Teresinka Pereira

Más comúnmente consideramos que vencer en la vida es empezar a trabajar en temprana edad y antes de los treinta años estar graduado por una universidad, tener un buen empleo o ser dueña/o de su propio negocio. Sin embargo, somos sujetos a las influencias de la historia, no solamente de nuestra sociedad, sino de todas las culturas por las cuales aprendemos a vivir. En esta época globalizante el planeta ya se hace pequeño, y cuando llegue a los ocho mil millones de habitantes, la humanidad va a explotar con hambre y con guerras nucleares. Ya no hablamos de utopías ni de salvar la humanidad, porque estamos hechos de un alma egocéntrica y de tal mala gana que nuestro refrán se reduce a “si hay poca harina, mi pan primero…”. Hay unos pocos santos y otros ángeles inocentes entre nosotros, pero pocos los conocemos. La regla del individualismo es general y en eso está la humanidad. Cada quien quiere su pan primero, aunque sea de pura harina en vez de relleno con caviar. Los admirados héroes no son los que hacen caridad, sino los que tienen los bolsillos llenos. Y hay personas que toman eso en serio, pero fingen que es una ironía, o peor, un sarcasmo.
Vamos al grano: en nuestro milenio, los que vencemos en la vida somos los que hemos empezado una nueva vida a los sesenta años, cuando concluimos que el dinero guardado para la jubilación no alcanza siquiera para el pan, que nuestro descanso del trabajo es una ilusión del paraíso perdido y que no solo hay que buscar otro empleo, sino que volver a la escuela para aprender a trabajar con la nueva tecnología electrónica. Hay que aprender a vencer los gigantescos pasos de la modernización diaria de la vida digital, de la prevención contra el envejecimiento del cerebro, de los miembros locomotores, del colesterol o de la cura ya lograda para cada una de las molestias geriátricas. Quien no se ha preparado antes, tiene que dar otra vez el primer paso y tomar la segunda o la tercera edad no como un comienzo del final, sino como el comienzo de una vida nueva.
La peor parte de esta empresa es la lucha contra la mentalidad tradicional de nuestros amigos, que se entregan a la auto-destrucción por flojera o por ignorancia de los nuevos caminos. Hay que tomar en serio el dicho “Tu ignorancia es la mejor arma de tus enemigos”. Y peor todavía es el advenimiento de la nueva mentalidad capitalista que ha dominado ya el mundo entero, incluso los países de la ex-Unión Soviética y de China, que eran el refugio para nuestra utopía. La misma sociedad, que eleva a un pedestal a los “héroes” con inmensas fortunas en el banco o en Wall Street, es la que desprecia y maltrata a los pobres, a los que han perdido su fortuna por enfermedad, por mala jugada del destino o por no haber sabido elegir una carrera compactible con sus gastos de bourgeois. Los pobres son vagos, ignorantes, tienen mala genética, además de ser mal educados, sucios y de tener mal aliento. Y esta cruel descripción no viene de la boca de un nuevo rico, sino de un pobre que todavía no ha logrado arrimarse. Los ricos son cristianos que dicen que los pobres lo son por la voluntad de Dios. Sin embargo, hay muchos pobres que se han curado de su genética pobreza y se han vencido en la vida más de una o dos veces.
No es necesario ser psicoanalista para saber que los jóvenes no piensan en el futuro. Ellos piensan en los provechos que pueden sacar del presente, de las diversiones, de las ocasiones para lucir su fuerza física o su frescura mental. El futuro pertenece a la tercera edad en todas sus capacidades. Ahí entonces uno se da cuenta de que no está preparado para enfrentar el cansancio, la soledad, el miedo, las discriminaciones, las culpas, los rencores, el silencio, los dolores y, principalmente, los recuerdos y la barrera del futuro: la muerte. Esa es la relación común y corriente de la vida de todos. Sin embargo, les cabe a los padres conscientes la preparación de los hijos para su futuro independiente, productivo, serio y responsable. En los países capitalistas ricos (sí, hay muchos países seudo-capitalistas pobres), en los cuales el gobierno paga a las madres solteras para criar a sus hijos, les quita a cada madre la responsabilidad de educarse a sí misma para trabajar y para educar a sus hijos. Se crea un círculo vicioso en el cual la madre se hace como la mujer del gobierno y tiene varios hijos a los cuales no podrá educar. Las madres amas de casa también van a tener muchos hijos porque no se toman la responsabilidad de enseñarles que el trabajo es un deber humano y una contribución para el bien común de la humanidad. Cuando era profesora hice una investigación sobre la producción educativa de la mujer-profesora y del hombre-profesor y la conclusión fue que las mujeres producían más en el trabajo educativo que el hombre. La razón es que las mujeres profesionales tienen menos hijos que los hombres profesionales y que las mujeres amas-de-casa. En un mundo que camina desesperadamente hacia una súper población y para la extinción del ser humano por hambre, es obvio que ser mujer-profesional es la solución ideal.
Por otro lado los profesionales y los idealistas están viviendo más de cien años y eso también puede ser un problema para la seguridad económica-social de todos. Hay muchas ciudadanas y ciudadanos que ya han asumido su responsabilidad de ser productivo por más años y siguen trabajando pasados los sesenta, setenta, ochenta y noventa años. A estos, mando todo mi respeto, agradecimiento y admiración. Y espero que estén disfrutando la vida, que estén rodeados por sus amigos y familiares. Son gente que en vez de sentir lástima por sí mismos vuelven a empezar la lucha cada vez que es necesario, sin quejarse y sin molestar a nadie. Son los verdaderos héroes de la humanidad, porque dan su ejemplo de honestidad moral y ética incontestable. Y hay los que han sido condenados a una enfermedad todavía no curable y que hacen por vivir feliz hasta el último suspiro. Esos son también los súper héroes de la humanidad, a quienes debemos dar todo nuestro respeto y honor. Un poeta estadounidense me ha enviado un mini poema sobre la brevedad de la vida, que a veces es aún más breve para los que no tienen más que unos meses para vivir. .Lo traduzco y lo presento aquí:

Por lo más
lejos que puedo decir casi nadie piensa
en lo terrible
que es la brevedad
de la vida,
ni al menos
los que han oído
que tienen menos
de seis meses…
                    John Bennett

Sin embargo, hasta incluso los que apenas tienen seis meses para vivir cuentan con un futuro y ellos tienen la libertad de inventar su propio futuro y de vivirlos como les da la gana. El futuro que uno elige tiene también una fecha para empezar y esa fecha pertenece a su decisión. “¡No hay momento más importante que el de ahora!”, dijo Michael J. Fox, enfermo con el mal de Parkinson. Lo mismo se puede decidir si va a ser feliz o ser infeliz en ese breve futuro. Uno de esos dichos que se pasa y repasa en internet, y que viene al caso, me fue enviado por el poeta brasileño Elíseo Oro, quien me dice que lo ha recibido de otro internauta. Yo lo utilizo para terminar eso: “En todos los días de mi vida, cuando me despierto, puedo elegir entre ser feliz o ser infeliz. Yo siempre elijo ser feliz”. Y así se vive bien y muere feliz por haber vencido en la vida, excepto los que no tienen coraje para ello y deciden ir por lo más fácil, que es tener lástima de sí mismo.

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