La Organización de Naciones Unidas, en su IV Conferencia Mundial (1995), reconoció que “la violencia de género contra las mujeres es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, y que viola y menoscaba el disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales”. En España, el 28 de diciembre de 2004, se aprobó una Ley Orgánica, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la cual entraría en vigor un mes después. La actual Constitución española, en su artículo 15, incorpora el “derecho de todos a la vida y a la integridad física y moral, sin que en ningún caso puedan ser sometidos a torturas ni a penas o malos tratos inhumanos o degradables. Estos derechos fundamentales vinculan a todos los poderes públicos”.
Esta ley habilita unas medidas de protección integral contra la violencia de género (conocida como Ley Integral). La cual define de manera inequívoca lo que es la violencia de género: “este tipo de violencia es la que se produce como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, y se ejerce por parte de quienes son y han sido cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia”. Así pues, la violencia de género a la que se refiere la citada ley comprende todo acto de violencia, física o psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privacidad arbitraria de libertad. La Ley Integral regula la violencia ejercida contra una mujer por un hombre que es o ha sido su pareja. Esta violencia afecta a mujeres de todas las edades, clase social, situación laboral, tamaño del municipio en el cual residen, nivel de educación, perfil ideológico o su opción religiosa. La manifestación más extrema de esta violencia son las mujeres que mueren a manos de sus parejas o exparejas legales o sentimentales.
La violencia contra la mujer, sobre todo la ejercida por su pareja que afecta a su vida normal o de carácter sexual, constituye un grave problema de salud pública y una violación fragante de los Derechos Humanos de las mujeres. Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida. Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina. Las diferentes formas de violencia de género pueden afectar negativamente a la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres y aumenta la vulnerabilidad al VIH.
Violencia de género: raíces profundas y sus consecuencias
Los factores de riesgo de violencia de pareja y violencia sexual son de carácter individual, familiar, comunitario y social. Entre los factores de riesgo de ambas formas se encuentran: un bajo nivel de instrucción, la exposición al maltrato infantil, la experiencia familiar, el trastorno de personalidad antisocial, uso nocivo del alcohol, inspirar sospechas de infidelidad y las actitudes de aceptación de la violencia. Entre los factores asociados a la relación de pareja, destacan: los antecedentes de violencia, la discordia e insatisfacción marital y las dificultades de comunicación entre los miembros de la pareja. En los factores asociados a la violencia sexual, están: la creencia en el honor de la familia y la pureza sexual, las ideologías que consagran los privilegios sexuales del hombre (sobre todo los monoteísmos), y la levedad de las sanciones legales contra los actos de violencia machista.
A veces hay titulares de prensa que dan argumentos a quienes no quieren ver el gravísimo problema que representa, para la sociedad en su conjunto, la violencia de género. Lo patético es que personajes que tienen resonancia mediática como Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad de Madrid, está en la órbita de los que califican de feminismo radical a las mujeres que denuncian de manera contundente la actual situación del tema en España, afirmando que ese feminismo está dispuesto a demostrar que los varones españoles, por ser varones, son maltratadores y asesinos en potencia. Se basa en que las feministas radicales tergiversan estadísticas y ocultan datos. Según él, no dicen que hay denuncias falsas o que en los países nórdicos hay más violencia de género que en España.
En cuanto a lo primero, es verdad que hay algunas denuncias falsas, pero de ahí a decir que eso no se reconoce es arrimar el ascua a su sardina; en lo que se refiere a las cifras de la violencia de género en algunos países no dice la verdad, miente descaradamente, tal vez se haya guiado por un titular de prensa que afirmaba que “las cifras de violencia machista en los países nórdicos duplican las de España”, no ha tenido la honradez de leer lo que se dice en letras más pequeña: “Dinamarca, Finlandia y Suecia tiene cifras más altas de violencia machista en Europa. Expertos aseguran que no es que se den más casos, sino que las condiciones sociales, políticas y culturales de estos tres países permiten que las víctimas identifiquen la agresión y denuncien con más seguridad”. Si eso lo escribe un personaje que presume de gran capacidad intelectual y de “izquierdas”, que no escribirán los zoquetes y de derechas. La cuestión de la violencia de género en España es alarmante y no se están poniendo las medidas adecuadas para mitigar
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la situación, para reducir drásticamente el número de mujeres que mueren cada año en España, debido al machismo incrustado en lo más profundo de la médula social. En los últimos 30 años han sido asesinadas 2.400 mujeres, cifra que triplica las víctimas de ETA en cincuenta años. Desde 2003, ya han sido asesinadas cerca de 900 mujeres. Ello refleja que el terrorismo machista -en este país de machos ibéricos- tiene vía libre para asesinar cuando le viene en gana. El coste por su acción, como a los corruptos, le sale a precio de ganga.
Pero vayamos al meollo de la cuestión. Adentrémonos en lo más profundo del problema y analicemos las raíces más profundas del mismo y veamos sus escalofriantes consecuencias.Como hemos afirmado antes, los privilegios que las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo y el Islam) conceden al varón frente a la mujer han tenido, a lo largo de los siglos, unas consecuencias nefastas para el género femenino. Ese sometimiento evangélico, que aparece en el Nuevo Testamento, de la mujer a la voluntad de Dios, un Dios masculino e implacable con los deseos de la mujer, lleva a un desprecio absoluto de todo lo que el género femenino tiene de diferente al hombre. Los evangelios presentan a María como la madre inmaculada de Jesucristo, pero con una sumisión total al Varón/Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Palabras siempre escritas, a lo largo de la historia de las religiones monoteístas, sólo por hombres. Dios hizo a la mujer de la costilla del hombre, es decir, primero el hombre y de manera casi accidental a la mujer. Pero, más grave todavía es que fue a la primera mujer a quién se le cargó la culpa de nuestra situación en “este valle de lágrimas”. Una serpiente tentadora y una mujer tentada, la cual sucumbe al pecado original, y ello llevará a que la mujer sea una tentadora para toda la eternidad: ya tenemos el pecado y la pecadora. De ahí al desprecio y la nulidad de la mujer hay un justificado paso. La mujer es irremediablemente causa de todas las desdichas del hombre, y por lo tanto su dignidad queda anulada y desde entonces deberá estar sometida a la voluntad despótica del hombre por los siglos de los siglos.
Los monoteísmos prefieren al “ángel” que a la mujer. La carne, la sangre y la libido, asociadas de modo natural a la mujer, proveen al Judaísmo, cristianismo y al Islam de los argumentos necesarios para establecer lo lícito y lo impuro, para atacar el cuerpo deseable, la sangre de las mujeres liberadas de la maternidad, la energía edonista. Tanto la Biblia como el Corán se regodean efusivamente en esos temas. Las religiones del Libro detestan a las mujeres, sólo aman a las madres y a las esposas, pero la esposa y la madre matan a la mujer. Eso lo desean tanto los rabinos, los curas o los imanes. Madres y esposas sumisas al varón, aunque la mujer que hay en ellas no tenga ningún derecho sobre ella misma. La Sura 31 del Corán afirma que la mujer fue creada en segundo lugar, pero en su desprecio hacia ella, no llega ni a ponerle nombre. La mujer es un accesorio, sale de Adán (Génesis, 2, 22), la mujer es un despojo retirado del cuerpo principal, primero el macho y luego como fragmento separado, el resto, la migaja: la hembra. El orden de llegada, la modalidad existencial participativa, la responsabilidad de la culpa, todo es puro agobio para Eva.
La oración judía de la mañana, invita a los hombres a bendecir a Dios durante el día por haberlos hechos hombres. El Corán no condena la tradición tribal preislámica que justifica la vergüenza de ser padre de una niña. Los cristianos, en el Concilio de Mácon, en 585, se debatieron e intentaron demostrar que las mujeres no eran criaturas humanas. Son innumerables las citas de Pablo de Tarso (padre y creador/instigador del cristianismo, aunque de manera indirecta) contra las mujeres. La prevención histórica de la Iglesia Católica hacia las mujeres es de una siniestra actualidad. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, ¿Y a la mujer? Y nos preguntamos: ¿Por qué Dios (o lo que dicen que es Dios), no decidió con su poder omnipotente hacerse mujer, o al menos mitad mujer y mitad hombre. ¿Por qué tantos privilegios para el hombre, cuando en realidad sólo separa al hombre de la mujer un simple cromosoma? Las consecuencias de tanto dolor y malos tratos, que han padecido las mujeres a lo largo de la historia, tienen sus raíces profundas en las ideologías que menosprecian a la mujer y dan todo el poder al hombre. La lucha contra la violencia de género no es solo de la mujer, la lucha radical contra el terrorismo machista no es una “cuestión de Estado”, la lucha contra esa aberrante lacra social es de todas y de todos. ¡Basta de tantos asesinatos en nombre de la supremacía del hombre sobre la mujer! Personas libres, en mundo de justicia y libertad.

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