Teresinka Pereira

Como lo ha dicho el escritor mexicano Emilio Pacheco, Ya somos todo aquéllo / contra lo que luchamos a los veinte años. Tal vez a nosotros mismos y a nuestra melancólica existencia, este poema, escrito después del ataque aéreo a las torres del World Trade Center explique en parte, nuestra desilusión.

Apocalipsis

Mi mundo se diluye en el atardecer.

Veo a mi frente una procesión

de amigos muertos y de enemigos

distantes, ya indiferentes

a toda polémica.

¡Ay! qué presumida y arrogante se me

fue la juventud atrevida

con la manía de profetizar

la llegada de los caballeros

del Apocalipsis y el polvo

de las estrellas haciéndose piedras en el camino.

Mis ojos están enfermos de tanto amar,

y de mi nombre fluye la sangre

y la luna de la soledad.

Entre los tigres de la noche

hambrienta duermo el tiempo y la pasión.

 

No quiero que esto se parezca a una preparación para mis “Memorias”, pero las personas de mi generación son las que vamos a morirnos explotadas en un avión tomado por los musulmanes terroristas o por un misil norteamericano o de los aliados en la guerra anti-terrorista**. No vamos a tener tiempo para escribir memorias. Y esto es también porque la falta de tiempo es lo más característico de mi generación. Otra característica de mi generación, según las novelas de las televisiones estadounidenses y en las de los países latinos que llegan hasta la televisión a cable es que la mujer tiene el sexo en llamas y el hombre es egoísta y perezoso. . Pero yo no creo en eso. Puede incluso ser lo contrario, ser que la mujer ya está cansada de ser explotada sexualmente. Los hombres musulmanos hacen la guerra santa y también hacen el amor, y sus mujeres tienen hijos y tienen hijos y tienen hijos. Y sus mujeres son subyugadas y castigadas por el único pecado original de haber nacido mujeres. Pero según un e-mail chistoso que recibí el otro día, los musulmanes quieren morir porque todas las cosas buenas de la vida están prohibidas por la religión.

A mí no me subyuga ningún hombre y no me dejo castigar. Pero a veces dejo de ser mujer y me transformo en golondrina. Voy por los aires hablando con el viento porque tengo odio al silencio cósmico, aunque me gusta vivir en una civilización avanzada.

Y la civilización, ¿qué es? A ver si la puedo describir: En la tierra y en las oficinas de trabajo se exige dinamismo de parte de las mujeres. Nosotras tenemos que vestirnos inteligentemente, de saco y corbata, de tacones muy altos para caminar elegantemente y con determinación. Nuestras ropas deben tener los colores de la tierra o ser totalmente negros, para mostrar que somos personas serias y no objetos sexuales. Tenemos que hablar rápido, no cometer vicios de lenguaje, ni repeticiones, y pisar duro como si fuéramos gigantes. Los hombres deben hacer todo lo contrario y parecer gentiles, y saber oír con atención. También se les aconseja a mirar las personas en los ojos cuando les hablan, para parecer verdaderos y no hipócritas. Estas son las principales reglas del comportamiento civilizado para conducir negociaciones productivas.

Las mujeres civilizadas de mi generación tienen una carrera, tienen una cuenta bancaria, muchas tarjetas de crédito y un buen “portfolio”. Hay que repetir mil veces al día que la internet y el e-mail son más rápidos y más baratos, aunque en la realidad, abrir un sobre que viene en el correo o lamer un sello sea más rápido que abrir todos los trucos de la internet.

Nosotros, los civilizados, no tenemos muchos hijos. Nosotras las mujeres tenemos todavía menos hijos que los hombres, porque no tenemos tiempo para crearlos.

Nosotros de la generación del boom tenemos buen sueldo, buenas comisiones, beneficios, jubilación anticipada y vacaciones en las playas donde tiburones pueden atacamos dentro y fuera del agua. Al regresar a las oficinas tenemos que presentar la piel quemada por el sol y contar las historias de los tiburones, y decir que las vacaciones fueron maravillosas, pero que es bueno regresar a casa.

Mi generación toma café mil veces al día. Hablamos con la taza en las manos, tanto los hombres como las mujeres. Tenemos la taza de café en la mano como utilería teatral para hablar con el patrón, para hablar con los clientes, para pensar, para sentar y descansar, para abrir la internet. Sin la taza de café nos sentimos desnudos, tanto los hombres como las mujeres y no podemos pensar. El café es para nosotros lo que el cigarrillo fue para la generación anterior, la cual se está muriendo o ya se murió de cáncer, porque no han podido dejar el vicio.

Mi generación ya no olvida nada, nada, porque tenemos memoria electrónica y nos parece estupendo salir de una oficina a la otra con el laptop en manos y un módem listo a conectarnos con el mundo. Nosotros pensamos rápido y resolvemos todos los problemas digitando y apretando botones. Si estamos caminando, los resolvemos por teléfono celular, sin parar de caminar, sin parar el carro, sin parar de tomar café. Nuestros compañeros inseparables, y al mismo tiempo, los caballeros del apocalipsis son: el café, la computadora y el celular. A estos, ahora hay que añadir los terroristas, porque nos atacarán de sorpresa, impiedosos y satánicos. Contra ellos no hay fuerza de voluntad ni resoluciones del primer día del año.

* “Generación Boom” es la que nació inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

** El Presidente Bush decretó que pueden lanzar misiles a los aviones secuestrados por terroristas.

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