Editorial: Atentados de Barcelona y Cambrils: nos niegan la información verdadera sobre lo que hay tras el terrorismoítulo del artículo

Vaya por delante nuestra repulsa, sin paliativos, a la violencia de todo tipo y venga de quien venga, la realice el actual terrorismo islámico, los estados o cualquier persona de manera individual. Nosotras y nosotros, los libertarios y libertarias, sabemos, porque la hemos padecido a lo largo de los siglos, lo que significa luchar contra la violencia ejercida por el Estado. Hemos pagado muy cara nuestra oposición al corrupto sistema capitalista, al neoliberalismo actual, y a la constante violencia de los explotadores para mantener sus intereses a costa de los explotados en toda época, lugar y circunstancia. Somos las víctimas de su cruel y despiadada violencia, que en tantas ocasiones ha causado la muerte de millones de seres humanos. No hacemos las guerras, tan sólo somos quienes las padecemos.

Más allá de la información que los medios de comunicación de masas nos suministran diariamente, hay unas verdades que no quieren que la ciudadanía sepan. Ni periodistas, ni “tertulianos” de todo pelaje, ni los informativos de radios y televisiones se atreven a informar sobre lo que se mueve en la trastienda de la situación política actual. Nadie habla de los verdaderos motivos que han llevado hasta la creación del terrorismo islámico. Nadie se atreve a decir públicamente, que debajo de los atentados en Occidente se hallan los intereses de los gobiernos “democráticos” occidentales, de las grandes corporaciones industriales, de las muchas compañías petroleras y las finanzas especulativas de medio mundo. La subordinación de los medios de comunicación, en poder de los fondos buitre, ha amordazado a la débil libertad de expresión (la poca que aún quedaba) y nadie se sale del guión previamente establecido, pues pierde su puesto de trabajo o es acusado de colaboración con el terrorismo islámico de ISIS, Al Qaeda o Al Nusrah.

No somos solo nosotras y nosotros (que nos oponemos de forma frontal al Estado y sus criminales actuaciones) quienes decimos que nos ocultan la verdad, que no nos informan, pues no les interesa, de lo que verdaderamente se esconde tras esas siglas de las organizaciones y células fanatizadas islamistas. El economista canadiense Michel Chossudouky, director del Centro de Investigación sobre la Globalización, en Montreal, afirma en un interesantísimo artículo lo que sigue: “Cualquiera que se atreva a cuestionar la validez de la “Guerra Global contra el Terrorismo” es calificado de terrorista y es sometido a las leyes antiterroristas. Es el primer instrumento para perseguir cualquier tipo de disidente ideológico, asociándolo con el terrorismo. Esta herramienta podrá ser extendida -posteriormente- a cualquier tipo de disidencia ideológica. La Administración Obama, ya impuso un consenso diabólico con el apoyo de sus aliados y el papel cómplice del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La prensa occidental está por el consenso y da su apoyo de manera obediente y entusiasta”. Si eso lo hizo la Administración estadounidense bajo la presidencia de Barak Obama (Premio Nobel de la Paz ¡vaya cinismo el de la Academia sueca¡), ¿qué puede llegar a hacer la que preside el racista y esperpéntico Donald Trump?

No va muy desencaminado el economista canadiense en todo lo que afirma en su extenso artículo de 24 apartados. La prueba de que a la más mínima te pueden meter en oscura chirona por ser cómplice de colaboración ideológica con el terrorismo islámico está en las palabras del Presidente del Tribunal Supremo y Presidente del Consejo del Poder Judicial español, el muy “ilustre señor” Carlos Lesmes Serrano. En el acto de apertura del Año Judicial -en Presencia del Borbón de los 9 millones de sueldo- ha dicho de manera rotunda que el que se desvíe un centímetro del camino que lleva al pensamiento único, dará con sus huesos en cualquier cárcel española por exaltación del cruel terrorismo islamista. Si no, cómo deben interpretarse sus palabras en dicho acto institucional. Sus palabras textuales, el pasado cinco de septiembre, fueron las siguientes: “Por eso, conviene llamar a las cosas por su nombre para que nadie se llame a engaño. Ninguna creencia, cultura o credo puede Atentados de Barcelona y Cambrils: nos niegan la información verdadera sobre lo que hay tras el terrorismo justificar el terror ni alumbrar apóstoles o mártires de la violencia. Como señaló Habermas la irresponsabilidad por los daños forma parte de la esencia del terrorismo. Los trágicos sucesos de Barcelona, Cambrils, Londres, Bruselas, Berlín, Niza o Estocolmo no admiten margen interpretativo alguno. Matar no es cultura, sembrar el terror, el miedo, es absolutamente injustificable. Sólo es eso, oscuridad y terrorismo. Y quienes pretenden ofrecer explicaciones historicistas o sociológicas sobre tan graves sucesos no hacen sino alentar el terror convirtiéndose en cómplices de quienes desprecian la vida”. Es decir, lo escrito por Chossudouky es una cruda verdad, todo disidente ideológico será asociado al terrorismo, y se atendrá a las graves consecuencias que ello acarrea. Según la argumentación de la lumbrera del derecho español, los daños colaterales o, como los llama Habermas, la irresponsabilidad de los daños, cometidos en Afganistán, Irak, Siria, etc. ¿son parte de la esencia del terrorismo? ¿O es que tenemos dos varas de medir, una para el terrorismo islámico y otra para las constantes acciones violentas que realizan las democráticas y pacíficas potencias occidentales a lo largo y ancho del planeta? Claro, es Occidente el que define lo que es terrorismo y lo que no, sentencia qué violencia es terrorismo y cual no, por lo pronto la suya no es terrorismo, la suya es sólo una justificada lucha por la “libertad y los valores democráticos”.

Según Carlos Lesmes Serrano, nada de explicaciones historicistas de cómo se ha llegado a esta situación de terrorismo islámico. Nada de explicar la trayectoria de apoyo que las democracias occidentales han dado a grupos afiliados a Al Qaeda. Nada de denunciar los sucios tejemanejes de los servicios de inteligencia occidentales para derrocar gobiernos prosoviéticos como el de Afganistán en 1979, contratando y adiestrando al más cruel de todos los criminales (¡cuando no trabajaba para ellos!), el más odiado del pueblo estadounidense, el más infame de todos los seres que poblaban el planeta el 11 de septiembre de 2001: Osama bin Laden. Cuando bin Laden, con 22 años fue reclutado por la CIA para luchar en la guerrilla yihadista contra la Unión Soviética, era un excelente muchacho, cuando años después funda Al Qaeda, pasa a ser un terrorista sin escrúpulos y sin auténticos valores.

Pero, a pesar de Lesmes, sigamos haciendo historia, aquella que nos quieren ocultar y que los mass media, cobardes y corruptos, se niegan a dar a conocer en sus páginas o en sus antenas de radio y televisión. Allá por 1978, la CIA comienza la destrucción de Afganistán, ya que su gobierno se declaró socialista con el apoyo de la URSS. La CIA entrenó a talibanes para destruir a ese país. Después siguió la de Irak, Libia y últimamente Siria. Es el objetivo que durante decenios ha perseguido EE.UU. Irak, Libia y Siria fueron declarados terroristas y se les catalogó como EL EJE DEL MAL. La financiación y organización de los talibanes por la CIA (Central de Inteligencia Americana), con la ayuda de Arabia Saudí y Qatar (sí el patrocinador durante un tiempo del equipo que es “més que un club”, y que en realidad es como todos los demás, un gran negocio).

Se callan, porque la verdad es otra de la que nos cuentan, que la CREACIÓN DEL TERRORISMO ISLÁMICO FUE OBRA DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES. El terrorismo que estremece hoy a Occidente tiene su origen en los intereses económicos, estratégicos y políticos de las democracias occidentales, y hay que hablar de ello y hay que hacer un repaso a la historia reciente para poder comprender lo que está pasando en la actualidad, y hay que hacer sociología para poder explicar lo que el neoliberalismo se lleva entre manos; y ello aunque le incomode al ultraconservador, Carlos Lesmes: católico, apostólico y romano, como así lo prueba su viaje a Roma cuando el homófobo y antiabortista arzobispo Fernando Sebastián fue nombrado cardenal por el papa Francisco (¡Vaya marrón para el argentino!). Claro está, el “ilustre” presidente del Consejo y del Tribunal fue a gastos pagados, es decir, a cuenta de las arcas del Estado, téngase presente que todavía no han justificado dichos gastos ni él ni el amplio y piadoso séquito con sede en la famosa calle Génova de la capital española. Sin embargo, no se le cayó la cara de vergüenza cuando en el mencionado acto de apertura del año judicial se dedicó a dar lecciones de moral y hablar de la gran corrupción en la que está inmersa la borbónica y católica España.

Como dice el antiguo adagio culto, referido al pasado: “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Así pues, hay que recordar y tener presente la reciente historia de Occidente y sus actuaciones en países que en la actualidad son focos de personas fanatizadas de motu proprio o imbuidos por los grandes intereses de muchos gobiernos, que ahora se lamentan de sus acciones terroristas. Un ejemplo de lo dicho antes, lo tenemos en la postura del que fue presidente del gobierno español durante varias legislaturas, el socialista Felipe González.

 

La primera guerra del Golfo Pérsico, fue aprobada con entusiasmo por el mencionado dirigente del PSOE. Los EE.UU., con la cooperación del Reino Unido, Francia, Alemania y España (reserva espiritual y gran centinela de la Europa “democrática”) declararon la guerra a Irak el 2 de agosto de 1990 y duró hasta el 28 de febrero de 1991. Esa fuerza de colaboración fue autorizada por las Naciones Unidas, siempre al servicio de las grandes potencias. Un total de 43 países fueron cómplices de la caída de la República de Irak. El motivo fue que Irak había invadido y anexionado al Estado de Kuwait, aliado de las potenciales occidentales. Irak argumentaba que siempre había sido territorio suyo. No se tuvo en cuenta que en esos momentos Irak era un país próspero, con un grado de tolerancia religiosa e igualdad entre hombres y mujeres por encima de cualquier otro estado de la región. Ese país salió destrozado, y fue el prólogo de la destrucción total del mismo en la segunda guerra en el año 2003. Después de esa salvaje e interesada destrucción, llegaron otras más en toda la zona. Por eso, de aquellos polvos estos lodos terroristas. De aquí se deduce que Occidente (como el “prominente” letrado madrileño) no quiere mirar a su pasado reciente, pues sabe que es el principal culpable de la actual situación del terrorismo islámico en cualquier parte del mundo.

Mientras que las poblaciones blancas, ricas y bien alimentadas se lamentan de sucesos como los de Barcelona y Cambrils, no se les encoje el corazón cuando ven los continuos atentados que diariamente cometen las diversas facciones fanáticas del ISIS y el Daesh en Afganistán, Irak, Siria, Níger, Yemen, Somalia, etc. Estos son Estados fallidos alentados por Occidente. Esto que decimos, señor Lesmes, no es recurrir a la Historia o a la Sociología, es simplemente tener una postura crítica de lo que hace Occidente en otros países y regiones del planeta Tierra. A las

La foto de la hipocresía. En primera fila el presidente del gobierno y el representante de la monarquía, que vende armas a Arabia Saudí, que es el principal promotor y sostenedor del terrorismo yihadista, manifestándose en Barcelona contra el terrorismo. Como si los muertos les importasen.

ricas poblaciones europeas, sólo le preocupa o se horrorizan cuando los muertos son suyos, cuando es Occidente el que bombardea ciudades de diferentes países con drones, aviones convencionales y todo tipo armamento, estas poblaciones biempensantes y bienvivientes (¿qué dirán los de la RAE, padres de la patria literaria, las mujeres son ínfima minoría, sobre esos dos palabros escritos sin m?) miran para otro lado. Y se preguntan escandalizados: ¿Qué hemos hecho nosotros, si nosotros no nos metemos con nadie? Nunca nos preguntamos por lo que hacen los ejércitos y los gobiernos del “pacífico” Occidente allende sus fronteras.

No nos escandaliza que el jefe del Estado español se abrace con el tirano saudí Salman bin Abdelaziz, tirano que gobierna su país con la misma tiranía con que lo hacían los antiguos patriarcas que regían los destinos de los habitantes del desierto. El tirano saudí dicta diariamente penas de muertes contra los opositores políticos, muy pocos, y de carácter social o religioso, él es suní wahabista. El príncipe heredero Mohamed bin Salman, no le va a la saga, es todavía más cruel que su padre, tiene 31 años, como dijo Obama “es culto y listo, ¿por qué no dijo que era la crueldad hecha persona? La razón es muy sencilla de ver, él es el príncipe heredero y actúa como verdadero rey, y dirige la petrolera AMCO, la mayor del mundo, así que hay que hablar bien de él. Sólo un dato, Arabia Saudí o Saudita, posee la segunda reserva de petróleo del mundo, después de Venezuela, así que hay que consentirle que no respete los derechos humanos. Pero Arabia Saudí es aliado de Occidente, y le vendemos armas por valor de cientos de millones de euros y eso, para los gobiernos occidentales, está por encima de los derechos humanos; qué diferente es la postura de la Unión Europea respecto a lo que sucede en Venezuela. Téngase muy presente que Arabia Saudí es la principal fuente de financiación de las células islámicas terroristas, esas que después cometen atentados en Occidente, y otras zonas donde la población sólo es musulmana, así que no es -como nos quieren hacer ver- una guerra entre religiones y civilizaciones, es una lucha por el control de los recursos energéticos y de dominio geoestratégico mundial por parte de las grandes potencias EE.UU, Rusia, China y en cierta medida la UE.

Podríamos llenar páginas y más páginas, pero el espacio de esta editorial en bastante limitado. Sólo unas pocas líneas más para desenmascarar la hiriente hipocresía de Occidente respecto a su aliada Arabía Saudí. Desde hace más de un año, Arabia Saudí está sentada en un sillón en esa comedia mundial que se conoce como Organización de Naciones Unidas (ONU), está integrada en la Comisión de Derechos Humanos, mayor sarcasmo imposible, por un período de cuatro años. Arabia Saudí también es miembro de la Comisión de la Naciones Unidas que vela por los Derechos de la Mujer en el mundo, es decir, forma parte de la Comisión Jurídica y Social. Pero lo que pocos saben es que en Arabia Saudí las mujeres no pueden: a) Conducir un vehículo. b) Trabajar fuera de casa. c) Ir a la Universidad. d) Abrir una cuenta bancaria. e) no puede por sí solas someterse a una intervención quirúrgica sin el permiso del marido o un familiar masculino. Conclusión, aquí lo que cuenta son los dólares o euros que Arabia Saudí invierte en productos de Occidente; los derechos humanos de los que tanto presumimos ser paladines están fuera de la agenda.

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