El patriarcado: seis milenios de atropellos contra las mujeres, I

Miguel Correas

El concepto

El concepto de patriarcado es antiguo y no es un aporte de las teorías feministas, aunque fueron ellas las que actualizaron el concepto, dándole un enfoque moderno, que se alejaba del considerado como sólo aplicable a las civilizaciones antiguas. Ya Engels y Weber lo mencionaron. Fue Engels el primero en referirse a él, en su obra “Estado, Familia y Propiedad Privada”. Para ellos dos, el patriarcado es el sistema de dominación más antiguo, los dos afirman que el patriarcado es un sistema de poder y por lo tanto de dominio del hombre sobre la mujer. Para algunas feministas el patriarcado es: la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres, niños y niñas de la familia, dominio que se extiende a la sociedad en general. Implica que los varones tienen poder en todas las instituciones importantes de la sociedad. Las mujeres tienen poder, derechos, influencias y recursos, pero siempre supeditados a los del varón. Para otras feministas: “El patriarcado significa una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue el orden biológico, si bien elevado éste a la categoría política y económica”.

Se trata de un sistema que justifica la dominación sobre la base de una supuesta inferioridad biológica de las mujeres. Tiene su origen histórico en la familia, cuya jefatura ejerce el padre y se proyecta a todo lo relacionado con el orden social constituido. Para mantener ese orden social injusto, existen un conjunto de instituciones de la sociedad política y civil que se articulan para mantener y reforzar el consenso expresado en un orden social, económico, cultural, religioso y político, que determina que las mujeres como categoría social siempre estarán subordinadas a los hombres, aunque las mujeres tengan alguna parcela de poder que no pone en riesgo la supremacía del patriarcado. No  hago alusión a la definición o definiciones que hace la RAEL (Real Academia Española de la Lengua) en su diccionario, porque en todas ellas se ve claramente que están hechas por varones, y que no abarcan todos los matices que el patriarcado representa. Esa institución (a agosto de 2017) continúa siendo machista, misógina, recalcitrante, arcaica y, sobre todo, tendenciosa hasta más no poder. Un claro ejemplo de lo escrito es la inclusión entre sus filas del machista de la lengua, Arturo Pérez Reverte.

Características de los sistemas patriarcales
Entre las muchas características comunes a los diversos sistemas de dominación patriarcal estarían, entre otras, las siguientes: A) Se trata de un sistema histórico, tiene un inicio en la historia y no es un elemento de la naturaleza humana. Esto es de suma importancia, ya que da cuenta de la exclusión histórica que han vivido las mujeres al negarles su propia historia, y a la vez permite concebir que se pueda dar un cambio en la situación actual de las mujeres. B) El patriarcado se fundamenta en el dominio total del hombre ejercido, mediante la violencia sexual, contra la mujer. Violencia promovida e institucionalizada a través de dos instituciones: la familia patriarcal y el moderno Estado/Nación. Todo sistema de dominación requiere de la fuerza y el temor para mantener y reproducir los privilegios de quienes dominan. Dicha violencia se instala en los cuerpos de las mujeres, quedando sujetas al control sexual y reproductivo por parte de los varones. C) Aunque existen hombres que viven bajo la opresión en el sistema patriarcal, son las mujeres las que quedan bajo la opresión de esos hombres oprimidos, por lo tanto están doblemente oprimidas. En este sistema no todos los hombres disfrutan del poder, ya que algunos grupos de hombres proyectaron su poder hacia otros grupos de personas, he instaló las jerarquías como categoría o distinción válida en la convivencia social. Se creó un férreo paradigma de lo humano: varón blanco, rico, en edad productiva, sin ninguna discapacidad física y heterosexual. Las mujeres no son parte de esa jerarquía, ya que constituyen lo otro, aquello que no es. Así pues, la mujer negra sufre una triple discriminación: ser mujer, ser negra y ser mujer negra. D) En el patriarcado las justificaciones que permiten la permanencia del dominio sobre las mujeres tienen su origen en las diferencias biológicas entre los sexos. Esas diferencias son interpretadas en términos de superioridad de un sexo sobre el otro (del masculino sobre el femenino).

Tanto las religiones, al principio, como las ciencias médicas después han contribuido a la creación de un enorme número de argumentos que dan soporte a los privilegios de los varones de nuestras sociedades. Hombres “sabios” (entre ellos Darwin) afirmaban que las mujeres eran incompletas en su evolución. EL gran matemático griego Pitágoras escribió: “Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y hay un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”. También religiosos de todo tipo, siguiendo los postulados patriarcales, han estigmatizado a la mujer como un ser inferior y sucio por los flujos menstruales, entre otros muchos: San Pablo, San Agustín, etc.

Todos le han negado a las mujeres, durante siglos y siglos, la categoría de humana al señalarla como criatura “sin alma”, han legitimado la violencia en su contra por ser un instrumento del diablo. Ya en las primeras páginas del Génesis, en el Corán o en el Nuevo Testamento se puede constatar el desprecio y la culpabilidad descargada sobre la mujer, causante ella de todos los males de la Humanidad por su “pecado original”. Y desde entonces hasta nuestros días, no han cesado los hombres de vilipendiar, violentar y someter, por la fuerza, a las mujeres en beneficio propio.

El patriarcado se mantiene y reproduce gracias a las diversas manifestaciones a lo largo de la historia, mediante múltiples y variadísimas instituciones creadas por los hombres. Se entiende por institución patriarcal aquella práctica, relación u organización que lo mismo que otras instituciones actúan como pilares estrechamente ligados entre sí para la transmisión de la desigualdad entre los sexos, convalidando la discriminación contra las mujeres, teniendo en común el mantenimiento del sistema de género y la reproducción de los mecanismos de dominación masculina, los cuales oprimen a todas las mujeres. Entre ellas están: el lenguaje y sus Academias, la familia patriarcal, la educación androcéntrica, la maternidad forzada, la historia robada a las mujeres, la ciencia monosexual, la violencia de género, y un larguísimo etcétera.

Pienso que sería interesante y formativo, el publicar algunos documentos que han marcado el devenir de la lucha de las mujeres contra la tiranía del patriarcado, ya sea con Declaraciones de las mismas mujeres o con Declaraciones de los organismos de ámbito internacional. Aunque por orden cronológico le tocaría a la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, elaborada en 1791, por Olympia de Gouges, con la intención de que fuera decretada por la Asamblea Nacional francesa, y debido a que esta primera entrega se alargaría muchísimo, voy a transcribir

La conocida como Declaración de Sentimientos, elaborada por un grupo de mujeres, en Séneca Falls (Nueva York), el 19 y 20 de julio de 1948:

“CONSIDERANDO: Que está convenido que el gran precepto de la naturaleza es que “el hombre ha de perseguir su verdadera y sustancial felicidad”. Blackstone en sus Comentarios señala que puesto que esta ley de la naturaleza es coetánea con la humanidad y fue dictada por Dios, tiene evidentemente primacía sobre cualquier otra. Es obligatoria en toda la tierra, en todos los países y en todos los tiempos; ninguna ley humana tiene valor si la contradice, y aquellas que son válidas derivan toda su fuerza, todo su valor y toda su autoridad mediata en inmediatamente de ella; en consecuencia:

“DECIDIMOS: Que todas aquellas leyes que sean conflictivas en alguna manera con la verdadera y sustancial felicidad de la mujer, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y no tienen validez, pues este precepto tiene primacía sobre cualquier otro.

“DECIDIMOS: Que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad.

“DECIDIMOS: Que la mujer es igual al hombre –que así lo pretendió el Creador- y que por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal. “DECIDIMOS: Que las mujeres de este país deben ser informadas en cuanto a las leyes bajo las cuales viven, que no deben seguir proclamando su degradación, declarándose satisfechas con su actual situación ni su ignorancia, aseverando que tienen todos los derechos que desean.

“DECIDIMOS: Que puesto que el hombre pretende ser superior intelectualmente y admite que la mujer lo es moralmente, es preeminente deber suyo animarla a que hable y predique en todas las reuniones religiosas.

“DECIDIMOS: Que la misma proporción de virtud, delicadeza y refinamiento en el comportamiento que se exige a la mujer en la sociedad, sea exigida al hombre, y las mismas infracciones sean juzgadas con la misma severidad, tanto en el hombre como en la mujer.

“DECIDIMOS: Que la falta de delicadeza y decoro con que con tanta frecuencia se inculpa a la mujer cuando dirige la palabra en público, proviene, y con muy mala intención, de los que con su asistencia fomentaban su aparición en los escenarios, en los conciertos y en los circos.

“DECIDIMOS: Que la mujer se ha mantenido satisfecha durante demasiado tiempo dentro de unos límites determinados que unas costumbres corrompidas y una tergiversada interpretación de las Sagradas Escrituras han señalado para ella, y que ya es hora de que se mueva en el medio más amplio que el Creador le ha asignado.

“DECIDIMOS: Que es deber de las mujeres de este país asegurarse el sagrado derecho del voto. “DECIDIMOS: Que la igualdad de los derechos humanos es consecuencia del hecho de que la raza humana es idéntica en cuanto a capacidad y responsabilidad.
“DECIDIMOS, POR TANTO: Que habiendo sido investida por el Creador con los mismos dones y con la misma conciencia de responsabilidad para ejercitarlos, está demostrado que la mujer, lo mismo que el hombre, tiene el deber y el derecho de promover toda causa justa por todos los medios justos; y en lo que se refiere a los grandes temas religiosos y morales, resulta muy en especial evidente su derecho a impartir con su hermano sus enseñanzas, tanto en público como en privado, por escrito o de palabra, o a través de cualquier medio adecuado, en cualquier asamblea que valga la pena celebrar; y por esto una verdad evidente que emana de los principios de implantación divina de la naturaleza humana, cualquier costumbre o imposición que le sea adversa, tanto si es moderna como si lleva la sanción canosa de la antigüedad, debe ser considerada como una evidente falsedad y en contra de la humanidad.” En la última sesión Lucrecia Mott expuso y habló de la siguiente decisión:

“DECIDIMOS: Que la rapidez y el éxito de nuestra causa depende del celo y de los esfuerzos de los hombres como de las mujeres para derribar el monopolio de los púlpitos y para conseguir que la mujer participe equitativamente en los diferentes oficios, profesiones y negocios. Observación general a esta Declaración de Sentimientos. Aunque no comparto que la autoridad venga de un dios creador, si estoy de acuerdo con las acertadas afirmaciones vertidas en la citada reunión de mujeres. Las palabras de Lucrecia Mott son las que me han impulsado a escribir sobre el patriarcado y sus nefastas consecuencias, en general, y para las mujeres en particular

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