Teresinka Pereira

Julio Cortázar(1), en su libro Historias de cronopios y de famas, publicado por  primera vez en 1962, repartía la gente en tres categorías: los cronopios, los famas y los esperanzas. Y explicaba que los famas eran la gente “normal”, los que hacen todo según se espera: pagan sus cuentas, matriculan a sus hijos en las mejores escuelas, hacen vacaciones una vez al año, trabajan  y obedecen a las leyes, incluso pagan los impuestos. Los esperanzas son los que quieren ser buenos, caritativos, los que van a la iglesia y están siempre de acuerdo con lo que dice uno. Los cronopios, al contrario, llevan la vida a su manera, nunca hacen reservas cuando viajan, llegan tarde a todas partes, o demasiado temprano, en fin, son los auténticos. Los cronopios son los progresistas liberales, los inventores, los que tienen mucha imaginación. Cortázar, naturalmente era un cronopio.

La astróloga Sue Lovett (2) pregunta si la gente puede ser repartida entre tres categorías: el primer grupo es de los que hacen las cosas acontecer; el segundo es de los que miran las cosas acontecer; el tercero es de los que no se importan con lo que acontece. Y responde que hay más que eso en las categorías, pero por lo general, se puede considerar que las categorías son más una cuestión de épocas de vida que de personalidad y que cada uno de nosotros hemos estado en esas distintas categorías por lo menos alguna vez.

Como siempre pienso en política, me gusta poner a la gente en esas características particulares según el partido a que pertenecen. Aquí, en los Estados Unidos, yo pongo el primer grupo (los cronopios) en el partido progresista (los liberales); los del segundo grupo (los famas) son los republicanos; y los del tercer grupo (los esperanzas), son los demócratas.

En esta época de elecciones podemos ver desfilar en los pasillos políticos a los candidatos, quienes, para seducir a los electores, les prometen cosas, las cuales son, obviamente, imposibles de suceder pasadas las elecciones. Obvias o no, los famas en el poder siguen prometiendo lo que no fue posible hacer con la invasión del Iraq: la liberación de los iraquíes. Y le ponen una fecha: el 30 de junio. Los esperanzas lo creen, porque se les da igual, si Iraq con su gente, los cuales imaginamos que sean todos de tipo famas, sean liberados o no, si siguen islámicos o si pasan a ser convertidos al cristianismo o si pasan a ser guiados por un Ayatola rígido, y por la ley Sharía.

La “Sharia”, es la ley penal islámica en vigor en las Repúblicas Islámicas. Según esta ley, un extranjero que predique otra religión (misionero cristiano) en un país islámico es condenado y expulsado del país, para un ciudadano este crimen lo lleva a ser condenado a la muerte. Otros crímenes, como tener relaciones sexuales sin estar casada, falta de usar la burea, etc., las condenadas (mujeres) reciben palizas en plaza pública; los ladrones tienen sus manos y pies amputados, y para adulterio la pena es la muerte por cortar la cabeza o a pedradas.

Ahora que los famas “libertadores” ya sacaron a Saddan Husseim del poder, y que el ejército americano se va, los grupos islámicos van a intentar el dominio de los unos sobre los otros. Los shiitas, porque creen que Ali y sus sucesores son ordenados califas por dios; los Sunnitas, porque forman un grupo tradicional con el mayor número de fanáticos, sólo para mencionar los principales grupos, los cuales

 

ya están luchando por el poder. Sólo un dictador como Saddan Husseim estaba apto para controlar todas las tribus, grupos y razas, cada una tranquila en su lugar.

Los republicanos estadounidenses, que disfrazados en esperanzas, fueron a liberar  Iraq de su horrible dictador Saddan Husseim, liberaron también su petróleo, el cual pasa a disposición de los invasores. Y los esperanzas creen que eso es bueno y les dan apoyo a los famas, porque los esperanzas también quieren ser buenos cristianos y patrióticos.

Entre los republicanos podemos destacar a uno que se posa de auténtico esperanza. Es el Senador John McCain, un héroe de la guerra del Vietnan. Él entra en nuestro grupo de esperanzas porque él quiere hacer el bien, quiere tener buenos principios y llevar el Partido Republicano de vuelta al estilo de gobierno que había sido el de Abrahan Lincoln y Theodore Roosevelt. Sus ex-electores dicen que él es un “Maverick” (3) porque en el Senado siempre vota según su conciencia, no como le dicta el partido.

El presidente George W. Bush, un fama auténtico, aunque ande disfrazado de esperanza, hizo casi secretamente su alianza con los petroleros americanos. Ellos pagaron gran parte de su campaña para presidente. Aprovechando que la Cámara Legislativa y el Senado estaban siendo controlados por los republicanos hizo pasar dos proyectos de ley de acuerdo con el plan de energía propuesto no solo por el ex presidente, sino que también por el ex vicepresidente Dick Cheney (otro fama). Este proyecto petrolero podía extender su utilización hacia la energía nuclear. Este proyecto también les ofrecía la ventaja de conseguir para Wall Street, cuyos frecuentadores tienen interés en esa clase de negocios, inversiones y empleos en Iraq.

A los progresistas, los llamados progresistas en los Estados Unidos, les toca la gran misión de defender, en su propia tierra, el derecho ideológico, el derecho de tener libre su creencia política, de estar en cualquier partido en oposición al gobierno y de votar en secreto en los candidatos de tal partido. Es una lástima que tanto en los Estados Unidos, como en muchos de los países que se dicen democráticos, los liberales progresistas formen un grupo tan pequeño, de menos del cinco por ciento de los electores, cuando los demócratas y los republicanos se reparten su 90% en cantidades casi iguales, al punto en que si uno de los candidatos consigue 47% de los votos tiene la probabilidad de ser vencedor.

Y la gente seguirá igual: los cronopios seguirán en la oposición, abriendo caminos para una sociedad más humanitaria y los esperanzas siguen mirando a los famas que van a ganar las elecciones, aunque sean demócratas. Eso porque, siendo vencedores, los esperanzas pasan inmediatamente al grupo de los famas. 

 Notas:

1.     Julio Cortázar nació en Bruselas (Bélgica) en 1914, y murió en Francia, en 1984. Pasó a la historia de la
Literatura Latinoamericana como argentino, porque creció en Argentina, pasó los años de su formación en
Argentina y empezó a escribir y a publicar sus cuentos y novelas en Argentina. Formó parte de la generación
del “Boom de la Literatura Latinoamericana”, aunque pasara los últimos años de su vida en el exilio en Francia, trabajando en la UNESCO.

2.     Lovett, Sue: “Is it true that people can be divided into these three categories: Those who make things
happen; Those who can watch things happen; and those who don’t care what happens?” in STARGAZER,
May 2004.

3.     Maverick” es la denominación de un animal que, por alguna razón, no lleva la marca del dueño.

 

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