Conferencia sobre la existencia de Dios, II

Bruno Servet

¿Y La Humanidad?
La mujer y el hombre son elementos de la Naturaleza y a la vez de sí mismos. La Humanidad no está predeterminada. Es libre. Es libertad en esencia. Está “condenada” a ser libre, es responsable de todo lo que hace. Está bajo el poder de las imágenes mentales y físicas creadas por ella misma: imaginativos jefes dominadores, ya que posee la facultad de abstracción. Las religiones los saben, y de la nada absoluta crean ese dios perfeccionado, crean ese presunto creador sin límites, la nada absoluta imaginada como ser supremo de todo el universo.

El cerebro de un creyente y el del ateo recalcitrante, puestos uno enfrente del otro no se diferencian. Tanto el hombre y la mujer actuales son “inteligencia y libertad”, en potencia. Son productos de la naturaleza, es el resultado de su conocimiento. Tienen una responsabilidad moral de sí mismos. Tiene capacidad para entender que un ser sobrenatural, creador y con poder absoluto sobre lo visible y lo invisible no tiene cabida en su existencia. Es lógico que niegue la existencia de dios, porque lo contrario es negar su propia capacidad para ser libres. Es un áspero y, a la vez, gratificante aprendizaje de la libertad.

Dios, alma y espíritu
Las enseñanzas y tradiciones judeocristianas, y otras, han llenado la mente de ideas y conceptos falsos. Durante toda la vida nos mantienen en el gran fraude del teísmo. Fabricaron un dios o dioses para explicar lo inexplicable. Lo hicieron dios de lo conocido y de lo desconocido, de lo físico y de lo que está más allá de lo físico. Los teometafísicos hacen creer a la Humanidad en un alma inmaterial presa de un cuerpo. El “alma” humana tiene facultades afectivas, intelectuales y volitivas, las cuales son producidas por el cerebro. Ese espíritu del humano es simplemente el trabajo de nuestro cerebro.

Para los ateos, dios y alma son ideas absurdas, impuestas por la educación recibidas. La hipótesis divina: dios creador, dios todo, dios justicia… el aliento del mundo creyente, la inmanencia divina, ese dios causa primera y final, esa esencia íntima de todas las cosas, ese alma inmortal, esa voluntad espontánea, ese carácter absoluto, ese ser inmenso, sin proporción, el TODO… todo eso, es decir, nada. Acabado el fantasma divino, lo desconocido, los seres, las cosas, los fenómenos, TODO, son productos materiales de las causas materiales, sin ninguna influencia, sin ninguna aportación… de algo metamaterial.

La causa primera, la teodicea de visionarios, místicos, ascetas, gurús, sacerdotes, escribas, brujos, chamanes, hechiceros, no existe, no hay donde encontrarla, al menos, fuera de la fe. El dogma se sustenta porque la idea no es verificable, ese dios, en el mejor de los casos, es una hipótesis inverificable. Esa causa primera, ese “todopoder” no ha existido nunca; excepto en las mentes de quienes desean creer en su existencia. Los límites a los que llegan las investigaciones de la ciencia humana no son metafísicas, teológicas, son reales. Y contra la idea de ese dios, ponemos a funcionar nuestra fuerza mental, oponemos la actividad del cerebro pensante, oponemos la autoeducación moral, impulsada por nuestra propia voluntad. Esa voluntad, que como nuestra inteligencia, no es de inspiración, caída milagrosamente del “cielo”. Es el producto de las células organizadas y en una continua actividad vital.

El bien y el mal
¿Qué sentido tienen esas mentiras, esos conceptos como alma, espíritu, dios? ¿Por qué ese desprecio al cuerpo, esa anemia física y mental que ofrecen las religiones? El desprecio a la propia persona lo hacen ideal y le llaman moral religiosa. Esa “moral” es una aberrante renuncia de uno mismo. Es el mayor desprecio a la libertad vital del ser humano. La degenerada especie parasitaria utiliza esa moral como medio para llegar al poder y mantenerse en él. La Moral Cristiana es una verdadera catástrofe, prueba palpable de la decadencia de la humanidad, la más alta y absurda expresión de dios. Su Verdad, decía Friedric Nietzsche, es “la más nociva, la más pérfida, la más subterránea de las mentiras”. Ese inventado concepto de dios es antitético de la vida. Su más allá, su mentiroso mundo verdadero, el mundo religioso es una desvalorización del único mundo que existe. Con su mundo metafísico, acaban con cualquier meta, tarea o razón en la realidad terrenal.

El alma inmortal, ese desprecio al cuerpo, es una enfermedad transmitida por los detentadores del poder que se arrogan los teístas de todos los tiempos, lugares y circunstancias. El pecado es una tortura impuesta para los que no acatan “su” bien y su mal. Desobedecer a dios, es decir, a los sacerdotes, es la causa de los males terrenos y celestiales. Es indispensable en la sociedad organizada de manera sacerdotal: la sumisión y el control del pensamiento. Hay que conseguir un género muy especial: el idiota. Mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo.

En el dominio sobre los conceptos del bien y del mal se sustenta el PODER y no se distingue diferencia en el mosaico de teólogos budistas, cristianos o musulmanes. Moral de inspiración divina, de inspiración celestial. Dios es un ser infinito, absoluto, necesario, universal, perfecto y sano, en suma un ser moral.

Se olvidan, de manera intencionada, que el sentido moral es una facultad natural, lo mismo que lo son el tacto o el olfato. El verdadero principio moral debe despreciar la Ley, la Religión y la Autoridad. Los principios de la verdadera moral son: la corresponsabilidad, la solidaridad y la moral de la Justicia. Como dijo un gran pensador ruso: “Todas las religiones son crueles, todas reposan sobre la idea del sacrificio, sobre la inmolación perpetua de la Humanidad. En ese cruel y sangriento misterio, la Humanidad es siempre la víctima y el sacerdote, hombre también, privilegiado con la gracia misteriosa de su dios, es el divino verdugo”.

Terminé mi intervención con las siguientes conclusiones: A) La idea de dios, de dioses, es un problema para la Humanidad. Frente a ello: ateísmo universal. B) La religión sirve para explotar la resignación, el sentimiento de culpa, para controlar los actos de las personas desde su nacimiento hasta su muerte. C) El clericalismo, que vive de la religión, es la consecuencia y el perfeccionamiento de la idea de dios. D) El signo de la cruz se ha convertido en “la locura de la cruz”, ésta es la aportación del cristianismo a la Humanidad. E) El mito del “pecado original” va contra la moral del amor, contra el goce de la vida terrenal. F) El teísmo, como expresión del sentimiento de inferioridad, se contrapone con el sentimiento de libertad. G) Las dádivas de las religiones son las verdaderas “cruces” de la Humanidad. H) La creencia en la otra vida, va contra la única e irrepetible que tenemos aquí y ahora. I) Contra el invento de dios, contra el carcelero del pensamiento, contra el terror del infierno en la otra vida, luchemos por un mundo mejor: más justo, más humano, más solidario. Más AMOR Y menos Infierno. J) Como atributo constante de toda fe religiosa está la intolerancia, la autoridad, la fatalidad, la tiranía, la desigualdad y la miseria: el mal.

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