T. P.

Las viejas antologías

son como cementerios de poetas

en donde pasean sus fantasmas

De sus viejas páginas emergen los poemas

Viejas ideas sin voz y hoy sin vida

El tiempo habiendo consumido sus sueños

en el recuerdo

de un océano de palabras perdidas

Los poetas no escriben para nadie

para la nada sin duda

y sus palabras se secan

en infinitos polvos.

Así las palabras terminan con ellos en esta eternidad lejana de las viejas antologías.

Poema de André Peragallo (1)

Este poema me ha llamado mucho la atención porque aunque todos los poetas pensamos más o menos de esa manera, no tenemos coraje de afirmarlo. Era necesario aparecer un gran poeta de peso y grandeza para servirnos de voz. Y en esos tiempos en que  internet se hace peor que la comunicación en papel, porque aunque esté gratis y que todos lo pueden recibir, nadie lee y todos descartan los mensajes inmediatamente al recibirlos porque hay que hacer lugar para más basura literaria en la pantalla. Pero seguimos escribiendo porque, como ha dicho un otro poeta francés, Nicolás Descamino, eso es nuestro rechazo a la indigencia:

 

Indigencia

 

No cederé mis árboles o su sabia,

Al riesgo de quedarme feliz, pero indigente

En el siglo del átomo, en el siglo del dinero,

Yo rescataré el dominio del sueño.

Nicolás Descamino (2)

El poeta Nicolás Descamino sabe bien sobre las cosas del sueño: se llamaba Joel Matencio y era prisionero político en Francia. Era un joven estudiante cuando lo prendieron. Ha cumplido enorme pena y en la prisión aprendió a escribir poesía. Con eso se hizo conocido en todas partes del mundo literario. Hoy, con más de 60 años de edad y miles de poemas, vive libre en París, y sobrevive sencillamente sin riquezas y, además, sufriendo discriminaciones de toda clase.

Ya el poeta Andrés Peragallo, quien me ha enviado su último libro “Poémes / Chant d’Arriére-Saison, suivi de Ombre et lumiére” (3), lo hace acompañado de una carta explicativa, en medio de la cual me dice: “Un comienzo, una duración, un final, es como la regla de la vida terrestre, y el sueño no es más que la sombra de la vida”.

Nos correspondemos desde hace mucho tiempo. Al contrario de Joel Matencio, que ha tenido que recurrir a tanta esperanza para sobrevivir la prisión, Andrés Peragallo ha tenido una vida llena de aventuras poéticas, de trabajo, de familia y de inspiración tomada de esas cosas que los poetas jóvenes tienden a considerar aburridas y sin mérito. Y es allí donde está la realidad de la musa-ficción y es allí en donde vamos a retirar “la sombra” de la vida, que se convertirá en la pequeña eternidad poética. Estoy conforme con la vida de contradicciones en que vivimos como poetas. Somos lo que somos y somos también lo que queremos ser. No podemos impedir que la sombra nos acompañe. Tampoco podemos impedir que algún día ella nos alcance.

Hace unas semanas he recibido en mi buzón de correo un material muy interesante, que vino bajo el título de “Propuesta Aprobada de la Asamblea Anarquista de 2011”, que me fue enviado por la amiga catalana Salomé Moltó. He leído la propuesta con la atención que siempre doy a la política literaria y separé una frase muy buena para ser aplicada por cualquier ciudadano. Dice: “No es más feliz el que hace lo que quiere, que el que quiere lo que hace”.

En política, son los anarquistas los que vencen a todos los demás en ese campo de los ideales, y eso no es necesario explicar porqué: la razón es obvia. Como dijo el escritor anarquista ruso Mikhail Bakunin: “en la búsqueda de lo imposible es que el hombre ha realizado siempre lo posible; aquellos que se han limitado prudentemente a lo que les parecía posible nunca han avanzado más de un paso”. Tenemos que tener los pies en la realidad del suelo en que pisamos, pero si no volamos con la imaginación, no saldremos jamás del corral humano. Y para la imaginación no nos fue impuesto ningún límite, a no ser la

muerte, como dijo el poeta español Floreal Rodríguez de la Paz: “El día en que el ser humano abandone sus sueños, está tristemente dormido para siempre”.

No nos hacen falta las antologías para que escribamos nuestra poesía y para que nos atrevamos a compartirla con quienes la merecen. Sin embargo, nuestro deseo es que haya tantas antologías internacionales que nos lleven a las manos y a las mentes de nuestros lectores desconocidos… ¡Y que haya muchos de ellos y de ellas para nuestro orgullo de poetas!

 

Notas

  1. Todas las traducciones han sido hechas por la autora de este artículo.
  2. Tomado del libro de Nicolás Descamino “Luminiscense”. Ediciones En Forét, 2009.
  3. Peragallo, André: “Poémes-Chant d’Arriére-Saison, suivi de Ombre et lamiere”. Merville: Les Editions de L’Epinette, 2010.

 

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