historia de la Humanidad, lo que ocurría es que se hacían siempre de manera individual y no tenían la repercusión que han tenido a partir de la Revolución Francesa (1789), cuando la mujeres se organizan y hacen Declaraciones y Manifiestos colectivos para dar a conocer sus demandas y revindicar sus derechos como ciudadanas, en igualdad de condiciones que los hombres.
Es curioso que el lema de la Revolución, que acabó con el Antiguo Régimen, tuviera tres palabras que han pasado a la historia, sobre todo en Occidente, éstas fueron: Liberté, Egalité y Fraternité. Prestemos mucha atención a la última palabra. Dice fraternité, que viene de frater, que significa hermano. Por lo tanto queda descartada la sororité, que viene de sor, que significa hermana. Una revolución llevada a cabo por mujeres y hombres (la participación activa de las mujeres ha quedado reflejada en multitud de documentos, teniendo en muchos acontecimientos más protagonismo que los hombres), el resultado final fue que la Constitución que resultó de tal revolución habla en su totalidad de ciudadanos y no de ciudadanos y ciudadanas. Así pues, cuando las mujeres, con Olimpia de Gouges a la cabeza, piden que se les tengan en cuenta, por su contribución al Nuevo Régimen, reciben como premio la muerte en la guillotina de su lideresa, de la luchadora revolucionaria antes nombrada. Este hecho fue lo que hoy conocemos como Primera Ola Feminista. Después vendría la Segunda Ola Feminista, que tuvo lugar en los Estados Unidos de América en 1848, feminismo de tipo burgués, que reivindicaría el derecho al voto. La Tercera Ola del Feminismo, la cual ha durado hasta este mes de marzo, tiene como punto álgido la publicación del libro de la francesa Simone de Beauvoir El segundo sexo (1948-49). Y sin lugar a dudas estamos ante la Cuarta Ola del Feminismo, por la fuerza con que se producen se les llama Olas y no Etapas.

La Huelga General Feminista y sus manifestaciones, el pasado 8 de marzo, han hecho que las posturas ambiguas frente a los derechos y reivindicaciones de las mujeres hayan pasado a un primer plano de las cuestiones políticas, de los programas de los partidos políticos: brecha salarial, techo de cristal, violencia de género, aborto, etc. Nada volverá ser como era antes del 8 de marzo de este 2018. Las mujeres, mayores y jóvenes, están firmemente con-vencidas de que es justa su lucha y no están dispuestas a dar un paso atrás. Tanto es así, que aquellos partidos que boicotearon la huelga, que afirmaron que era elitista y que era para luchar sólo contra el sistema capitalista, se equivocaron del todo, tanto fue así que en los últimos instantes se sumaron a regañadientes con manifiestos y comunicados hechos a la trágala, y hoy pierden “el culo”, perdón por la crudeza del castellano, por poner en sus agendas el tema feminista y se apresuran a buscar mujeres para que encabecen las listas electorales en las grandes ciudades de este país machista y de maltrato a las mujeres.
El Movimiento Libertario en general y la CNT particular no ha estado exenta del machismo, aunque más tolerante que el resto de organizaciones políticas y sindicales, ya que siempre ha tenido mujeres en cargos de responsabilidad, no estuvo a la altura de las circunstancias durante la Revolución Española de 1936. Cuando la Organización libertaria Mujeres Libres pidió ser reconocida como parte del Movimiento Libertario, la respuesta fue negativa, y no se permitió que formara parte del mismo. Por lo tanto el Movimiento Libertario quedó constituido por CNT, FAI y Juventudes Libertarias. Aprendamos de los errores y más nosotros y nosotras que nos llamamos libertarios, para que hechos semejantes no se repitan nunca más. La lucha de las mujeres es la lucha de todas y todos, porque ellas luchan por la igualdad real entre mujeres y hombres. Su lucha no es contra el hombre, su lucha es contra el machismo que llevan los hombres en esta sociedad regida por hombres contra más de la mitad de la población mundial, contra las mujeres. A los hombres les queda, como muy bien decían las proclamas feministas del 8 de marzo: escuchar, aprender, ir detrás en sus manifestaciones, darles apoyo, y dejarles hablar a ellas, no querer abanderar su propia lucha, sus justas reivindicaciones. Ellas luchan por la igualdad real entre mujeres y hombres, no les quitemos una vez más su merecido protagonismo. Ese anhelo de las mujeres, que hoy parece utópico, tiene que llegar el día en que sea una hermosa realidad.

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