Salomé Moltó

Llega a mis manos un texto de D. Alfredo Vera que me ha sorprendido bastante, tanto por su contenido como por la forma con que este señor califica de “Anarquismo letal” a las manifestaciones de los jóvenes contra diversos motivos, sin tener en cuenta que a la juventud no le queda mucho margen para poder hacer sentir su descontento ante tanta represión, abusos políticos y miseria moral con la que tienen que vivir aquí en España o en cualquier parte del mundo.
Nos dice el autor : “Por qué protestan esos anarquistas? No importa. No pregunte, porque no hay respuesta”. Se equivoca de medio a medio, señor Vera. La juventud tiene mucho de qué protestar. Si observamos cualquier país americano, donde la riqueza natural aún es notoria, los regímenes populistas someten a sus pueblos a una miseria constante, con una deficiente sanidad, sin seguro ante accidentes o enfermedades, con sometimiento a las mujeres y demás injusticias, mientras los políticos y los poderes fácticos disfrutan de las riquezas, y, la mayor de las veces, impiden que un orden racional de los recursos llegara para que toda persona viviera decentemente.
En otro de sus párrafos apunta: “No hay nada de qué hablar ni nada que rebatir: el anarquismo letal, carente de ideología, no discute, sólo actúa”. En esto se vuelve a equivocar porque el anarquismo sí tiene ideología, es, en sí, una ideología, un método económico, una ética y una forma de organizar la sociedad para que justamente el ser humano pueda vivir digna y libremente.
Dice también: “Por eso es que emerge vigorosamente la necesidad de la revolución”. ¿Qué tipo de revolución? Menciona, mezclando todo, a la de Cristina en Argentina, también a Cuba, Venezuela y demás países sudamericanos, aunque resulta difícil encontrar analogías de unos países con otros. Este pretendido argumento de querer hacernos creer que América del Sur está despertando hacia un progreso a través de unas supuestas revoluciones, es una enorme falacia que no se sostiene en absoluto, pues en estos países no existe nada de común entre ellos más que un populismo ya demasiado rancio. Bien es verdad que los pueblos, a parte de sus políticos, en general, no dejan de luchar por su dignidad, por la libertad, por un mundo mejor para sí mismos y para todos. Así se da en colectivos diversos, a parte de todo tipo de construcción política o religiosa. Le podríamos citar a un pueblo, como ejemplo, que pretendió hacer una revolución: Irán, convertido ahora en un peligro inconmensurable y con su pueblo masacrado por los lideres religiosos
Apunta a la revolución pero no dice cuál. ¿Se refiere a la comunista? Pues le diría: ¿Dictaduras? NO GRACIAS, ni esa, ni la económica, ni la religiosa ni cualquier otra, puesto que un cuerpo de pensamiento que se quiera imponer, por hermoso y racional que sea, se vuelve una dictadura y se vuelve nefasto para el ser humano en general. Haciendo referencia brevemente sólo a hechos históricos acontecidos en Europa, le diré que Rusia padeció una feroz dictadura durante casi setenta años, donde los asesinatos se cuentan por millones. El 23 de agosto de 1939 se firmó el pacto germano-soviético (bolcheviques y nazis), unos invadieron el norte de Europa y los otros el sur. Los tanques alemanes circulaban con petróleo ruso y los soldados alemanes se alimentaban con el trigo de la patria de Stalin, que no tuvo ningún escrúpulo en mandar a Ramón Mercader a asesinar en Mexico a su rival Trostky , esto, como digo, sólo como una modesta referencia.
Lamentable resulta que sólo se pueda protestar echando piedras, porque a la postre de poco sirve, pero decir que el anarquismo carece de ideología es demostrar una ignorancia verdaderamente alarmante. El anarquismo organiza a la sociedad de forma horizontal, no vertical, en donde el valor de la sociedad son los valores de las personas que la componen, donde reina la más auténtica democracia por eso de que “mis derechos terminan donde empiezan los tuyos”. Las personas que lo componen son iguales en derechos y en deberes, los medios de producción son administrados por los que los generan, no hay ni “jefes” ni “salva patrias”, gente responsable y respetuosa con los demás y con el medio ambiente. Ya sé, “eso es utópico”, pero no hay que olvidar que lo que hoy es una verdad palpable, ayer fue utopía, y si se argumenta que el camino es la cultura, la formación y la creación de conciencias libres y profundas, estaremos esbozando una verdadera revolución, la Revolución anarquista, que, por supuesto, no se dedica a protestar echando piedras.

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